Cuento Sufí: esto también pasará

Hace algún tiempo, en el blog dedicado a temas educativos, iba colocando algunos post que poco a poco he ido traslando a este. Hoy vuelvo a transcribir literalmente el cuento sufí denominado «esto también pasará». Ahí va …

Alguno de vosotros me ha preguntado porqué escribo el hastag #Estotambienpasara. Bien pues la explicación es esta. Como sabreis he dirigido durante muchos años un taller de aplicación del cuento en la práctica de la psicoterapia. Estos talleres quedaron interrumpidos por motivos personales. Pero los voy a retomar cuando salgamos de estas circunstancias adversas que nos están tocando vivir.

En esos talleres los participantes también traían sus propios cuentos para trabajar, en concreto este me lo regalaron en mi segundo taller, me parece tan hermoso que lo he utilizado en muchas ocasiones y lo veo oportuno para a actual situación.

Dice así:

Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:

Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.

Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total. Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.

El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:

No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje.

Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje (el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey).

Pero no lo leas – le dijo – mantenlo escondido en el anillo.

Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino.

De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso. Simplemente decía:

Esto también pasará.

Mientras leía estas palabras sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.

El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes. Él se sentía muy orgulloso de sí mismo.

El anciano estaba a su lado en la carroza y le dijo:

Apreciado rey, le aconsejo leer nuevamente el mensaje del anillo.
¿Qué quieres decir? – preguntó el rey.
 Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta.
No estoy desesperado y no me encuentro en una situación sin salida.
Escucha – dijo el anciano – este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas.
También es para situaciones placenteras.
No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso.
No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: «esto también pasará», y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje.

  • «Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo» Eclesiastés 3, 1
  • Todo se mueve y nada permanece y en el mismo río no nos bañamos dos veces. Platón, Crátilo, 402a y 440c

Un nuevo cuento sufí: el gato del gurú

Hace algún tiempo reflexionaba sobre cómo nos acostumbramos poco a poco a realizar unos comportamientos que podrían tener sentido, o utilidad, en diversas situaciones pero que al cabo del tiempo dejan de tenerlo.

Si a eso le añadimos el intentar soluciones, cuando resolvemos algún problema, que no conducen a nada o que crean más dificultades, y a veces nos enfrascan en «guerras inútiles», el coctel del aumento del problema está servido. O si quieres. cuando nos relacionamos con los otros, la escalera del conflicto está servida.

Por eso intentar soluciones creativas está en nuestras manos. Seguir enfangados en la misma solución o en las soluciones que nos presentan los otros, como algo absolutamente maravilloso, es cosa harto inútil. ¡Busca la alternativa!

Hoy te dejo un cuento sufí que recogí hace tiempo de alguno de mis libros olvidados, la moraleja se la pones tu.

El gato del gurú

Cuando, por las tardes, el gurú se sentaba para las prácticas del culto, siempre andaba por ahí el gato del ashram distrayendo a los fieles. De manera que ordenó que ataran al gato durante el culto de la tarde.

Mucho tiempo después de haber muerto el gurú, seguían atando al gato durante el referido culto. Y cuando el gato murió, llevaron otro para atarlo durante el culto vespertino.

Siglos más tarde, los discípulos del gurú escribieron doctos tratados acerca del importante papel que desempeña el gato en la realización de un culto como es debido.

Sobre la Autoestima

Muchas veces no somos conscientes de lo que llevamos dentro de nosotros mismos. Hay una frase que me gusta repetir y repetirme: «Vuélvete hacia ti mismo, pues en ti habita la Verdad, y si te encuentras mudable, transciéndete». Es la frase de Agustín de Hipona que lleva rumiándose en mi mente desde hace años. Es una frase que suelo hacer llegar, en algunas ocasiones, a las personas que acompaño. Otras le envío un cuento sobre el valor de un anillo. Dice así:

Agobiado por sus conflictos internos, un joven alumno fue a visitar su anciano profesor. Y entre lágrimas, le confesó: «He venido a verte porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas ni para levantarme por las mañanas. Todo el mundo dice que no sirvo para nada, que soy inútil y mediocre. ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?» El profesor, sin mirarlo a la cara, le respondió: «Lo siento, chaval, pero ahora mismo no puedo atenderte. Primero debo resolver un problema que llevo días posponiendo.» Y haciendo una pausa, añadió: «Si tú me ayudas primero, tal vez luego yo pueda ayudarte a ti.»

