Lo liquido, siguiendo a Z. Bauman

Hace unos días caminando por los desiertos pasillos de la facultad sonó un ruido que me hizo recordar cosas de mi niñez. Sé por experiencia que un sonido, un olor, un pensamiento, un sentimiento, etc. puede ser el disparador de algo. En este caso el disparador me llevó a una aldea pequeña a unos doce kilómetros de La Coruña cuando mi abuela materna me intentaba, sin mucho éxito he de reconocerlo, explicar como sonaba un carro de bois vacío y lleno.

Sí, uno de esos carros del país, del que hace un par de años en un camino rural me encontré frente a él en el coche con mis nietos y pude explicarles, que yo, su abuelo, había montado mucho en ellos. Los ojos de mi nieto mayor se abrieron como dos grandes ventanales, y un ¿de verdad abuelo? salió de su garganta como no dando crédito a lo que le estaba diciendo. Recordar a mis abuelos es recordar toda una experiencia de vida que me ha marcado profundamente. De mi otra abuela he recibido la experiencia del trabajo constante y flexible de las labores que realizaban “las mandaderas” en las casas “bien”.

De mis abuelos mantengo siempre la imagen de dos personas que aún en bandos opuestos en la última guerra civil me enseñaron el valor de la palabra empeñada en mantener sus ideas, en construir un mundo mejor, en creer en la idea de progreso, en un futuro, … Y de pronto mis pensamientos se cortaron al ver a una alumna de segundo con mascarilla, sentada en el suelo y apoyada en un banco, escuchando a una profesora, y tomando apuntes en su mac. No pude por menos que comentarle que era mejor que se fuese a la cafetería en la terraza que estaría más cómoda, … me miró, y creo que me sonrió, … “no nos dejan”, fue su respuesta.

«No nos dejan», se me quedó grabado como si me hubiesen metido una puñalada en el ánimo. Más tarde hablando con una de las alumnas a las que este curso dirijo el TFG comentamos algunas cosas del día y día, cuando de repente me dice: “Jo, Luis, me dan pena”… “¿Quiénes?”, “Mi hermana que está en segundo, sus amigos, sus compañeros. No van a vivir la Universidad”.

Y de pronto “el carro de bois” volvió a resonar, no sé si lleno o vacío”.

Los que tenemos cierta edad hemos vivido, hemos mamado de nuestros mayores. La idea del progreso, esa idea que siempre iremos hacia un futuro, y un futuro mejor, que nuestra generación va a ser mejor, va a tener mas, va … hacia una sociedad mejor y más justa; parece que se está truncando. Nuestros principios eran sólidos, permanentes. Si hacíamos una carrera, si estudiábamos. y en el deber ser: estudiantes primaba sobre todo, conseguiríamos movilidad ascendente. Subiríamos en la escala social, tendríamos un trabajo para toda la vida (aunque yo no puedo ser ejemplo de esto, pero aunque profesionalmente de momento me he mantenido como hilo conductor, sí que he cambiado varias veces de profesión). Teníamos mores que nos hacían recorrer un trayecto reconocible.

Pero hete aquí que de pronto esas fronteras han dejado de ser paredes altas y con muros gruesos, y ni siquiera son ya mojones. Simplemente no hay frontera muy reconocible e igual en todos y cada uno de los ámbitos de la vida, y en todo caso la frontera se adecúa a lo que quiere la persona como unidad. Hemos pasado del nosotros, al yo. Volvemos al «panta rei», en la vida todas las cosas fluyen, se desplazan, se desbordan, se filtran y gotean, siempre por un periodo de tiempo limitado y sin ocupar un espacio concreto y definido.

Esto por esto que el filósofo y sociólogo Zygmunt Bauman adopta el concepto de “liquidez” como una alegoría de la naturaleza, que representa además una nueva fase de la historia humana. Todo lo que nos está pasando, y al mismo tiempo, lo que nos puede seguir pasando. ¿Y por qué la liquidez? Por que las “cosas líquidas” no se atan de ninguna forma al espacio ni al tiempo, son libres de fluir por donde quieran, pero siempre de manera momentánea.

