Teoría como modelo

Patterns

A veces me encuentro con preguntas como las que vienen a continuación:

¿Por qué tengo que estudiar el capítulo de este libro?

¿Por qué tenemos que leer tal artículo?

Ya leeremos a …

¿No es mejor que nos expliques como lo haces, lo otro no nos importa?

Ya somos graduados en psicología, sociología, trabajo social, educación social, etc. Eso ya lo vimos.

Preguntas de alumnos en alguna sesión.

Es verdad que muchas veces se viene a un taller, un seminario, un curso, etc para aprender tal o cual técnica, pero cuando se explica el origen o la teoría que hay detrás de esa práctica, comienza un rurun que no tiene freno. Hay cierta resistencia, en algunos de los participantes para que se les hable sobre la teoría. Por eso yo les suelo explicar algo como lo que viene a continuación.

Un modelo es un artificio conceptual empleado para invitar a la investigación empírica y proporcionar un marco de referencia para comprender los sucesos observados. Utilizar modelos significa pensar mediante analogías. En este caso, la teoría de los sistemas se tomó prestada de otras ramas cien tíficas con el fin de probar su eficacia como instrumento para analizar lo que sucede en las familias, o en las organizaciones.

El psicólogo, el psicologo social , el sociólogo, el educador, el trabajador social, está interesado en la teoría de los sistemas con el fin de analizar la familia, las organizaciones, etc., pero no le interesa modificar la teoría de los sistemas sobre la base de tales análisis. Dado que la conceptualización fluye enteramente desde el nivel conceptual al empírico, un modelo se elige únicámente en virtud de su valor heurístico o instrumental (Marx). (Es aquí cuando les indico que yo llegué al encuentro de la sistémica a través de la terapia familiar, pero que luego me ha servido de base para analizar otras realidades)
Un modelo organiza el pensamiento de un profesional o de un investigador acerca de los fenómenos que está observando, en este caso, las familias (muchas veces este discurso se lo hago a estudiantes de magisterio y les indico que en este caso la unidad de análisis es la escuela). Así, la teoría de los sistemas puede guiar y organizar la investigación acerca de la familia (escuela) como un tipo de organización. También puede emplearse para guiar y organizar las medidas tomadas por la familia, o por el personal escolar, con el fin de mejorar el funcionamiento de la familia (escuela). (En este caso recordando a Virginia Satir les digo que el terapeuta debe convertirse en un elemento más del sistema familiar y aparecer como un modelo al que pueden tener como referencia los diversos miembros de la familia) (1)

Siempre debe tenerse presente que un grave error, que se produce en el uso de los modelos, consiste en olvidar que, en el mejor de los casos, un modelo representa sólo una parte de los fenómenos estudiados. A menudo los psicólogos (psicologos sociales, sociólogos,…) generalizan demasiado los modelos creyendo que representan más de lo que son. (2)

(1) Tomo de un modo nada literal las visiones, disposiciones, consejos, instrucciones, etc. que hace al terapeuta Virginia Satir, en el libro Psicoterapia Familiar conjunta. Manejo la segunda edicción de la Prensa Médica Mexicana, 1980.

(2) Recordemos que el mapa no es el territorio.. Y que un modelo te sirve para dar explicación y te ayuda a intervenir…

“Adultos que habilitan” versus “adultos tapón”

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La semana pasada falté a la cita de escribir una nueva entrada, querría haber escrito sobre adolescencias y familias, que últimamente están llegando a consulta. Pero me he detenido porque he estado leyendo un libro sobre adolescencia que me recomendó un amigo uruguayo y me lo estoy pasando divinamente con él. Lo tengo en versión digital y lo cito a continuación.
Transcribo un apartado que lleva por título el titulo del presente post.