El joven, cabizbajo, asintió con la cabeza. «Por supuesto, profesor, dime qué puedo hacer por ti.» Pero más allá de sus palabras, el chaval se sintió nuevamente desvalorizado. El anciano se sacó un anillo que llevaba puesto en el dedo meñique y se lo entregó al joven. «Estoy en deuda con una persona y no tengo suficiente dinero para pagarle», le explicó. «Ahora ves al mercado y vende este anillo. Eso sí, no lo entregues por menos de una moneda de oro». Seguidamente, el chaval cogió el anillo y se fue a la plaza mayor.

Una vez ahí, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Pero al pedir una moneda de oro por él, algunos se reían y otros se alejaban sin mirarlo… Derrotado, el chaval regresó a casa del profesor. Y nada más verlo, compartió con él su frustración: «Lo siento, profesor, pero es imposible conseguir lo que me has pedido. Como mucho me daban dos monedas de plata. Nadie se ha dejado engañar sobre el valor del anillo.» El anciano, atento y sonriente, le contestó: «No te preocupes. Me acabas de dar una idea. Antes de ponerle un nuevo precio, primero necesitamos saber el valor real del anillo. Anda, ves al joyero y pregúntale cuánto cuesta. Y no importa cuánto te ofrezca. No lo vendas. Vuelve de nuevo con el anillo.»

Y eso fue lo que hizo el joven. Tras un par de minutos examinando minuciosamente el anillo, el joyero lo pesó y con un tono de lo más serio, le indicó: «Menuda maravilla que has traído. Dile a tu profesor que esta joya vale como mínimo 50 monedas de oro». Y el chico, incrédulo, se fue corriendo para comunicárselo a su profesor.

El chaval llegó emocionado a casa del anciano y compartió con él lo que el joyero le había dicho. «Estupendo, gracias por la información. Ahora siéntate un momento y escucha con atención», le pidió. Y mirándole directamente a los ojos, añadió: «Tú eres como este anillo, una joya preciosa que solamente puede ser valorada por un especialista. ¿Pensabas que cualquiera podía descubrir su verdadero valor?» Y mientras el profesor volvía a colocarse el anillo en su dedo meñique, concluyó: «Todos somos como esta joya. Valiosos y únicos. Y andamos por los mercados de la vida pretendiendo que personas inexpertas nos digan cual es nuestro auténtico valor

Cuento extraído del libro “26 cuentos para pensar”, de Jorge Bucay.

Respuestas Kokología

Sobre el monstruo

 El monstruo es el principal problema de tu vida

A. No vives plenamente, limitándote y negándote algo constantemente.

B. Estás experimentando tormentos de amor.

C. Estás decepcionado con los demás.

D. Te sientes muy solo e incomprendido.

El abanico

El abanico es tu forma de resolver problemas en tu vida personal

A. Ocultas tu cabeza en la arena y esperas a que todo se arregle solo.

B. Tiendes a trasladar la responsabilidad a tu ser querido.

C. No huyes de los problemas, los resuelves de inmediato.

Kokología

Hace algún tiempo comenzamos una serie de talleres sobre cuentoterapia. Por diversas circunstancias no se pudo seguir con el mismo. A lo largo de este curso volveremos a iniciar la actividad y la anunciaremos con tiempo.

Viene esto a cuento porque en uno de aquellos talleres una de las participantes nos habló de la Kokología como una utilización del cuento para el autoconocimiento o para poder manejarlo en un contexto terapéutico tal como ella lo hacía.

Allá por el año 2002 me regaló un libro de los fundadores de la misma: Isamu Saito y Tadahiko Nagao (1). En él nos hacían ver que es posible descubrir aspectos de nosotros mismos a través de responder a ciertas preguntas usando la imaginación.

