Método socrático 2

nature forest waves trees

Tal como me comprometí con el grupo planteo algunas preguntas que pueden ayudar a utilizar el método socrático cuando me encuentro con los amigos, pero sobre todo cuando estamos dentro de una situación que podemos considerar conflictiva.

Como dije en su momento a veces los mayores líos en la relación es por no ser preguntones, y damos por hecho cosas o atribuimos al que tenemos enfrente cosas que creemos que piensa o dice, al final todo se concentra en que «el otro o la otra» es un/una … que viene a por mí.

Por eso en el taller ser preguntones os planteaba lo siguiente.

  • Preguntas de aclaración:
    • ¿Por qué dices eso?
    • ¿Cómo te relacionas con esto? ¿A ti esto que te «peta»?
    • ¿Por qué te sientes así?
    • ¿Podrías explicarlo con más detalle?
  • Preguntas que requieren razón o pruebas:
    • ¿Tienes un ejemplo de esto en la vida real? ¿Tienes ejemplos de lo que estas diciendo?
    • ¿Qué te ha hecho creer esto?
    • ¿Por qué crees que esto sucedió?
  • Preguntas que calculan las consecuencias:
    • ¿Cuál es la implicación de esto? ¿Cual es el lío que se puede formar?
    • ¿Se relaciona esto con el conocimiento previo? ¿Esto ya lo ha hecho o ya se lo ha hecho a alguien?
    • ¿Cómo afecta X a Y? ¿Cómo te afecta a tí?
  • Preguntas sobre la pregunta:
    • ¿Cómo puedes aplicar esto en tu vida diaría?
    • ¿Cuál fue el punto de esta investigación?

Hay muchas más preguntas, preguntones, de momento tenemos estas, es hora de aplicarlas.

Buen trabajo

Sócrates y los tres filtros o las tres preguntas

Hay varios filósofos que me atraen por sus enseñanzas, por su vida o por ambas, uno de ellos es Sócrates.

Su método, debate o diálogo, es el de la de dialéctica o demostración lógica para la indagación o búsqueda de nuevas ideas, conceptos o prismas subyacentes en la información. Es utilizar la profesión de su madre (partera) a la búsqueda de una verdad mediante la reflexión y el razonamiento.

En la última sesión del grupo de adolescentes que acompaño hicimos un taller sobre «ser preguntones», es decir, no dar por supuesto que alguien o algo es “así”, es decir como se nos muestra.

En el rol playing se me ocurrió, vista la deriva que teníamos, realizar un ejercicio sobre la tres preguntas o los tres filtros socráticos:

Una de las adolescentes plantea una situación con una amiga a la que califica de chismosa. Viene con el cuento de lo que ha hecho “la rival de “mi”adolescente con el chico con derecho a roce que tenía. En realidad acabaron literalmente “a palos”, en el rol playing trabajamos otra forma.

Preparo los papeles en el grupo y a la que va a hacer de “mi” chica le escribo las tres preguntas socráticas, le indico que las lea antes de hacerlas y que las haga con tranquilidad, mirándole a los ojos, y que no le enrollarse en la respuesta:

  1. ¿Estás absolutamente segura de que lo que vas a decirme es verdad?, según te responda preguntale ¿Entonces no sabes si todo es cierto o no?
  2. ¿Lo que vas a decirme es bueno o no? Si te dice que no le dices “o sea que vas a decirme algo malo, ¿pero no estás totalmente seguro de que sea cierto? No le dejes que se enrolle.
  3. Termina con: “Si lo que deseas decirme no es cierto, ni bueno e incluso no es útil ¿Para qué querría saberlo?” Y te vas a hablar con otra persona

Trabajamos grupalmente esto para ver si lo podían aplicar en sus vidas pero sobre todo sobre las emociones causadas en si mismos. El impacto en “mi adolescente” fue muy grande, tanto por lo que ella había experimentado como por las respuestas de sus compañeros…

Les expliqué que estas tres preguntas encierran filtros:

  1. El primero es el de la verdad.
  2. El segundo es el de la bondad.
  3. Y el tercero es de la utilidad (ante esto uno de los adolescentes de pronto exclama; ¡Ahora entiendo lo de a palabras húmedas, oidos impermeables!, es el viejo refrán a palabras necias, oidos sordos).

Les dije que tendríamos que volver a esto de las preguntas, pero eso es para otro día.

BUEN TRABAJO.