En una empresa familiar todo lo maneja el abuelo, el fundador, un venerable y vigoroso anciano que hace sesenta años instaló una tienda que durante tres generaciones prosperó, dio sustento y orgullo a varias familias numerosas. Sus hijos, y ahora sus nietos, conviven en el negocio familiar sin roles claros. Todos son dueños, pero al mismo tiempo ninguno lo es. El abuelo fundador los alienta a que tomen decisiones, pero la última palabra la tiene él. Son jefes, pero no lo son. Los incentiva a que incorporen tecnología, pero cuando lo hacen, la rechaza. Los critica por timoratos, por inmaduros, y hasta por inservibles: «¡Todo lo termino haciendo yo.!» – dice al que quiera escucharlo – «Son unos inútiles.»
Las dos generaciones de descendientes, como es obvio, no toman demasiado bien los comentarios del abuelo. Los alienta a crecer pero no se los permite. Les pide madurez pero los trata como a niños inmaduros. El doble discurso es, francamente, irritante, pero no es fácil confrontar al venerable patriarca, el inventor del negocio.
En una consulta psicológica familiar, el nieto más chico, el más díscolo, el mandadero de la tienda, consigue reunir a las tres generaciones. Como casi siempre, el emergente del grupo es el que ve los conflictos más claramente: tres hijos, siete nietos, y el patriarca, reunidos. La sesión es todo un riesgo, pero con el nieto menor, un muchacho de 19 años, decidimos asumirlo. Parecía la única manera de aclarar las cosas.
«Yo no entiendo qué tenemos que hacer acá, pero claro, ustedes los jóvenes con tal de no trabajar hacen cualquier cosa», arranca, sin anestesia, el abuelo. Con un poco de dificultad le explicamos que el encuentro se hace para que se pongan de acuerdo. Para organizarse, repartir tareas, delegar, que todo eso es bueno para la empresa. El abuelo no está interesado en nada. “Mariconadas”, les llama. La indefinición de actividades y roles, el caos, el no crecimiento de ninguno de sus herederos permiten que el patriarca siga manejando todo a su antojo. Nadie se anima a decírselo. Temen que si se enoja pueda tener un quebranto de salud. Una mezcla de respeto y miedo les impide enfrentarlo.
Pero el más chico de todos se anima, se lo dice muy directamente: «Abuelo yo te quiero, sos mi ídolo, pero si no te jubilás de una vez, nos estás cagando la vida a todos.»
Fue como una bomba atómica. Nadie se había animado nunca a decir algo tan directo, pero todos lo sentían. Era un secreto a voces que la tranca para el crecimiento de la empresa familiar, y para cada uno de sus integrantes en particular, era la actitud cuasi despótica del fundador, atornillado en su lugar, no cediéndole un centímetro de espacio a nadie. Y, aunque parezca mentira, el abuelo sí pudo escuchar la verdad, dicha nada más y nada menos que por el mandadero.
La historia fue un poco más larga, la empresa terminó siendo reestructurada, y el abuelo jubilado. No todos quedaron contentos, pero el proceso de crecimiento de cada integrante de la familia en mayor o menor grado se destrancó. Dos generaciones de una familia funcionando casi como adolescentes por una actitud equivocada de quien justamente debería promover sus crecimientos. ¡Caramba!
Uno trae hijos al mundo para educarlos, y los educa para que crezcan, se supone. En muchísimos casos, por distintas causas, se hace lo contrario. Las adolescencias estiradas e interminables, muchas veces, son productos de adultos “tapón”, como el veterano fundador de la tienda. ¿En una sociedad envejecida como en la que vivimos, cuánto de la inmadurez de los muchachos y de muchos adultos se la debemos a los “tapones” de generaciones anteriores?

Tomado de: Alcuri, Alvaro. Adolesceeeencia (Spanish Edition) . Penguin Random House Grupo Editorial Uruguay. Edición de Kindle.

Buenas reflexiones. Buen trabajo

¿Existe o no existe la terapia sistémica?

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Hacia el final del segundo año de entrenamiento en terapia familiar de enfoque sistémico una de nuestras profesoras nos lanzó un desafío. Reflexionar sobre si existe o no existe la terapia familiar. Nos dio un papel a cada uno de nuestro grupo y nos dividió en dos bandos: uno tendría que defender la existencia y el otro negarla.
A la vuelta de las tres semanas teníamos que defender nuestras posturas. Cuando llegamos al sitio donde realizábamos nuestro entrenamiento nos encontramos con una frase en el rotafolio (o papelógrafo): “La terapia sistémica no existe. Más bien habría que entenderla como amplio concepto general que engloba una multiplicidad de modelos, que a su vez, pueden ser muy heterogéneos” (LIEB).
“Mi gozo, en un pozo”. Nuestro grupo había trabajado mucho para demostrar la existencia, vimos la primera parte de la afirmación y no nos quedamos con la segunda. Es verdad que si se quiere hacer una historia de la terapia familiar vas a encontrarte con múltiples dificultades porque siempre te vas a quedar con algún modelo fuera del trabajo que realices. Siempre hay múltiples intersecciones y además los modelos no son “puros”, ni se propagan como tales porque el terapeuta es el medio y la competencia, o competencias, de este terapeuta se van a adquirir de muchas y variadas maneras, de muchos profesores y profesoras que de una u otra manera van a influir en su práctica diaria. También, en base a su experiencia, podrá a prueba un modelo y se quedará, con algunas cuestiones básicas, o se distanciará de ellas.
Pero aún así podemos acercarnos a modelos que han influido en mayor medida en el mundo de la terapia familiar de enfoque sistémico. El mayor mérito de la terapia familiar estructural de MINUCHIN consiste en haber tematizado en su modelo la importancia de los límites y las estructuras. Así para los que trabajamos con adolescentes y sus familias sigue siendo muy útil preguntarnos por las relaciones que existen entre los subsistemas de los padres y el de los hijos, o si los límites son claros o imprecisos. Y mucho más en los nuevos modelos de familias que estamos viendo a diario. Además este modelo nos invita, lo mismo que ellos, a revisar sistemáticamente el trabajo que realizamos y desarrollar nuevas alternativas en el trabajo con este tipo de familias.