El momento, la inmediatez es el signo de nuestro tiempo. Lo liquido es lo que nos va a impregnar todos y cada uno de nuestros instantes, todos y cada uno de nuestros roles. Tomemos por ejemplo el campo laboral: tenemos que ser flexibles y estar capacitados para cumplir diferentes funciones y movilizarse para enfrentarse a nuevos desafíos. Que os voy a decir a vosotros que vivís el mundo universitario, o el mundo escolar.

Un empleo ya no va a ser suficiente para crear una carrera profesional, es necesario experimentar distintas labores en diferentes puestos y compañías para poder aprender más y destacarse por sobre los demás. Hemos dado un paso más en la competitividad, estamos entrando en la era del individualismo, también determinante en el campo profesional. ¿Los equipos de trabajo? No tengo muy claro que se puedan mantener en los “tiempos líquidos”, porque la identidad personal será el santo y seña.

Hoy un compañero del mundo de las empresas del tercer sector que acababa de leer algo de Bauman para una ponencia me escribe y me preguntaba sobre esta frase que transcribo”: “Los cambios constantes y las exigencias cada vez más limitantes del mercado laboral atemorizan a los trabajadores, que no pueden seguir el ritmo vertiginoso de la Modernidad Líquida, quienes muchas veces quedan rezagados y no sirven como sujetos funcionales al sistema laboral actual”.

Mi contestación fue “siempre nos quedará la UTOPÍA”. Porque Bauman también dice: “La vida líquida es una sucesión de nuevos comienzos con breves e indoloros finales”. Y si ello es cierto el péndulo de la historia sigue su proceso.

No se si volverán, pero el sonido del carro del país era un sonido que vertebraba todo el territorio, incluso el de las siete provincias gallegas, pero esto, esto ya es otra historia.

Parlamento viene de parlar

beige concrete building under blue sky

La verdad es que la entrada de hoy iba a tener un tinte solo profesional, pero debido a diversas circunstancias personales que me han acontecido estos días he decido cambiar de rumbo. Esto se debe en parte a los comentarios recibidos sobre un tuit en el que criticaba, a mi entender, lo poco que están realizando su labor en el tema de la pandemia y la limitación de las libertades individuales que estamos padeciendo.

Estaba en mi debate interno de escribir o no escribir algo personal cuando a modo de justificación, el ínclito sujeto, me envió el dichoso “Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia”. Estaba a punto de enviar una respuesta tipo salida de tono, pero en el último momento me pude tranquilizar por motivos ajenos a mi voluntad, dicho sea de paso.
Cuando empezaba a escribir la respuesta sobre el susodicho Plan, por una asociación de ideas me vino a la mente algo que yo he vivido en mi niñez.

Mi familia materna proviene de una aldea de Galicia donde todos somos, todavía a día de hoy, parientes y contraparientes. Pues bien, en esta Parroquia que forma parte de un Concello cercano a La Coruña se conservaba la costumbre de hacer reuniones “no agro da igrexia” para debatir algunas cuestiones que afectaran a los parroquianos. Había dos momentos en los que hombres y mujeres estaban casi todos en el circulo do agro: cuando se debatía algún “tema de lindes” o cuando había que hablar de los “arbitrios”, el resto del tiempo iban solo los hombres.

En esos momentos se hablaba, ¡vaya si se hablaba!, la palabra (a fala) era el argumento, incluso se intentaba llegar a las manos. En esos momentos, mi tío abuelo ejercía de juez de paz, sin serlo. Lo respetaban porque era el más leído, … siempre lo admiré como “facilitaba” la comunicación, intentaba que se llegara a acuerdos. Porque si no se llegan venían nubes negras. Alguna vez me dijo: “haiche que falar se non, non temos callos”. Se refería a que en la fiesta del Carmen la familia no se iba a juntar y no habría el plato típico de la reunión: callos.