#Estotambienpasara

#SiempreHayunaAlternativa

Reflexiones a raiz de la noticia de una vejación y violación de un adolescente (1)

En otras ocasiones he hablado sobre el tema del bullying en este sitio. Hoy, a raíz de la noticia espeluznante sobre “el adolescente con Asperger vejado y violado por cuatro compañeros”(1), vuelvo sobre el tema de una manera más pausada al mismo tiempo que comento la noticia tal como la he leído.

En primer lugar comenzaré diciendo que el titulo de la misma puede dar a equívocos. Parece poner el foco en el adolescente y con Asperger, como si eso fuese constitutivo de algo que solo quien ha puesto el titulo puede saber. Si bien en el interior de la noticia juega con cierta ambigüedad como si tener Asperger hubiese sido un desencadenante de no sé bien de qué cosa.

En segundo lugar habla de un instituto, en el cuerpo de la noticia se habla de un centro concertado, cosa que parece ser cierta. Bien sé, y esto ya lo he escrito antes, que no hay diferencias entre colegios públicos, concertados o privados, según el Informe elaborado por la Universidad de Alcalá. Hace más de ocho años. En el mismo informe se afirmaba que uno de cada cuatro alumnos sufre el acoso o la violencia de sus compañeros, sin que se detecten diferencias entre colegios públicos, concertados o privados. Estamos en el año 2022 y parece que el panorama no ha cambiado mucho, e incluso si hemos seguido la pista de las noticias generadas por esta causa, el problema se ha agudizado.

Para los autores del estudio coincidían en que en los colegios “sigue imperando la ley del silencio”. Porque muchas veces el bullying pasa inadvertido y no se denuncia. Incluso bajo el amparo de planes o comisiones de convivencia, alumnos mediadores, alumnos ayudantes, etc. Tal vez sea la hora de revisar las actuaciones realizadas hasta la fecha para comprobar su eficacia.

Sigo recordando las indicaciones de UNICEF al respecto:

  • Para resolver conflictos en clase cada vez toma más fuerza la figura del mediador, un rol que puede realizar otro alumno o alumna.
  • Sus tareas no son sólo intervenir en peleas, sino también integrar a aquellos chicos y chicas que tengan dificultades para hacerlo.

Debemos seguir potenciando estas figuras pero además de la formación, un mediador o mediadora necesitan un perfil concreto: debe tener voluntad de querer ayudar, capacidad de escucha, actitud positiva, ganas de cambiar las cosas. Esta labor, como dice una persona que lo es en un instituto de Zaragoza, a pesar de ser voluntaria, “no es un juego, es bastante serio”.

En esta formación hay que tener en cuenta no solo a las personas que van a realizar este cometido, es necesario implicar no solo a los otros compañeros, sino a toda la Comunidad Educativa, sino al final como dicen en Aragón: “estaremos haciendo un pan con tortas”.

(1) Esta noticia ha salido en varios medios de comunicación, pero yo voy a coger la noticia de el periódico el Mundo porque me va a dar más juego a los comentarios que voy a realizar:

https://www.elmundo.es/espana/2022/10/15/6349ab24fdddff614f8b45a2.html

Volveré sobre el tema.

¿Cuál es la mejor red social?

scenic view of snow capped mountains during night

Desde hace cuatro años hemos establecido un grupo de ayuda mutua dirigido por mi. En este grupo trabajamos diversas situaciones con los adolescentes que lo forman. En la última sesión del grupo de este semestre, primeros de julio, y cómo no nos íbamos a ver hasta mediados de septiembre se me ocurrió plantear la pregunta que da origen a esta reflexión: ¿cuál es la mejor red social?
Hay que advertir que en este grupo hay chicos y chicas que tienen dificultades con las redes sociales, pero también hay adolescentes que tienen dificultades de otros tipos.
Se estableció un animado coloquio sobre cuál es la red social mejor: Tiktok, Instagram… El debate no carecía de altura con ideas y confrontos encontrados.
De pronto me quedé mirando a Luisa (nombre inventado) una de las últimas personas que entraron en el grupo, tengo que decir que viene por problemas de adicción a Internet y videojuegos, que estaba en un rincón, silla contra la pared y pies levantados del suelo, y le digo:

Luisa: ¿estás aquí?. Por primera vez en cinco o seis meses no me miró desafiante, simplemente meneó la cabeza y me espetó: “Tu, y tus preguntitas” … Se cayó como para tomar aire y de seguido soltó: Mira, nosotros ahora vamos a estar con nuestros papis … ¡Qué es lo que más nos gusta! (con ironía, con rabia). Dos p…. meses con ellos y sin el p…. móvil, ordenata, internet,… ¡Qué quieres que te digamos!”