“El concepto inultigeneracíonal que formuló Boszormeyi-Naqgy y que Stierlin (por ejemplo, 1975) reelaboró como concepto de delegación e individuación referencial introdujo en la terapia sistémica la perspectiva de buscar, más allá de los acontecimientos actuales, el modo en que la conducta, la vivencia y los síntomas generan sentido si se examinan los legados de generaciones anteriores y se plantea la pregunta de en qué medida se han cumplido o era posible cumplirlos”.

Von Sclippe

Satir haber indicado, en una fase en la que se había descuidado bastante el individuo y la relación terapéutica, que la autoestima de una persona es indispensable para una comunicación armónica y que, por consiguiente, fa confianza en la relación terapéutica es un componente esencial del proceso de cambio. En la actualidad, el método de la escultura familiar atribuido al enfoque orientado a la vivencia sigue siendo útil en el trabajo sistémico.
Whitaker subrayó la importancia del juego creativo. Su muy poco ortodoxa forma de trabajo aún es un ejemplo de cómo pueden superarse de forma creativa y eficaz los límites impuestos por las teorías. Recientemente un grupo de alumnos siguiendo a este terapeuta han puesto en marcha un trabajo con un juego de cartas (Dixit -https://www.amazon.es/Asmod%C3%A9e-Libellud-200706-Dixit-ilustradas/dp/B001OH9EDW-) que está dando buenos resultados con los jovenes y adolescentes con los que están trabajando.

La terapia familiar estratégica es desarrollada en la década de los 50 principalmente por Jay Haley, creía que era más importante que los pacientes resolvieran sus problemas de inmediato en lugar de comprender el por que de ellos. El modelo estratégico utiliza para sus intervenciones directivas planificadas deliberadamente por el terapeuta, las cuales constituyen su principal técnica terapéutica. No se hace hincapié en el insight o la comprensión, ni se formulan interpretaciones. Por tanto, al focalizarse el problema presentado, esta terapia no está orientada al crecimiento personal ni se preocupa por el pasado; el acento está puesto en la comunicación en el presente. Las directivas pueden ser directas o paradójicas; sencillas o complejas. El primer paso para su impartición es motivar a la familia a que la acate, por lo que deben ser muy precisas, para que surtan el efecto deseado.

¿Y el modelo de Milán? ¿Y la cibernética de segundo orden? ¿y …?. Lo dejaremos para otras entradas del blog.

#BuenTrabajo

#espaciodepensamientosistemico

#mediacionsistemica

#SiempreHayunaAlternativa

La teoría del «doble vínculo»

landscape sunset field summer

Esta historia que voy a contar supongo que a muchos de los que nos hemos formado en sistémica nos resultará familiar. Pero hoy hablando con una persona que está haciendo prácticas en el despacho le ha llamado mucho la atención y me pide que la suba a la red para que pueda ayudar a otras personas interesadas en el pensamiento sistémico.

Cuenta Virginia Satir que le enviaron una paciente esquizofrénica de veintiséis años, a la que ya habían tratado sin éxito varios terapeutas. Al cabo de seis meses, cuando empezaban a notarse progresos en la terapia, llamó de repente la madre de la muchacha y amenazó a SATIR con presentar una demanda por «distanciamiento afectivo». Cuenta SATIR: «Por alguna razón, aquel día escuché dos mensajes en la voz de la madre: una amenaza verbal y una petición no verbal.

Decidí ocuparme de la petición y no hacer caso de la amenaza La invité a venir a verme, cosa que por aquel entonces era sumamente inusual. Sin embargo, la mujer aceptó la invitación. En el primer encuentro conjunto con la madre y la hija, a SATIR le llamó la atención que la paciente volviera a comportarse como en los primeros días de la terapia y trabajó un nuevo equilibrio con las dos. La pregunta por el padre condujo al siguiente paso en la ampliación del setting (entendido como el entorno en un sentido muy amplio). El comentario de SATIR al respecto refleja muy bien el clima que reinaba entre los especialistas: «En aquel tiempo los padres no se consideraban realmente como parte de la vida emocional de una familia, por ese motivo los terapeutas no solían pensar en ellos».

Cuando llegó el padre, SATIR experimentó un nuevo shock: «Tanto lamadre como la hija estaban en el mismo punto donde habíamos empezado». Si al comienzo había prestado atención al aspecto intrapsíquico de la hija y en el siguiente paso había percibido en la comunicación entre madre e hija importantes aspectos de la teoría de comunicación formulada años más tarde, ahora había descubierto el aspecto estructural del sistema, la tríada: alianzas, coaliciones, inclusión de un tercero en un conflicto oculto, etcétera. Al cabo de un tiempo, incluyó también al «hermano perfecto» (en ootros casos puede ser «la hermana princesa») de la paciente y trabajó con toda la familia un equilibrio que permitió finalizar la terapia con éxito.