Era la combinación la teoría psicológica de Carl Jung, con el concepto oriental que atribuye al hombre unas cualidades premonitorias innatas. A esto podemos añadir la importancia del juego en el aprendizaje, no solo de competencias, si no también en el aprendizaje de quién, qué, cómo … somos.

Recordemos que Jung nos habla de las cuatro funciones de la mente humana: pensar, sentir, percibir e intuir. Todo ello lo pone en marcha el juego, y especialmente este juego que hace surgir de nosotros mismo aquello de lo que estamos constituidos.

Durante mucho tiempo he utilizado alguno de las propuestas de Saito y Tadahiko en mi trabajo con adolescentes y la verdad que el resultado ha sido muy bueno.

El juego consiste en escuchar o leer una historia (es mejor en grupo o al menos con alguien) y decir lo primero que acuda a tu cabeza, después de lanzar unas preguntas o unas alternativas a la situación.

  • No intentes predecir las respuestas.
  • Sé sincero contigo mismo.
  • No leas la solución por anticipado.
  • Observa las reacciones de la gente (o de la pareja que tienes en el juego) (incluidas las tuyas).
  • Y sobre todo No tengas prejuicios.
    • No hay respuestas correctas, ni incorrectas. Los juegos funcionan mejor cuando no vacilas ni sufres por tu elección de palabras.

Veamos un par de ejemplos:

Lee con atención cada pregunta, imagínala, y deja que tu intuición responda. Escribe el resultado en una hoja. Luego, consulta los resultados, que pondré en otra página a ver qué es lo que esas respuestas dicen sobre ti.

Un monstruo desconocido infunde miedo a los habitantes de la ciudad. ¿Qué crees que quiere? ¿Por qué salió del bosque?

Opciones

A. Fue expulsado por el hambre. Todo el mundo sabe que en época de hambruna los animales salvajes van a donde hay personas.

B. Está buscando a alguien de su manada. Tal vez a su pareja o, tal vez, incluso, a su cría.

C. Es una bestia salvaje salida del bosque. ¿Qué explicaciones puede haber?

D. Algo terrible sucedió en su vida. Salir a la ciudad es un intento de atraer la atención.

Tienes un abanico mágico. Si abanicas a alguien, esa persona desaparecerá. ¿En quién experimentarías el poder de este objeto?

Opciones

A. En mí mismo.

B. En la persona que amo.

C. En la persona que me da más problemas.

 

(1) En el año 2007, en una librería de una estación de ferrocarril descubrí el libro de Julia Coto con el título de Kokología. Recogía alguno de los cuentos-test de los autores anteriormente citados.

Las ovejas y el cerdo, cuentoterapia

Como sabéis utilizo los cuentos como un recurso terapéutico en el acompañamiento de adolescentes. Aunque no lo parezca, con algunos adolescentes es un buen instrumento como trabajo de introspección.

Hoy le he contado a una adolescente que “va de chulita” según palabras de su madre, y es verdad, que como le he dicho en alguna ocasión, un “poca capulla ya eres”, por los comportamientos que me narra especialmente con otras chicas.

Me permite este trato después de un tiempo que llevamos lidiando juntos y que ha mejorado en comportamientos. Pero de vez en cuando le “sale la vena” como ella dice. Hoy estabamos un poco atascados así que he decidido contarle un cuento después de que ella me haya contado una nueva andanza. Y le he pedido que saque una moraleja de la naracción. El cuento dice:

Hace mucho tiempo, un pastor que estaba cuidando de sus ovejas de pronto descubrió un cerdo regordete en el prado donde pastaban las ovejas. En cuanto pudo lo capturó, aunque tuvo que emplear algo de maña.

El cerdo chirrió con todas sus fuerzas desde el mismo instante en que el pastor lo capturó. Pegó un fuerte chirrido, de esos que se suelen dar en San Antón. Si no lo hubieseis visto coger, podriais pensar en que lo estaba matando. Pero no era así.