Puede haber alternativas, dije. Hemos hablado de negociar con vuestros padres, de encontrar otras maneras de pasar el verano. Manu se va de nuevo al campamento con su grupo de scouts, Alegría ha decido ir a unas colonias de ingles, Javi va con sus abuelos al pueblo después de tres años…

¡Y yo! Estalló Luisa, a morirme a (da el nombre del pueblo) que tiene quince vecinos porque tu le has comido el tarro a mis padres. Allí no hay internet, solo vacas…

Antes que pudiera responder, Manu que también vino hace un año por problemas como los de Luisa y con un intento autolítico, le dice: Luisa, yo no he hablado pero iba a decir que la mejor red social es la mesa del parque que estuvimos el otro día, desde hacía mucho tiempo siempre que hablaba con alguien lo hacia a través del Whatsapp o de Instagram. Estábamos solos, ni siquiera estaba Luis y lo pasamos genial, y tu eres super divertida, nos hiciste reir a todos.
El grupo siguió por esta senda y al acabar el mismo y como cierre les dije que me habían dado una gran lección después de valorar todas las intervenciones.
En muchas ocasiones nos encontramos en un sitio donde alrededor de la mesa todos están mirando a la pantalla del dispositivo móvil y nos hemos olvidado del cara a cara, de las autenticas posibilidades del contacto que tenemos cada uno de nosotros, de la red de interacciones que podemos generar.

La mejor red social es una mesa a la cual podemos juntarnos todos y contar, o no, lo que queramos para sentirnos parte de un todo diferente.
Este es un buen momento para dejar las pantallas y mirarnos a los ojos y sonreír sin ningún “bozal” o “mascarilla”

“Adultos que habilitan” versus “adultos tapón”

landscape photograph of body of water

La semana pasada falté a la cita de escribir una nueva entrada, querría haber escrito sobre adolescencias y familias, que últimamente están llegando a consulta. Pero me he detenido porque he estado leyendo un libro sobre adolescencia que me recomendó un amigo uruguayo y me lo estoy pasando divinamente con él. Lo tengo en versión digital y lo cito a continuación.
Transcribo un apartado que lleva por título el titulo del presente post.

En una empresa familiar todo lo maneja el abuelo, el fundador, un venerable y vigoroso anciano que hace sesenta años instaló una tienda que durante tres generaciones prosperó, dio sustento y orgullo a varias familias numerosas. Sus hijos, y ahora sus nietos, conviven en el negocio familiar sin roles claros. Todos son dueños, pero al mismo tiempo ninguno lo es. El abuelo fundador los alienta a que tomen decisiones, pero la última palabra la tiene él. Son jefes, pero no lo son. Los incentiva a que incorporen tecnología, pero cuando lo hacen, la rechaza. Los critica por timoratos, por inmaduros, y hasta por inservibles: «¡Todo lo termino haciendo yo.!» – dice al que quiera escucharlo – «Son unos inútiles.»
Las dos generaciones de descendientes, como es obvio, no toman demasiado bien los comentarios del abuelo. Los alienta a crecer pero no se los permite. Les pide madurez pero los trata como a niños inmaduros. El doble discurso es, francamente, irritante, pero no es fácil confrontar al venerable patriarca, el inventor del negocio.
En una consulta psicológica familiar, el nieto más chico, el más díscolo, el mandadero de la tienda, consigue reunir a las tres generaciones. Como casi siempre, el emergente del grupo es el que ve los conflictos más claramente: tres hijos, siete nietos, y el patriarca, reunidos. La sesión es todo un riesgo, pero con el nieto menor, un muchacho de 19 años, decidimos asumirlo. Parecía la única manera de aclarar las cosas.
«Yo no entiendo qué tenemos que hacer acá, pero claro, ustedes los jóvenes con tal de no trabajar hacen cualquier cosa», arranca, sin anestesia, el abuelo. Con un poco de dificultad le explicamos que el encuentro se hace para que se pongan de acuerdo. Para organizarse, repartir tareas, delegar, que todo eso es bueno para la empresa. El abuelo no está interesado en nada. “Mariconadas”, les llama. La indefinición de actividades y roles, el caos, el no crecimiento de ninguno de sus herederos permiten que el patriarca siga manejando todo a su antojo. Nadie se anima a decírselo. Temen que si se enoja pueda tener un quebranto de salud. Una mezcla de respeto y miedo les impide enfrentarlo.
Pero el más chico de todos se anima, se lo dice muy directamente: «Abuelo yo te quiero, sos mi ídolo, pero si no te jubilás de una vez, nos estás cagando la vida a todos.»
Fue como una bomba atómica. Nadie se había animado nunca a decir algo tan directo, pero todos lo sentían. Era un secreto a voces que la tranca para el crecimiento de la empresa familiar, y para cada uno de sus integrantes en particular, era la actitud cuasi despótica del fundador, atornillado en su lugar, no cediéndole un centímetro de espacio a nadie. Y, aunque parezca mentira, el abuelo sí pudo escuchar la verdad, dicha nada más y nada menos que por el mandadero.
La historia fue un poco más larga, la empresa terminó siendo reestructurada, y el abuelo jubilado. No todos quedaron contentos, pero el proceso de crecimiento de cada integrante de la familia en mayor o menor grado se destrancó. Dos generaciones de una familia funcionando casi como adolescentes por una actitud equivocada de quien justamente debería promover sus crecimientos. ¡Caramba!
Uno trae hijos al mundo para educarlos, y los educa para que crezcan, se supone. En muchísimos casos, por distintas causas, se hace lo contrario. Las adolescencias estiradas e interminables, muchas veces, son productos de adultos “tapón”, como el veterano fundador de la tienda. ¿En una sociedad envejecida como en la que vivimos, cuánto de la inmadurez de los muchachos y de muchos adultos se la debemos a los “tapones” de generaciones anteriores?