Hablar, sobre todo cuando aquello nos compete, nos ocupa, o nos preocupa. Pero este principio parece que se ha obviado en este momento. El famoso Plan tiene en sí una serie de medidas que nos van a tocar a todos, pero no han sido puestas blanco sobre negro y tampoco nuestros parlamentarios, no han “parlamentado” sobre ello. Y sobre todo en aquello que más repercute, en nuestros arbitrios, y en cómo se los quiere utilizar.

Hecho de menos que nuestros parlamentarios hablen de verdad de lo nuestro, de lo que realmente significa la política económica que se nos viene encima. No he oído a ninguno de ningún partido hablar del impuesto verde (traducción pagaremos más todos, y no los ricos, por utilizar la energía, los carburantes, la alimentación, …) o que se beneficie más a un corredor, dejando de lado una vez más al Central. ¿Dónde están los parlamentarios de Aragón?.

Al parlamento se va a parlar, a debatir, a quedar mal con el partido, con la familia porque el bien común debe ser la máxima. Pero mientras se cumpla inexorablemente la ley de hierro de la oligarquía, mientras no haya una auténtica democracia interna en los partidos, una camarilla, un grupito, seguirá haciendo de las suyas y sin atender al bien común, nuestros parlamentarios se olvidan que hablan por todos nosotros y que su escaño depende de nosotros, es con nosotros con quienes tiene que dialogar para luego llevar nuestra voz al parlamento.

Mientras piensen que su escaño es del partido se olvidarán de los imperativos categóricos, aquellos que representan una acción por sí misma como objetivamente necesaria, sin referencia a ningún otro fin, “es el debes hacer”, en este caso hablar para convencer, para construir un nuevo relato al que nos quieren vender: para cuadrar las cuentas no solo hay que subir impuestos, a lo mejor es el momento de ver “el chocolate del loro” porque creo que “el loro ya está diabético con tanto chocolate”, se puede y se debe plantear el debate (el parlamento) sobre la eficacia y la eficiencia de algunas de las medidas, instituciones, institutos, observatorios, etc que nos hemos ido dando.

PD
Aprovecho para indicar las fórmulas del Imperativo Categórico:

Fórmula de la ley universal

  • «Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal»

Fórmula de la ley de la naturaleza

  • «Obra como si la máxima de tu acción debiera tornarse, por tu voluntad, ley universal de la naturaleza»

Fórmula del fin en si mismo:

  • «Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio»

Fórmula de la autonomía:

  • «Obra como si por medio de tus máximas fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de fines»

Despejar la mente

Suelo recibir cadenas de «pensamientos positivos», «autoayuda», etc. Depende del día las miro y otras veces las dejo pasar, la que me ha llegado hoy me parece justo compartirla porque puede ayudar a cambiar el foco que tenemos en nosotros mismos. Cómo dice la cadena podemos rediccionar nuestra mente:

  1. ¿Es peor fracasar o no intentarlo nunca?
  2. Si pudieras cambiar una cosa del mundo, ¿qué sería?
  3. ¿Realmente crees que tu trabajo es una vocación, o simplemente te estás conformando?
  4. Si pudieras ofrecer un consejo a un niño, sabiendo que lo va a seguir, ¿cuál sería?
  5. ¿Qué te impide hacer la única cosa que realmente quieres hacer?
  6. Si tuvieras que mudarte a otro país además del que vives actualmente, ¿adónde irías y por qué?
  7. ¿Has sido el tipo de amigo que querrías como amigo?
  8. ¿Por qué estás más agradecido?
  9. ¿Tiendes a basar tus opiniones en cómo te sientes o cómo piensas?
  10. ¿Prefieres hacer un trabajo que te guste o un trabajo que te proporcione un buen ingreso?
  11. ¿Cómo tratas de hacer que cada día cuente?
  12. ¿Cuál es la diferencia entre sentirse verdaderamente vivo y sólo vivir?
  13. ¿Cómo cambiaría tu vida si fueras rico además de poder adquirir un montón de posesiones?
  14. ¿Cuándo fue la última vez que te concentraste en tu respiración?
  15. Cuando tienes tiempo a solas, ¿qué haces? ¿
  16. ¿Qué acciones has tomado en una causa que es importante para ti?
  17. ¿A quién amas realmente en tu vida? ¿Cómo ha demostrado esto recientemente?
  18. Cuando cometes un error, ¿cómo te tratas?
  19. ¿Qué estás haciendo para entenderte mejor a ti mismo y tu lugar en el mundo?
  20. Cuando vives tu vida, ¿tú tomas realmente las decisiones o alguien más las toma por ti?