Una vez capturado, y puesto a buen recaudo, al caer la tarde el pastor cargó con el gorrino y se dirigió a la carnicería de la aldea.

Las ovejas estaban muy asombradas por el exagerado comportamiento del cerdo y siguieron al pastor y al cerdo hasta la salida del pasto y lo acompañaron hasta cerca de la entrada del pueblo.

  • ¿Qué te hace chillar así? – preguntó una de las ovejas -. El pastor a menudo nos atrapa para llevarnos a otro lugar. Sin embargo, por vergüenza, no hacemos un tremendo alboroto como el tuyo.
  • Para vosotras todo está bien – respondió el cerdo, mientras emitía otro chillido y una patada, que si coge al pastor le hace un buen moratón -. Cuando el pastor las atrapa solo quiere la lana; pero de mí lo quiere todo, hasta los andares, dicen los humanos.

La moraleja que ella ha extraído es que solo se puede ir de valiente cuando no hay peligro (se ha puesto del lado de las ovejas). Yo le he pedido que mire también el lado del cerdo, y del pastor.

Vosotros ¿Qué moraleja extraéis?

Algunos cambios

Para aquellos que me seguís por las redes habréis visto que estoy cambiando algunos de los comportamientos que he ido teniendo en las distintas plataformas.

En este sitio comenzaré a publicar sábados y domingos algunas cuestiones.

Los sábados será más aleatorio el comentario o el mensaje. Hoy ha sido un cuento utilizado en cuentoterapia o en los grupos que tengo de prevención de recaídas en adicciones. Pero pueden ser de temática diversa

Aquello que escriba los domingos tendrán que ver con las actividades del Despacho de Consultoría o de temas profesionales.

MAÑANA COMIENZA UNA NUEVA ETAPA

CuentoTerapia- El cuento de Caperucita desde los ojos del Lobo

Poco después publicamos el cuento de Caperucita desd los ojos del LOBO.

El cuento también puede ser utilizado con usos no necesariamente terapéuticos, aunque ayuden a. Volveré en otro momento con el mismo cuento y con otro uso,
Visto y considerando los acontecimientos ocurridos y por todos conocidos, fallamos:

  1. Que Caperucita no desconocía que podía encontrarse con el Lobo.
  2. Que tampoco era ajena al hambre del Lobo, ni a los peligros del bosque.
  3. Que si le hubiera ofrecido la cesta de la merienda para que el Lobo calmara su hambre, no habrían ocurrido los sucesos referidos.
  4. Que el Lobo no ataca a Caperucita de inmediato y hay evidencias claras de que primero conversa con ella.
  5. Que es Caperucita quien voluntariamente le da pistas al Lobo y le señala el camino de la casa de la abuelita, lo cual claramente la convierte en cómplice.
  6. Que la anciana no es imputable ya que confunde a su nieta con el Lobo.
  7. Que cuando Caperucita llega y el Lobo está en la cama con la ropa de la abuela, Caperucita no se alarma.
  8. Que el hecho de que Caperucita confunda al Lobo con la abuelita demuestra lo poco que iba a visitarla, hecho que se tipificaría como abandono de persona anciana por parte de la joven Caperucita.
  9. Que el Lobo, con respuestas simples y directas, quiere desesperadamente alertar a Caperucita sobre su posible conducta final.
  10. Que cuando el Lobo, que ya no sabe qué más puede hacer para alertarla y se come a Caperucita, es porque ya no le quedaba otra solución.
  11. Que es altamente posible que antes Caperucita hiciera el amor con el Lobo e incluso lo disfrutara.
  12. Que cobra cada pvez más fuerza la versión de que Caperucita, cuando oye la pregunta del Lobo: «¿Adónde vas?» Realmente respondió: «A bañarme desnuda en el río…».
  13. Que se desprende del punto anterior que es Caperucita la que provoca los más bajos instintos brutales y depredadores, en la pobre fiera.
  14. Que el Lobo ataca, si, pero tal hecho corresponde a su propia naturaleza y a su instinto natural y animal, exacerbados por la conducta de la susodicha Caperucita.
  15. Que merece un párrafo aparte la madre de Caperucita, en quien se aprecia signo de culpabilidad por no acompañar a su hija, conociendo los peligros del bosque.