Tomado de: Alcuri, Alvaro. Adolesceeeencia (Spanish Edition) . Penguin Random House Grupo Editorial Uruguay. Edición de Kindle.

Buenas reflexiones. Buen trabajo

Sin manual, cámbiame al hijo/a

En la entrada anterior del blog hablamos que no existe manual para manejarnos en la etapa de la adolescencia de nuestros hijos, y recomendaba aquello de “paz” y “ciencia”. Y sobre todo “no volar todos los puentes” con el o la adolescente añadiendo la importancia de “mantener la creencia profunda en los valores y competencias del o de la adolescente”.

Mantener esa creencia es de vital importancia porque nos aleja de la tentación de hacer recaer en el profesional la responsabilidad del cambio del “elemento que se ha desviado de la norma” de la familia. Delegar en el profesional es la tentación de la familia, pero también la manzana envenenada que a veces mordemos como profesional.

Pero los auténticos profesionales del menor o del adolescente que necesita el acompañamiento son los propios padres, los adultos significativos para el menor, lo que hoy se conoce en muchos casos como los tutores de resiliencia.

Hacer entender al adulto que ellos son los verdaderos conocedores de lo que hace o no hace el menor, o al menos que pueden tener claves que otros no vamos a poder utilizar es el primer paso para comenzar un nuevo camino familiar que sirva para que de nuevo se conviertan en la base segura a la que puedan retornar en los momentos en que más lo necesiten.

Es volver a responsabilizar a los adultos en aquello que hemos oído tantas veces: “educar es sembrar y saber esperar”. Ya sabemos que educar es una tarea en la que, a veces, cunde el desánimo. Por ello es preciso, para los profesionales que estamos en el entorno de la familia, recordar que el hecho educativo es complejo.

Tirar la toalla no es una opción por mucho que cunda el desánimo y se instale el desaliento, que es lo que traen las familias a consulta. Retomar, cual gota malaya, la idea que los padres son los mejores conocedores de sus hijos, que la impresión de que los valores que se han inculcado en el hogar, en la familia, en la escuela han desaparecido, es eso una impresión. Que el profesional «no va a cambiar al adolescente», que en el cambio están implicados todos los miembros de la familia, al menos la nuclear.

Y esto repetirlo en la primera, en la segunda, … en la última sesión. Recordando que tenemos que pegarnos a las familias, a su estilo relacional y comunicacional. Pero también el del adolescente que en esos momentos puede ser diferente al de la propia familia. Si no podemos olvidarnos que en la etapa de la adolescencia el menor está experimentando “el ser único” y no tiene porque convertirse, ni pretender que se convierta, en la “imagen y semejanza” de su propia familia, o “del niño perdido/soñado por los adultos” con los que convive. Hay que estar atentos a no admitir la delegación del cambio en las interacciones y comunicaciones de la familia.

Por lo tanto para los padres de los adolescentes, esos profesionales del hijo o de la hija tienen que volver a creer en ellos mismos, en que el momento en el que están viviendo es el de café diario para charlar sobre la educación de los hijos, de negociar sus discrepancias sobre esa educación y otras cosas. Es el momento de zanjar de inmediato los problemas de convivencia, y hablar con ellos sobre el tema. Hablar, quieran o no quieran. Y recordar que son y seguirán siendo familia.