Tómate un tiempo y descansa

Odia el delito y compadece al delincuente

Muchas veces he escuchado la frase “odia al delito y compadece al delincuente”, poniendo el acento en esta última parte de la misma, en consonancia con las teorías del conflicto que reconocen no ya la influencia de factores sociales, junto con individuales, del delito, como se hacía en lo que denominaríamos “sociología criminal”, al estilo de Enrico Ferri, sino que ponen el acento en afirmar que el crimen, el delito, ya no es una patología individual, sino un “resultado social”: pues sería la sociedad la que, a través de diversas fuentes, produciría criminalidad, y esta producción constituiría un rasgo patológico que se presenta bajo diversas maneras de (des)organización o de estructuración social”.

La sociedad sería “la culpable”, puesto que las causas del crimen deben ahora buscarse en ciertas condiciones de la dinámica o de la estructura social. Con lo que habría que poner el acento en “compadecer al delincuente”.

¿Esto es lo que quería decir Concepción Arenal? Para mí creo que no, sobre todo si leemos el párrafo completo en el que está inserta la máxima anteriormente mencionada. Lo primero que es importante señalar es que la citada frase se encuentra en el Pauperismo (1897), que podríamos denominarlo como “un ensayo de economía social” (exactamente en el capitulo XV que lleva por título: “El delito y el crimen”) y no en sus grandes ensayos sobre el delito y el delincuente.

La cita completa es reveladora de lo que la reformista social intenta explicar:

“Sólo teniendo patrocinadores en todas las clases, el que sale de presidio hallará patrocinio en la opinión, único eficaz y que puede verdaderamente coadyuvar a su buen propósito y dejar sin excusa su reincidencia. Hay que recordar y poner en práctica aquella máxima de odia el delito y compadece al delincuente, a la cual puede añadirse: si está arrepentido, ámale y protégele: el odio al delito conviene afirmarle; conviene comprender que en el sentimiento de repulsión que inspira el presidario hay una parte legítima, la aversión a la culpa, y otra que es necesario modificar, la hostilidad hacia el culpado, que le persigue sin descanso ni piedad, haciéndole imposible la vida social como los demás hombres. Algunos tomen que la tolerancia con el delincuente se extienda al delito, pero la historia desvanece este temor. Los pueblos que más han odiado a los delincuentes son los que odiaban menos los delitos, puesto que en ellos se cometían con mayor frecuencia y crueldad, y cualquiera, sin más que observar alrededor de sí, notará que las personas mejores, es decir, las que tienen más odio a la culpa, son las que se compadecen del culpable y procuran corregirle y ampararle. Y no puede ser de otro modo. ¿El ideal de la perfección, a que nadie puede llegar, pero a que los mejores procuran aproximarse, al par que la suma pureza, no es la misericordia infinita? Comprendamos y hagamos comprender al obrero cuán hermosa es la acción de patrocinar al penado para que no reincida; su odio al delito crecerá a medida que vea sus consecuencias, procure que no se repita y que, lejos de rebajarse, se eleva y ennoblece acercándose al caído para levantarle.”