Por todo lo antes dicho, se absuelve al Señor Lobo y se dispone además:

  • Apercibir a la familia de Caperucita, imponiendo a la abuela que
    se presente en el hospital que se designe, para su observación
    gerontológica.
  • A la madre, apercibirla para que cumpla correctamente con sus
    deberes de madre.
  • A Caperucita,
    • Trabajo comunitario en el zoológico para que pueda conocer
      plenamente la naturaleza y el instinto animal.
    • Indemnizará al Sr. Lobo a razón de 100 € diarios y ha de
      prepararle todas las tardes la merienda durante un año.
    • A pagar las costas del proceso.

Aclarar así mismo en el presente fallo que este proceso no afecta el buen nombre y honor del señor Lobo.

Publíquese, archívese, y téngase por firme el presente fallo.

Firmado y rubricado:

ALBERTO RUIZ-GALLARDÓN.

CuentoTerapia – El cuento de las herramientas

Este fue uno de los primeros cuentos que utilizamos para hablar del trabajo en equipo y de los elementos que acaban realizando una composición.

En un pequeño pueblo, existía una diminuta carpintería famosa por los muebeles que allí se fabricaban. Cierto día las herramientas decidieron reunirse en asamblea para dirimir sus diferencias. Una vez estuvieron todas reunidas, el martillo, en su calidad de presidente tomó la palabra.

– Queridos compañeros, ya estamos constituidos en asamblea. ¿Cuál es el problema?.

– Tienes que dimitir – exclamaron muchas voces.

– ¿Cuál es la razón? – inquirió el martillo.

– ¡Haces demasiado ruido! – se oyó al fondo de la sala, al tiempo que las demás afirmaban con sus gestos.

– Además – agregó otra herramienta -, te pasas el día golpeando todo.

El martillo se sintió triste y frustrado.

– Está bien, me iré si eso es lo que quereis. ¿Quién se propone como presidente?.

– Yo, se autoproclamó el tornillo.

– De eso nada – gritaron varias herramientas -. Sólo sirves si das muchas vueltas y eso nos retrasa todo.

– Seré yo – exclamó la lija –

– ¡Jamás!-protesto la mayoría -. Eres muy aspera y siempre tienes fricciones con los demás.

– ¡Yo seré el próximo presidente! – anuncio el metro.

– De ninguna manera, te pasas el día midiendo a los demás como si tus medidas fueran las únicas válidas – dijo una pequeña herramienta.

En esa discusión estaban enfrascados cuando entró el carpintero y se puso a trabajar.

Utilizó todas y cada una de las herramientas en el momento oportuno. Después de unas horas de trabajo, los trozos de madera apilados en el suelo fueron convertidos en un precioso mueble listo para entregar al cliente. El carpintero se levanto, observo el mueble y sonrió al ver lo bien que había quedado. Se quitó el delantal de trabajo y salió de la carpintería.

De inmediato la Asamblea volvió a reunirse y el alicate tomo la palabra:

– Queridos compañeros, es evidente que todos tenemos defectos pero acabamos de ver que nuestras cualidades hacen posible que se puedan hacer muebles tan maravillosos como éste.

Las herramientas se miraron unas a otras sin decir nada y el alicate continuo: “son nuestras cualidades y no nuestros defectos las que nos hacen valiosas. El martillo es fuerte y eso nos hace unir muchas piezas. El tornillo también une y da fuerza allí donde no actua el martillo. La lija lima aquello que es áspero y pule la superficie. El metro es preciso y exacto, nos permite no equivocar las medidas que nos han encargado. Y así podría continuar con cada una de vosotras.

Después de aquellas palabras todas las herramientas se dieron cuenta que sólo el trabajo en equipo les hacia realmente útiles y que debían de fijarse en las virtudes de cada una para conseguir el éxito.

CuentoTerapia – Caperucita Roja desde los ojos del Lobo (2)

Como ya expresé en otra ocasión podemos leer la realidad (contar una visión diferente) desde muchos puntos de vista.