Nos venden la moto … pero solo el chasis

Estoy, como lo estamos todos, martilleado una y otra vez con la especie que los jóvenes son los «culpables de la situación actual de la pandemia». Es bien cierto que hay muchos contagiados y en franjas de edad menores que en las otras olas, pero hay algunas cosas que voy a reflexionar a lo largo de estos días. Hoy solo voy a apuntarlas

Para todos los que trabajamos en el mundo de la salud desde el campo de la sociología conocemos el poderoso efecto de la cultura tanto en la salud como en la medicina. La cultura afecta la forma como las personas interactúan con los miembros de los diversos sistemas de salud (incluso con los chamanes, curanderos, …); pero también, la cultura, afecta a cómo se relacionan, cuando están enfermos, con sus familias, compañeros de trabajo, entorno, etc. Incluso sobre su concepto de salud.

¿Hay algunos problemas de salud que son característicos de una sociedad concreta? ¿de una cultura concreta? ¿Quién dice qué (quién define) es enfermedad? ¿Varía el cuidado de la enfermedad de una nación a otra? ¿de una ciudad a otra? ¿de un pueblo a otro? ¿de una clase social a otra?.

Partimos de dos grandes hechos: que las comunidades en las que las personas viven tienen un impacto en su salud y que la cultura, también, contribuye en las diferencias en el cuidado médico e incluso en cómo se define la salud. De hecho utilizamos el término síndrome cultural se refiere a una enfermedad o dolencia que no se puede entender sin tener en cuenta el contexto social específico del que proviene.

Planteémonos estas ideas en la situación actual de pandemia que vivimos y podremos extraer tres conclusiones rápidas.

  1. Vivimos en una sociedad occidental en la que la medicina ha trasladado una idea poderosa a nuestras mentes: para cualquier enfermedad va a haber una cura. El gran paradigma médico lo ha invadido todo. Pero esto tiene una contrapartida la medicalización de la sociedad es obvia, pero para nosotros esta obviedad provoca, guste o no, el control social por parte de la medicina como institución social.
  2. Hay desigualdades en el cuidado de la salud. No solo tenemos la medicalización porque nos podemos plantear quién se está beneficiando de esta pandemia, quien la está sufriendo más, quién está dominando a expensas de los otros (¿por qué unas vacunas y no otras? ¿Quién y con qué criterios se están distribuyendo? ¿Qué profesionales están más sobrecargados?…). Las respuestas a estas preguntas nos pueden dar para varios comentarios.
  3. Desde otra perspectiva podemos analizar la enfermedad y podemos afirmar que conlleva rupturas en nuestras interacciones sociales, tanto en el trabajo como en el hogar. Por lo que estar enfermo obliga, por tanto, a estar controlado, y así, en principio, no son demasiadas personas a la vez las que son eximidas de sus responsabilidades sociales. Salvo cuando ocurre algo que nos sobrepasa.

Dichas estas tres conclusiones rápidas utilizando perspectivas sociológicas diferentes podemos analizar lo que está ocurriendo.

Se nos ha trasladado la idea que las vacunas “lo pueden todo”, “que las mascarillas si, no, si”, pero ahora hay que enseñar la sonrisa, o irnos de cañas, … que nuestros dirigentes saben lo que hacen y por lo tanto nos deben controlar, tanto para la salidas como para los encierros. Que no tenemos responsabilidades sociales, o individuales… Pero cuando nos sobrepasa la situación nosotros somos los culpables de la misma, porque no somos responsables individualmente. Porque el comportamiento que se les pide a las personas que se consideran enfermas tiene que ser el que “los guardianes” de las mismas nos digan lo que tenemos que hacer.

Pero en esto también hay algo kafkiano, se supone que son los médicos los que funcionan como “guardianes” del rol de enfermo. Ellos verifican la condición del paciente como “enfermo” o designan al paciente como “recuperado”. Pero ahora, en estos mismos momentos, en España, no son ellos los que lo determinan: son nuestros dirigentes, nuestros políticos, especialmente nuestro presidente del gobierno.

Esto es lo que hay por detrás de lo que nos quieren vender: “los adolescentes borrachos, incontrolados, incívicos, con sus botellones están conduciendo a nuestra sociedad a la destrucción”. Son capaces de ser “matar a sus abuelos” por no cumplir “con su responsabilidad”.