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-pauperismo–0/html/fefa159a-82b1-11df-acc7-002185ce6064_9.html#I_11_ )

Concepción Arenal está poniendo el acento en lo que hoy denominaríamos como reinserción social, y, tal vez, en la imagen social de la persona que comete el delito.,

Es decir que pone a la sociedad, especialmente a la gente trabajadora, constructores esenciales de ella, en procurar que aquellas personas que hayan cometido un delito, pero que intenten reconstruir su vida y entorno, en “ampararlas y protegerlas”.

A mi juicio,estamos hablando de solidaridad si bien esto exigiría un mejor estudio de la cuestión, que califica y transciende al de fraternidad.

En esto estaría de acuerdo con otros autores del campo de la sociología que piensan que la delincuencia no es simplemente un conglomerado de actos individuales, sino que, en gran parte, se aprende en la asociación con otros; igual que otros valores, las normas y pautas de conducta son adquiridas.

Si construimos, o al menos lo intentamos, una sociedad en la que pongamos el acento sobre la persona que asume su responsabilidad y que pretende mejorarse y mejorar, construiremos lazos de esperanza y de cambio, o como dice nuestra Concepción Arenal:

“Comprendamos y hagamos comprender al obrero cuán hermosa es la acción de patrocinar al penado para que no reincida; su odio al delito crecerá a medida que vea sus consecuencias, procure que no se repita y que, lejos de rebajarse, se eleva y ennoblece acercándose al caído para levantarle”.

Ver la anterior cita

El conflicto y un cuento de Cunqueiro.

Durante las sesiones de formación en gestión de conflictos llega el momento de definir el término conflicto. Pero antes suelo tratar que los participantes intenten revisar sus creencias (y expectativas) sobre «el conflicto», o lo que creen conocer sobre él.

Suelo advertirles que las expectativas, las creencias, lo que esperamos encontrar en toda investigación influyen en la búsqueda, en el resultado final: en lo encontrado. Y muchas veces son un refuerzo a nuestras creencias o ideas previas.

En la sesión de esta semana andaba yo un poco aturdido y espeso a la hora de encontrar algún ejemplo, y entonces una participante que sabía que yo era gallego me regaló lo siguiente:

Álvaro Cunqueiro, escritor y poeta gallego, fallecido en 1981, cuenta en su libro «Tesoros y otras magias» la siguiente historia, cargada de hondos y hermosos significados.

“Esta es la historia, dice, en la que hombre, que sabía que había un tesoro en un lugar llamado Penabranca y no encontrando el sitio, compró una fanega de monte y en la escritura le puso Penabranca, y le pedía a todos que le llamasen Penabranca al lugar y, pasados algunos años y cuando ya lo de Penabranca estaba en todos y nadie le llamaba de otra forma, fue allí y encontró un tesoro. El tesoro de Penabranca que él sabía que había en Penabranca”.

Si utilizamos el cuento como metáfora para ver y adquirir nuevas perspectivas, abrirnos a nuevas realidades, a nuevas maneras de abordar y manejar el tema del conflicto, y sus formas de resolución, entonces el tesoro está ahí, y podremos lograrlo.

¡Buena caza del tesoro

 

Cuarenta años de Constitución

Se acaba el día aunque quedan algunas horas para cerrarlo del todo. Cada quien se habrá quedado con una u otra imagén, o con cualquier anécdota. Pero lo importante es que bajo este paraguas llevamos cuarenta años viviendo con «cierta paz».

Es cierto que queda mucho camino por recorrer, mucho sendero que explorar y cumbres que alcanzar pero por lo menos tenemos unos mojones por los que guiarnos, por los que transitar. Cierto que los podemos alterar, pero también es cierto que si no los mantenemos, al menos como mojones, tarde o temprano cambiar las reglas del gran juego puede devenir en cierta tragedia. Quedan las otras reglas, las que puedan crear nuevas expectativas y realidades de equidad, y de transformación de las grandes desigualdades, que están construyendo una dualización de la sociedad. Esas nuevas reglas las tenemos que pactar entre todos.