En la década de 1950y1960, fueron sobre.todo tres institutos los que impulsaron el desarrollo mediante investigaciones sobre la esquizofrenia.
En la Upiversidad de Yale trabajaba un equipo dirigido por THEODORE LIDZ. En el National Institute for Mental Héalth (NIMH) de Washington investigaban LYMAN WYNNE y sus colaboradores. En Palo Alto se creó el MRI ecto BoorN 1981), fundado en 1959 por DON D. JACKSON, ]ULES RISKIN y VIRGINIA SATIR y en el que más tarde trabajaron, entre otros JAY HAlEY, PAUL WATZLAWICK, JOHN WEAKLAND y RICHARD FISCH (los primeros trabajos del MRI están recopilados por BATESON y otros 1969). Este instituto suscitó especial atención por los estudios sobre la esquizofrenia en el contexto social y en particular, por la teoría. del «doble vínculo».

¿De qué hablamos cuando hablamos de «doble vínculo»?

En primer lugar; una condición básica es que exista una relación estrecha de gran importancia para todos o algunos de los implicados (por ejemplo, para el hijo de una familia, pero también en otros contextos como la psicoterapia, la dependencia material, la enfermedad, etcétera). Al mismo tiempo, dicho contexto se caracteriza por cierta tensión, como la que conlleva
una «expectativa de castigo»: un contexto de aprendizaje que se basa más en evitar el castigo que en esforzarse por alcanzar la recompensa. En esta situación de tensión, una persona se ve expuesta a un mensaje paradójico o a un mandato paradójico. Paradójico, porque contiene dos señales incompatibles -por ejemplo, cuando alguien, apretando los labios, dice:
«¡Claro que te quiero! ¿O es que no lo sabes?».

Sea cual sea el lado del mensaje ante el cual uno reaccione, siempre cabe esperar un castigo. Los mandatos de acciones paradójicas se refieren a una conducta que es imposible efectuar, porque sólo puede surgir de forma espontánea:

«¡Quiero que te acerques a mí y me demuestres que me quieres!». O bien: «¿De qué me sirve ahora este ramo de flores? Sólo me lo has traído porque ayer te dije que nunca me regalabas flores. ¡Tendría que ser algo voluntario, espontáneo!».
Esta comunicación debe presentar otros tres aspectos:

  • la prohibición de hablar sobre la situación (la metacomunicación se ha convertido en un tabú),
  • la prohibición de salir de la situación y
  • la omnipresencia de esta forma de comunicación, que crea la expectativa habitual de un «universo paradójico».

Según los autores de la teoría, en tales condiciones existe un contexto en el que es probable qüese produzca la. comunicación esquizofrénica (según BATESON y otros 1969, WATZLAWICK y otros 1969). La teoría del «doble vínculo» tuvo gran importancia en el desarrollo de la terapia de familia, pese a que hasta hoy sigue siendo discutida, aún no ha sido empíricamente demostrada y puede que tampoco sea demostrable (OLSON 1972).