Es verdad que hay que tener “sentidiño” y que tienen que extremarse las precauciones, pero no son los únicos responsables de lo que está pasando. Somos un pueblo con una cultura que podría resumirse en la letra de la canción: Libertad sin ira. Pero que también inventamos la guerra de guerrillas. Simplemente un recuerdo

#Sentidiño #SiemprehayunaAlternativa

Sobre adicciones

En el último informe Estudes 2020 y a la hora de hablar de la percepción de riesgo se dice lo siguiente:

La percepción de riesgo da idea de en qué medida los estudiantes piensan que una determinada conducta puede ocasionar problemas. En este sentido, el riesgo asociado al consumo de drogas se comporta como un elemento protector frente al consumo y constituye un freno cuando los estudiantes se planteen consumir este tipo de sustancias psicoactivas.

¿Cuáles son las percepciones de riesgo que se asocian al consumo habitual de sustancias? El mismo informe nos dice:

Las percepciones de riesgo más elevadas se asocian con el consumo habitual de sustancias ilegales como la heroína, la cocaína en polvo o el éxtasis, para las cuales prácticamente la totalidad de los estudiantes creen que consumir dichas drogas una vez por semana o más, tendría graves consecuencias para la salud, hecho que se ha mantenido similar a lo largo de toda la seria histórica.

En relación con el consumo de 5 o 6 cañas/copas de bebidas alcohólicas en fin de semana, se observa que la percepción de riesgo asociada ha aumentado notablemente en 2018 (76,8% frente al 56,1% del 2016) coincidiendo con el descenso de consumo de alcohol en los últimos 30 días.

Por otro lado, el consumo diario de alcohol (tomar 1 o 2 cañas/copas cada día) es considerado peligroso por el 57,6% de los estudiantes, dato superior al registrado en 2016, volviendo a niveles similares a los registrados hace 4 años.

En cuanto a la sustancia ilegal más extendida, el cannabis, el 87,5% estudiantes opina que su consumo habitual puede conllevar bastantes o muchos problemas. Dicha percepción ha descendido ligeramente, coincidiendo con el leve aumento en el consumo de dicha sustancia.

El 93,8% de los estudiantes de 14 a 18 años advierte un peligro cuando se alude al consumo habitual de hipnosedantes, siendo la sustancia legal con una mayor percepción de riesgo. Evolutivamente, este año ha registrado el máximo histórico de la serie, superando en más de 6 puntos el dato obtenido en 2016 (87,7%).

Finalmente, el 88,7% de los estudiantes de 14 a 18 años piensa que el consumo diario de tabaco puede causar muchos o bastantes problemas para la salud.

Podemos decir sin temor a equivocarnos mucho que entre los estudiantes entre 14 y 18 años hay un pensamiento bastante extendido que el consumo habitual de substancias produce problemas. Pero siguen entrando nuevas remesas que contribuyen a no realizar un descenso significativo del número de consumidores.

Vamos a intentar detenernos en otros datos que no se reflejan con claridad en lo que hemos descrito.

  1. Existe un alto porcentaje de personas entre 14 y 18 años que no aparecen reflejadas en esta encuesta, de hecho el propio gobierno de España afirma que “La tasa de abandono educativo temprano se sitúa en el 16% en 2020”, es decir que “alrededor de 530.000 personas, 343.000 hombres y 186.500 mujeres, habían abandonado los estudios en 2020”.
    1. La estrategia Europea 2020 estableció en 2010 entre sus objetivos reducir el abandono escolar temprano por debajo del 10% en la UE y del 15% en España, debido a las altas tasas de nuestro país.
    2. Precisamente, uno de los objetivos principales de la LOMLOE, la ley educativa que acaba de entrar en vigor, es reducir las tasas de abandono escolar temprano en línea con los países europeos más avanzados.
    3. Desde 2010, la tasa de abandono temprano en España ha disminuido 12,1 puntos, pasando del 28,2% en 2010 al 16% en 2020, lo que supone un 43% menos. Este descenso ha sido mayor entre los hombres (13,3 puntos) que entre las mujeres (11 puntos), aunque la tasa sigue siendo en 2020 muy superior entre los varones: un 20,2% frente al 11,6%, es decir, un 74% más.
    4. Conclusión: no estamos cumpliendo los objetivos marcados. El estudio de todo esto se lo dejo a personas con mayor conocimiento que yo.
  2. Otras cuestiones que no se reflejan son otro tipo de adicciones por ejemplo el del juego. Un reciente artículo que glosaba el informe de FEJAR (Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (Fejar)) titulaba así: “España cuenta con la tasa más alta de Europa de ludópatas entre 14 y 21 años”.
    1. Pero: “Participar en apuestas no es legal en España hasta la mayoría de edad, sin embargo, –tal y como señala la Guía Clínica «Jóvenes y Juego Online», elaborada por Fejar y financiada por el Ministerio de Sanidad,– a día de hoy los mecanismos para que los operadores de juego online puedan controlar que quien está jugando es mayor de edad «son todavía insuficientes». Cualquier menor podría llegar a usurpar la identidad, por ejemplo, de uno de sus progenitores, con los datos de una tarjeta de crédito”.
    2. Propongo una tarea: apostarse a la salida de uno de los centros de apuestas que tenemos en todos los barrios y ver como pueden saltarse las prohibiciones y cómo nuestros adolescentes y jóvenes juegan en ellos.
    3. “Fejar insisten en que los jugadores patológicos son cada vez más jóvenes y que, a diferencia de lo que ocurría hace una década, en que el 75% de los casos eran adictos a las máquinas de tragaperras –y el resto a otras modalidades presenciales como rascas, quinielas…–, hoy los más jóvenes están seducidos por las apuestas deportivas y el póker en la modalidad online”.