No podemos dejar que los palabreros sigan construyendo sus nuevas viviendas, incluso en los caminos reales. Para seguir viviendo en dachas, apartados de los ciudadanos, porque lo hacen para mantener todo igual, dando la apariencia que se está transformando algo.

La gran lección que nos dieron los hombres y mujeres que pactaron la Constitución fue esa, la encontrar la manera de dialogar y construir, pero para cambiar lo más. Nos guste o no estamos aquí porque ellos lo hicieron. Busquemos las nuevas sendas para construir un poco más la comunidad humana.

Arendt

 

Sociología del Conflicto más que nunca

A raíz de los últimos intercambios que he mantenido en las redes sociales sobre el tema de los lazos de plástico amarillos, esos que en algunas ciudades del otrora Reino de Aragón han «florecido», y la virulencia con que he recibido algunos comentarios, me viene a la memoria lo que aconteció en el tribunal de tesis doctoral de Julien Freund.

Al concluir la exposición uno de los profesores del tribunal, Jean Hyppolite, sólo pudo expresar su abatimiento:

¡Si usted realmente tiene razón, no me queda mas que cultivar mi jardín!.

A lo cual Julien Freund respondió:

Como todos los pacifistas, usted piensa que debe ser usted quien designe el enemigo. Sin embargo, es el enemigo quien se lo identifica. Y si él quiere que usted sea su enemigo, usted ya puede hacer que las mejores propuestas de amistad. Mientras él quiera que usted sea su enemigo, lo será. Y él tratará de evitar que usted cultive su jardín.

Gracias profesor por recordarme algunas cuestiones fundamentales para mantener la paz de espíritu y sobre todo por mentarme los cafés de discusión sobre la «teoría de los cristales rotos».

A vueltas con la libertad

… a nosotros nos basta hacer constar que si todos fueran, se sintieran y se supieran iguales, no se discutiría acerca de la igualdad, viviríamos sin afirmarla ni negarla, sin notarla; no habría idea de ella, como no existiría la de salud si no se hubieran visto vivientes enfermos ni se concibiera que pudiesen estarlo, Anterior, posterior o simultánea, negación o afirmación de semejanzas o de diferencias, la igualdad y la desigualdad coexisten de tal manera, que no puede concebirse la una sin la otra, y que el estudio de cualquiera de ellas es el estudio de entrambas.

Referencia en Bibtex
@Misc{BVMC:228690,
author = {Arenal, Concepción},
title = {La igualdad social y política y sus relaciones con la libertad},
publisher = {Alicante : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 1999},
year = {1999},
url = {http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcf18v8}
}

Culpabilidad

Durante un tiempo he estado trabajando junto con una religiosa extremadamente escrupulosa que mantenía una situación de la que, en principio, parecía no poder salir. Y entonces me he acordado de Dyer. El pasado ya pasó, el futuro vendrá, pero el presente está aquí.

“La culpabilidad no es sólo una preocupación por el pasado; es la inmovilización del momento presente en aras de un suceso del pasado. Y el grado de inmovilización puede abarcar desde una pequeña incomodidad hasta una severa depresión. Si simplemente estás aprendiendo lecciones de tu pasado, y prometiéndote evitar la repetición de algún comportamiento específico, eso no se llama culpa. Experimentas culpabilidad sólo cuando este sentimiento te impide actuar ahora porque antes te comportaste de una cierta manera. Aprender de tus equivocaciones es una parte sana y necesaria de tu crecimiento y desarrollo. La culpabilidad es malsana porque gastas inútilmente tu energía en el presente sintiéndote molesto y deprimido a causa de un acontecimiento ya histórico. Y eso es tan inútil como malsano. No hay culpabilidad por grande que sea, que pueda resolver un solo problema.”

Dyer, W.

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