La teoría de los cristales rotos

nature forest waves trees

La teoría de los cristales rotos, también se la puede ver denominada como la de los videos rotos, ventanas rotas, …, fue propuesta allá por el año 1.969 por el profesor Philip Zimbardo de la Universidad de Stanford (EE.UU.).
Partió de un ejercicio tanto en Bronx de Nueva York como en un barrio de
Se basó en un peculiar ejercicio que se realizó tanto en el barrio Palo Alto, en California, como en el Bronx de Nueva York. El ejercicio consistió en abandonar dos autos idénticos (misma marca, modelo y color).
El barrio de Palo Alto era una zona rica y tranquila, atendiendo a la seguridad, el del Bronx era de altos índices de pobreza e inseguridad, en aquel momento.
¿Qué era lo qué se quería estudiar? . Las conductas de la gente frente a dos situaciones muy similares, con elementos circundantes bien distintos y diferentes. Todo esto bajo el paraguas de la psicología social y atendiendo al estudio de las conductas de las poblaciones.
Resultado
A las pocas horas de ser abandonado, el auto del Bronx comenzó a ser “desvalijado”: perdió los espejos retrovisores, el radio, sus llantas, el motor y hasta los “asientos”.
Cuando todo lo de valor ya no estaba en el auto, era un casi un esqueleto, … vandalizado, y al final destruido y quemado.
Mientras ¿qué pasaba con el de Palo Alto? Se mantuvo intacto, con polvo y con hojarasca cubriéndolo, pero intacto.
Llegados a este punto muchos de los que me estáis leyendo pensareis que es lógico que esto pasara. Vamos que es normal y habitual en dos barrios “tan diferentes”, alguno de los investigadores también opinaban así y su conclusión era que en un barrio inseguro ocurren estas cosas porque no existe presencia de autoridades que pudieran imponer su autoridad, su fuerza.
Pero la cosa se puso interesante cuando uno de los miembros del equipo propuso un pequeño, pero sutil cambio. Y ahora la cosa comienza a ponerse interesante.
Se decidió romper una ventana del auto ubicado en Palo Alto y observaron que se desató un proceso muy similar al del Bronx. ¿Cómo?
La secuencia de hechos fue muy similar una vez rota la ventana también se dio el saqueo y un vandalismo similar que dejaron el auto en condiciones deplorables. No, no lo quemaron pero lo dejaron en el armazón.
Y surgió la pregunta: ¿Por qué una ventana rota en un auto abandonado, en un vecindario aparentemente seguro, es capaz de disparar toda una serie de procesos delictivos?
De las distintas respuestas comenzaron a surgir varias respuestas que hasta el día de hoy siguen presentes en las diversas conversaciones establecidas entre los que se la plantean.
Pero lo que cabía afirmar que no se trata solo de pobreza, de poca presencia de autoridades o de sensación de inseguridad.
¿Entonces?
Tiene algo que ver con el comportamiento humano, con las interacciones sociales, con las relaciones mismas, en definitiva, con la psicología. ¿Solo? Parece ser que no que estamos también hablando de la figura y el rol de la autoridad, la percepción de lo que está o no bajo control, o de que al menos todo se gestiona, se monitorea, se evalúa y se administra.
La pregunta del millón: ¿La ventana rota de un auto abandonado transmitió una idea de deterioro, desinterés y despreocupación?
Lo que si es interesante lo que transmite el cristal roto en un coche abandonado: despreocupación, desinterés y, sobre todo, deterioro, lo que crea un sentimiento de ausencia de leyes y normas. Es decir, un sentimiento de que todo vale.
¿Será que elementos como la ausencia de leyes, de normas y de reglas, deja la sensación de que nada vale?
De esta manera, el mensaje que se extrae de la teoría de los cristales rotos es que, una vez que se empiezan a desobedecer las reglas en un barrio, comunidad o ciudad, el incumplimiento de estas irá en aumento y, a menudo, a una velocidad cada vez más alta.
Y en nuestro entorno tenemos muchos ejemplos que nos invitan a la reflexión.

Recordemos

«Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en ley universal»

«Obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio»

Kant

Cuento Sufí: esto también pasará

Hace algún tiempo, en el blog dedicado a temas educativos, iba colocando algunos post que poco a poco he ido traslando a este. Hoy vuelvo a transcribir literalmente el cuento sufí denominado «esto también pasará». Ahí va …

Alguno de vosotros me ha preguntado porqué escribo el hastag #Estotambienpasara. Bien pues la explicación es esta. Como sabreis he dirigido durante muchos años un taller de aplicación del cuento en la práctica de la psicoterapia. Estos talleres quedaron interrumpidos por motivos personales. Pero los voy a retomar cuando salgamos de estas circunstancias adversas que nos están tocando vivir.

En esos talleres los participantes también traían sus propios cuentos para trabajar, en concreto este me lo regalaron en mi segundo taller, me parece tan hermoso que lo he utilizado en muchas ocasiones y lo veo oportuno para a actual situación.

Dice así:

Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:

Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.

Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total. Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.

El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:

No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje.

Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje (el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey).

Pero no lo leas – le dijo – mantenlo escondido en el anillo.

Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación.

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino.

De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso. Simplemente decía:

Esto también pasará.

Mientras leía estas palabras sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.

El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes. Él se sentía muy orgulloso de sí mismo.

El anciano estaba a su lado en la carroza y le dijo:

Apreciado rey, le aconsejo leer nuevamente el mensaje del anillo.
¿Qué quieres decir? – preguntó el rey.
 Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta.
No estoy desesperado y no me encuentro en una situación sin salida.
Escucha – dijo el anciano – este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas.
También es para situaciones placenteras.
No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso.
No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: «esto también pasará», y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje.

  • «Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo» Eclesiastés 3, 1
  • Todo se mueve y nada permanece y en el mismo río no nos bañamos dos veces. Platón, Crátilo, 402a y 440c

Sobre la Autoestima

Muchas veces no somos conscientes de lo que llevamos dentro de nosotros mismos. Hay una frase que me gusta repetir y repetirme: «Vuélvete hacia ti mismo, pues en ti habita la Verdad, y si te encuentras mudable, transciéndete». Es la frase de Agustín de Hipona que lleva rumiándose en mi mente desde hace años. Es una frase que suelo hacer llegar, en algunas ocasiones, a las personas que acompaño. Otras le envío un cuento sobre el valor de un anillo. Dice así:

Agobiado por sus conflictos internos, un joven alumno fue a visitar su anciano profesor. Y entre lágrimas, le confesó: «He venido a verte porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas ni para levantarme por las mañanas. Todo el mundo dice que no sirvo para nada, que soy inútil y mediocre. ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?» El profesor, sin mirarlo a la cara, le respondió: «Lo siento, chaval, pero ahora mismo no puedo atenderte. Primero debo resolver un problema que llevo días posponiendo.» Y haciendo una pausa, añadió: «Si tú me ayudas primero, tal vez luego yo pueda ayudarte a ti.»