Dejo para otro momento reflexionar sobre lo preventivo y el peso del género en todo esto. Y lanzo un par de preguntas al aire.

¿Por qué no se está hablando de todo esto? ¿Por qué “las adicciones ya no venden”?

Seguiremos charrando de todo esto

El arte de ser padres

En mi trabajo de acompañamiento a padres con hijos adolescentes a menudo les envío un comentario, una anécdota, un cuento como forma de recordar lo trabajado en sesión o reforzar aspectos que me parecen especialmente reseñables.

Algunos de estos padres me suelen también cuentos o lecturas que encuentran y que les son provechosas. A veces citan la fuente y otras no. La lectura que quiero compartir hoy no tenía fuente, pero una alumna en prácticas la escuchó o leyó y está buscándola. En cuanto la tenga la citaré.

Aquí va el cuento para que cada cual pueda extraer sus propias consecuencias y que refleja las dificultades de acompañar a hijos adolescentes en esa etapa «tan linda y caótica» como puede ser la adolescencia.

«Susi quería ir a una fiesta. ¿Y quién no? Sobre todo porque ésta no era una fiesta corriente. Se iba a celebrar en la playa. Era casi lo único de lo que habían estado hablando sus amigas durante las últimas dos semanas. Qué harían, quién estaría allí, cómo se vestirían, etc. Iba a ser la mejor fiesta del año; quizá incluso la mejor de su vida.

Pero había un problema… De hecho, uno bien grande. Su madre le había dicho que no. Susi estaba desesperada y cuanto más desesperadamente le pedía que la dejara ir, tanto más rotunda era la negativa de su madre.

  • ¡Pero va a ir todo el mundo! – le explicó Susi.
  • No me importa quién vaya a ir – la cortó su madre -. Ni aunque fuera la Reina de Inglaterra. Tú no vas.

Susi estaba decepcionada. No, mucho peor, se le había roto el corazón. Era la fiesta de su mejor amiga. ¿Cómo le iba a decir que su madre no la dejaba ir? Parecería una idiota si era la única que no acudía. Los demás se burlarían de ella. Puede que incluso dejaran de ser sus amigas si no se unía y participaba en lo que iban a hacer.

Todos o casi todos los domingos, la abuela de Susi iba a cenar. La mujer se dio cuenta de lo deprimida que estaba su nieta pero no dijo nada durante la comida. Le tocaba a Susi lavar los platos y su abuela se ofreció a ayudarla, mientras el resto de la familia se iba a la sala de estar para ver una película de vídeo.

  • ¿Qué te pasa? – le preguntó la abuela en cuanto la joven metió de mala manera los platos en el fregadero lleno de agua y de espuma. La abuela secó uno de los platos con un trozo de papel de cocina.
  • Mamá no me deja ir a la fiesta de mi mejor amiga – se lamentó muy triste.
  • ¿Te ha dicho ella por qué no quiere que vayas?
  • No.
  • Entonces intenta ponerte en su lugar durante un momento – le pidió la abuela -. Si tú fueras tu madre, ¿por qué crees que dirías que no?

Susi no se había parado a pensar en eso. Sólo había prestado atención a sus deseos.