He escogido como ejemplo del cuento Caperucita Roja y verlo desde los “ojos del lobo”.

Hace unos días estuve hablando con el Lobo de Caperucita que cómo sabes sigue encerrado, te transcribo la conversación que guardo como un tesoro en mi grabadora:

Mira Luis, estoy cansado, de veras estoy muy cansado, y quiero que sepas lo que pienso de esa “niña atroz”, me dijo, una tarde, el Lobo, y prosiguió. El bosque era mi hogar. Yo vivía allí y me gustaba mucho. Siempre trataba de mantenerlo ordenado y limpio.

Un día soleado, mientras estaba recogiendo las basuras dejadas por unos turistas sentí pasos. Me escondí detrás de un árbol y vi venir una niña vestida en una forma muy divertida: toda de rojo y su cabeza cubierta, como si no quisieran que la vean. Andaba feliz y comenzó a cortar las flores de nuestro bosque, sin pedir permiso a nadie, quizás ni se le ocurrió que estas flores no le pertenecían. Naturalmente, me puse a investigar. Le pregunte quien era, de donde venia, a donde iba, a lo que ella me contesto, cantando y bailando, que iba a casa de su abuelita con una canasta para el almuerzo.

Me pareció una persona honesta, pero estaba en mi bosque cortando flores. De repente, sin ningún remordimiento, mató a un mosquito que volaba libremente, pues también el bosque era para él.

Así que decidí darle una lección y enseñarle lo serio que es meterse en el bosque sin anunciarse antes y comenzar a maltratar a sus habitantes.

La dejé seguir su camino y corrí a la casa de la abuelita. Cuando llegue me abrió la puerta una simpática viejecita, le expliqué la situación. Y ella estuvo de acuerdo en que su nieta merecía una lección. La abuelita aceptó permanecer fuera de la vista hasta que yo la llamara y se escondió debajo de la cama.

Cuando llegó la niña la invite a entrar al dormitorio donde yo estaba acostado vestido con la ropa de la abuelita. La niña llegó sonrojada , y me dijo algo desagradable acerca de mis grandes orejas. He sido insultado antes, así que traté de ser amable y le dije que mis grandes orejas eran par oírla mejor.

Ahora bien me agradaba la niña y traté de prestarle atención, pero ella hizo otra observación insultante acerca de mis ojos saltones. Ya comprenderás que empecé a sentirme enojado.

La niña tenía bonita apariencia pero empezaba a serme antipática. Sin embargo pensé que debía poner la otra mejilla y le dije que mis ojos me ayudaban para verla mejor. Pero su siguiente insulto sí me encolerizó . Siempre he tenido problemas con mis grandes y feos dientes y esa niña hizo un comentario realmente grosero.

Se que debí haberme controlado, mi terapeuta siempre me dice que tengo que controlar mis impulsos, pero salté de la cama y le gruñí, enseñándole toda mi dentadura y diciéndole que eran así de grande para comerla mejor.

Ahora, piensa en lo siguiente: ningún lobo puede comerse a una niña. Todo el mundo lo sabe. Pero esa niña empezó a correr por toda la habitación gritando y yo corría atrás de ella tratando de calmarla.

Como tenía puesta la ropa de la abuelita y me molestaba para correr, me la quité pero fue mucho peor. La niña gritó aun más. De repente la puerta se abrió y apareció un leñador con un hacha enorme y afilada. Yo lo mire y comprendí que corría peligro así que salté por la ventana y escapé .

Me gustaría decirte que este es el final del cuento, pero desgraciadamente no es así. La abuelita jamás contó mi parte de la historia y no pasó mucho tiempo sin que se corriera la voz que yo era un lobo malo y peligroso. Todo el mundo comenzó a evitarme. Incluso intentaron cazarme y, al final, lo consiguieron.

No se que le pasaría a esa niña antipática y vestida en forma tan rara, pero si les puedo decir que yo nunca pude contar mi versión.
Ahora ya todos lo saben.

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