El joven, cabizbajo, asintió con la cabeza. «Por supuesto, profesor, dime qué puedo hacer por ti.» Pero más allá de sus palabras, el chaval se sintió nuevamente desvalorizado. El anciano se sacó un anillo que llevaba puesto en el dedo meñique y se lo entregó al joven. «Estoy en deuda con una persona y no tengo suficiente dinero para pagarle», le explicó. «Ahora ves al mercado y vende este anillo. Eso sí, no lo entregues por menos de una moneda de oro». Seguidamente, el chaval cogió el anillo y se fue a la plaza mayor.

Una vez ahí, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Pero al pedir una moneda de oro por él, algunos se reían y otros se alejaban sin mirarlo… Derrotado, el chaval regresó a casa del profesor. Y nada más verlo, compartió con él su frustración: «Lo siento, profesor, pero es imposible conseguir lo que me has pedido. Como mucho me daban dos monedas de plata. Nadie se ha dejado engañar sobre el valor del anillo.» El anciano, atento y sonriente, le contestó: «No te preocupes. Me acabas de dar una idea. Antes de ponerle un nuevo precio, primero necesitamos saber el valor real del anillo. Anda, ves al joyero y pregúntale cuánto cuesta. Y no importa cuánto te ofrezca. No lo vendas. Vuelve de nuevo con el anillo.»

Y eso fue lo que hizo el joven. Tras un par de minutos examinando minuciosamente el anillo, el joyero lo pesó y con un tono de lo más serio, le indicó: «Menuda maravilla que has traído. Dile a tu profesor que esta joya vale como mínimo 50 monedas de oro». Y el chico, incrédulo, se fue corriendo para comunicárselo a su profesor.

El chaval llegó emocionado a casa del anciano y compartió con él lo que el joyero le había dicho. «Estupendo, gracias por la información. Ahora siéntate un momento y escucha con atención», le pidió. Y mirándole directamente a los ojos, añadió: «Tú eres como este anillo, una joya preciosa que solamente puede ser valorada por un especialista. ¿Pensabas que cualquiera podía descubrir su verdadero valor?» Y mientras el profesor volvía a colocarse el anillo en su dedo meñique, concluyó: «Todos somos como esta joya. Valiosos y únicos. Y andamos por los mercados de la vida pretendiendo que personas inexpertas nos digan cual es nuestro auténtico valor

Cuento extraído del libro “26 cuentos para pensar”, de Jorge Bucay.

Nos venden la moto … pero solo el chasis

Estoy, como lo estamos todos, martilleado una y otra vez con la especie que los jóvenes son los «culpables de la situación actual de la pandemia». Es bien cierto que hay muchos contagiados y en franjas de edad menores que en las otras olas, pero hay algunas cosas que voy a reflexionar a lo largo de estos días. Hoy solo voy a apuntarlas

Para todos los que trabajamos en el mundo de la salud desde el campo de la sociología conocemos el poderoso efecto de la cultura tanto en la salud como en la medicina. La cultura afecta la forma como las personas interactúan con los miembros de los diversos sistemas de salud (incluso con los chamanes, curanderos, …); pero también, la cultura, afecta a cómo se relacionan, cuando están enfermos, con sus familias, compañeros de trabajo, entorno, etc. Incluso sobre su concepto de salud.

¿Hay algunos problemas de salud que son característicos de una sociedad concreta? ¿de una cultura concreta? ¿Quién dice qué (quién define) es enfermedad? ¿Varía el cuidado de la enfermedad de una nación a otra? ¿de una ciudad a otra? ¿de un pueblo a otro? ¿de una clase social a otra?.

Partimos de dos grandes hechos: que las comunidades en las que las personas viven tienen un impacto en su salud y que la cultura, también, contribuye en las diferencias en el cuidado médico e incluso en cómo se define la salud. De hecho utilizamos el término síndrome cultural se refiere a una enfermedad o dolencia que no se puede entender sin tener en cuenta el contexto social específico del que proviene.

Planteémonos estas ideas en la situación actual de pandemia que vivimos y podremos extraer tres conclusiones rápidas.