  • Bueno… – contestó después de pensar un rato – es una fiesta en la playa. Tal vez no se fíe de nosotros y crea que nos vamos a meter en líos. O que nos vamos a ahogar. Pero todos sabernos nadar y también cuidar de nosotros mismos.
  • ¿Va a ir algún adulto? – le siguió preguntando la abuela.
  • No – dijo Susi -, ¿quién quiere que sus padres anden cotilleando cuando una se lo está pasando bien?
  • Puede que sencillamente tu madre esté preocupada y no quiera que te ocurra nada malo.
  • Eso no pasará – le aseguró la chica.
  • Quizá tengas razón – insistió la abuela -, pero es probable que tu madre no lo crea y que tenga miedo. ¿Sabes? Cuando tu madre tenía tu edad, jugábamos a un juego. Me parece que las dos sabíamos que lo estábamos haciendo, pero seguíamos adelante y fingíamos que no era así. Si quería salir a algún sitio, yo le preguntaba que a qué hora quería que fuera a buscarla. Siempre le sumaba una o dos horas, corno… bueno, decía, por ejemplo, las once o las doce, creyendo que yo no sabía lo que en realidad pretendía. Yo la decía que eso era demasiado tarde y que la quería en casa a las nueve. Ella se opondría y, al final, nos pondríamos de acuerdo en las diez o las diez y media, que era precisamente la hora que ambas habíamos tenido en mente desde el principio. Así ninguna de las dos ganaba o perdía; así ella podía salir y hacer más o menos lo que quisiera, pero yo conseguía verla entrar en casa a una hora razonable. Al encontrar un término medio, las dos obteníamos lo que queríamos. Aunque posiblemente no todo lo que nos hubiera gustado. Estoy pensando en cómo podrías llegar a ese término medio con tu madre. ¿Qué crees que quiere?
  • Creo que quiere asegurarse de que alguien nos supervisa – respondió Susi y añadió rápidamente – ¡Pero no querernos que haya adultos fisgando lo que hacernos!
  • Entonces… ¿Cómo harás para que tu madre se contente sabiendo que alguien cuida de vosotros, aunque no sea un adulto que os incomode?
  • Pues no lo sé – admitió Susi -. Creo que no hay manera de hacer eso. Mamá quiere estar ahí y dudo que mis amigos lo acepten.
  • Bueno, insisto, ¿y si llegáis a un término medio que os satisfaga a las dos? ¿Y si tu madre te deja allí y se queda con el coche en el aparcamiento, estudiando los apuntes del curso ése que está haciendo? ¿O se mete en una de las cafeterías que hay junto a la playa, se lleva su portátil y trabaja en los deberes de su curso? Así podrá echar un vistazo de vez en cuando para asegurarse de que no te ahogas. Tal vez incluso pueda darse una vuelta por el paseo y supervisarte, mientras tú estás de fiesta.

La abuela se dio cuenta de que su nieta se lo estaba pensando.

  • ¿ Cuándo crees que podrás sentarte a hablar con tu madre de lo que ella quiere, de lo que a ti te gustaría y del acuerdo al que podéis llegar? – indagó la abuela.

Terminaron de fregar y de secar los platos y se reunieron tranquilamente con el resto de la familia en la sala de estar. Al domingo siguiente, la abuela se sintió feliz al saber lo bien que se lo había pasado Susi en la fiesta de la playa que se había celebrado el día anterior. También le gustó saber que su hija (la madre de Susi) se lo había pasado estupendamente dando paseos y sentándose en una cafetería con el ordenador portátil para avanzar en sus trabajos. Al terminar la fiesta, Susi se había reunido con ella en la cafetería.

Aunque bien pensado podría haber titulado el arte de ser abuela o la escucha activa puesta en práctica

Luis Vilas

Ante la sospecha de consumos

Una cuestión que siempre surge en las charlas con los padres o tutores es plantear cuales son los signos de sospecha de consumos de drogas (alcohol, cannabis, etc.)

Desde hace muchos años señalo que los signos de alarma pueden ser:

  • Cambio brusco en el cuidado y aseo personal.
  • Trastornos del sueño con insomnio y/o pesadillas y temblores.
  • Pérdida de peso o apetito excesivo.
  • Disminución del rendimiento escolar o abandono de los estudios.
  • Aislamiento físico, tendencia a aislarse en su habitación.
  • Disminución de la comunicación verbal y afectiva.
  • Empobrecimiento del vocabulario.
  • Abandono de aficiones e intereses.
  • Cambios bruscos de humor.
  • Pérdida de responsabilidad.

Pero nada sustituye una buena mesa camilla para poder hablar de cualquier tema.

5 o 10 minutos para poder hablar de cómo ha ido el día pueden obrar milagros, incluso en esa etapa de la adolescencia en la cual el grupo de pares (iguales) parece tener mucha más fuerza que el grupo familiar. Aunque hay que saber respetar los silencios adolescentes, con un simple acompañamiento de estar presente.

(1) Los signos de alarma pueden encontrarse en casi todas las páginas que comparten ideas sobre la prevención en adicciones. Las principales son las del PND y las de la FAD

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