  1. Vivimos en una sociedad occidental en la que la medicina ha trasladado una idea poderosa a nuestras mentes: para cualquier enfermedad va a haber una cura. El gran paradigma médico lo ha invadido todo. Pero esto tiene una contrapartida la medicalización de la sociedad es obvia, pero para nosotros esta obviedad provoca, guste o no, el control social por parte de la medicina como institución social.
  2. Hay desigualdades en el cuidado de la salud. No solo tenemos la medicalización porque nos podemos plantear quién se está beneficiando de esta pandemia, quien la está sufriendo más, quién está dominando a expensas de los otros (¿por qué unas vacunas y no otras? ¿Quién y con qué criterios se están distribuyendo? ¿Qué profesionales están más sobrecargados?…). Las respuestas a estas preguntas nos pueden dar para varios comentarios.
  3. Desde otra perspectiva podemos analizar la enfermedad y podemos afirmar que conlleva rupturas en nuestras interacciones sociales, tanto en el trabajo como en el hogar. Por lo que estar enfermo obliga, por tanto, a estar controlado, y así, en principio, no son demasiadas personas a la vez las que son eximidas de sus responsabilidades sociales. Salvo cuando ocurre algo que nos sobrepasa.

Dichas estas tres conclusiones rápidas utilizando perspectivas sociológicas diferentes podemos analizar lo que está ocurriendo.

Se nos ha trasladado la idea que las vacunas “lo pueden todo”, “que las mascarillas si, no, si”, pero ahora hay que enseñar la sonrisa, o irnos de cañas, … que nuestros dirigentes saben lo que hacen y por lo tanto nos deben controlar, tanto para la salidas como para los encierros. Que no tenemos responsabilidades sociales, o individuales… Pero cuando nos sobrepasa la situación nosotros somos los culpables de la misma, porque no somos responsables individualmente. Porque el comportamiento que se les pide a las personas que se consideran enfermas tiene que ser el que “los guardianes” de las mismas nos digan lo que tenemos que hacer.

Pero en esto también hay algo kafkiano, se supone que son los médicos los que funcionan como “guardianes” del rol de enfermo. Ellos verifican la condición del paciente como “enfermo” o designan al paciente como “recuperado”. Pero ahora, en estos mismos momentos, en España, no son ellos los que lo determinan: son nuestros dirigentes, nuestros políticos, especialmente nuestro presidente del gobierno.

Esto es lo que hay por detrás de lo que nos quieren vender: “los adolescentes borrachos, incontrolados, incívicos, con sus botellones están conduciendo a nuestra sociedad a la destrucción”. Son capaces de ser “matar a sus abuelos” por no cumplir “con su responsabilidad”.

Es verdad que hay que tener “sentidiño” y que tienen que extremarse las precauciones, pero no son los únicos responsables de lo que está pasando. Somos un pueblo con una cultura que podría resumirse en la letra de la canción: Libertad sin ira. Pero que también inventamos la guerra de guerrillas. Simplemente un recuerdo

#Sentidiño #SiemprehayunaAlternativa

El arte de ser padres

En mi trabajo de acompañamiento a padres con hijos adolescentes a menudo les envío un comentario, una anécdota, un cuento como forma de recordar lo trabajado en sesión o reforzar aspectos que me parecen especialmente reseñables.

Algunos de estos padres me suelen también cuentos o lecturas que encuentran y que les son provechosas. A veces citan la fuente y otras no. La lectura que quiero compartir hoy no tenía fuente, pero una alumna en prácticas la escuchó o leyó y está buscándola. En cuanto la tenga la citaré.

Aquí va el cuento para que cada cual pueda extraer sus propias consecuencias y que refleja las dificultades de acompañar a hijos adolescentes en esa etapa «tan linda y caótica» como puede ser la adolescencia.

«Susi quería ir a una fiesta. ¿Y quién no? Sobre todo porque ésta no era una fiesta corriente. Se iba a celebrar en la playa. Era casi lo único de lo que habían estado hablando sus amigas durante las últimas dos semanas. Qué harían, quién estaría allí, cómo se vestirían, etc. Iba a ser la mejor fiesta del año; quizá incluso la mejor de su vida.

Pero había un problema… De hecho, uno bien grande. Su madre le había dicho que no. Susi estaba desesperada y cuanto más desesperadamente le pedía que la dejara ir, tanto más rotunda era la negativa de su madre.

  • ¡Pero va a ir todo el mundo! – le explicó Susi.
  • No me importa quién vaya a ir – la cortó su madre -. Ni aunque fuera la Reina de Inglaterra. Tú no vas.

Susi estaba decepcionada. No, mucho peor, se le había roto el corazón. Era la fiesta de su mejor amiga. ¿Cómo le iba a decir que su madre no la dejaba ir? Parecería una idiota si era la única que no acudía. Los demás se burlarían de ella. Puede que incluso dejaran de ser sus amigas si no se unía y participaba en lo que iban a hacer.

Todos o casi todos los domingos, la abuela de Susi iba a cenar. La mujer se dio cuenta de lo deprimida que estaba su nieta pero no dijo nada durante la comida. Le tocaba a Susi lavar los platos y su abuela se ofreció a ayudarla, mientras el resto de la familia se iba a la sala de estar para ver una película de vídeo.

  • ¿Qué te pasa? – le preguntó la abuela en cuanto la joven metió de mala manera los platos en el fregadero lleno de agua y de espuma. La abuela secó uno de los platos con un trozo de papel de cocina.
  • Mamá no me deja ir a la fiesta de mi mejor amiga – se lamentó muy triste.
  • ¿Te ha dicho ella por qué no quiere que vayas?
  • No.
  • Entonces intenta ponerte en su lugar durante un momento – le pidió la abuela -. Si tú fueras tu madre, ¿por qué crees que dirías que no?

Susi no se había parado a pensar en eso. Sólo había prestado atención a sus deseos.

  • Bueno… – contestó después de pensar un rato – es una fiesta en la playa. Tal vez no se fíe de nosotros y crea que nos vamos a meter en líos. O que nos vamos a ahogar. Pero todos sabernos nadar y también cuidar de nosotros mismos.
  • ¿Va a ir algún adulto? – le siguió preguntando la abuela.
  • No – dijo Susi -, ¿quién quiere que sus padres anden cotilleando cuando una se lo está pasando bien?
  • Puede que sencillamente tu madre esté preocupada y no quiera que te ocurra nada malo.
  • Eso no pasará – le aseguró la chica.
  • Quizá tengas razón – insistió la abuela -, pero es probable que tu madre no lo crea y que tenga miedo. ¿Sabes? Cuando tu madre tenía tu edad, jugábamos a un juego. Me parece que las dos sabíamos que lo estábamos haciendo, pero seguíamos adelante y fingíamos que no era así. Si quería salir a algún sitio, yo le preguntaba que a qué hora quería que fuera a buscarla. Siempre le sumaba una o dos horas, corno… bueno, decía, por ejemplo, las once o las doce, creyendo que yo no sabía lo que en realidad pretendía. Yo la decía que eso era demasiado tarde y que la quería en casa a las nueve. Ella se opondría y, al final, nos pondríamos de acuerdo en las diez o las diez y media, que era precisamente la hora que ambas habíamos tenido en mente desde el principio. Así ninguna de las dos ganaba o perdía; así ella podía salir y hacer más o menos lo que quisiera, pero yo conseguía verla entrar en casa a una hora razonable. Al encontrar un término medio, las dos obteníamos lo que queríamos. Aunque posiblemente no todo lo que nos hubiera gustado. Estoy pensando en cómo podrías llegar a ese término medio con tu madre. ¿Qué crees que quiere?
  • Creo que quiere asegurarse de que alguien nos supervisa – respondió Susi y añadió rápidamente – ¡Pero no querernos que haya adultos fisgando lo que hacernos!
  • Entonces… ¿Cómo harás para que tu madre se contente sabiendo que alguien cuida de vosotros, aunque no sea un adulto que os incomode?
  • Pues no lo sé – admitió Susi -. Creo que no hay manera de hacer eso. Mamá quiere estar ahí y dudo que mis amigos lo acepten.
  • Bueno, insisto, ¿y si llegáis a un término medio que os satisfaga a las dos? ¿Y si tu madre te deja allí y se queda con el coche en el aparcamiento, estudiando los apuntes del curso ése que está haciendo? ¿O se mete en una de las cafeterías que hay junto a la playa, se lleva su portátil y trabaja en los deberes de su curso? Así podrá echar un vistazo de vez en cuando para asegurarse de que no te ahogas. Tal vez incluso pueda darse una vuelta por el paseo y supervisarte, mientras tú estás de fiesta.

La abuela se dio cuenta de que su nieta se lo estaba pensando.

  • ¿ Cuándo crees que podrás sentarte a hablar con tu madre de lo que ella quiere, de lo que a ti te gustaría y del acuerdo al que podéis llegar? – indagó la abuela.

Terminaron de fregar y de secar los platos y se reunieron tranquilamente con el resto de la familia en la sala de estar. Al domingo siguiente, la abuela se sintió feliz al saber lo bien que se lo había pasado Susi en la fiesta de la playa que se había celebrado el día anterior. También le gustó saber que su hija (la madre de Susi) se lo había pasado estupendamente dando paseos y sentándose en una cafetería con el ordenador portátil para avanzar en sus trabajos. Al terminar la fiesta, Susi se había reunido con ella en la cafetería.

Aunque bien pensado podría haber titulado el arte de ser abuela o la escucha activa puesta en práctica

Luis Vilas

¿Qué quieres decir?


¿Qué quieres decir con eso? ¿Cuándo tu madre te dice eso, en realidad qué quiere decir?

Esta mañana he empleado estas preguntas y otras a un adolescente calificado por mi como “con comportamientos puñeteros”, la madre empleaba palabras gruesas casi tanto como las de la orientadora que lo derivó. Pero este no es el caso, si bien viene a cuento porque yo hoy quería hablar de una cosa que los que trabajamos desde la orientación sistémica utilizamos con mucha frecuencia para poder desbaratar algunas relaciones que pueden ser perjudiciales para la convivencia.

En el trabajo con familias, y especialmente con familias con adolescentes, es necesario, en muchos casos, ayudarlas a hablar de lo que quieren comunicar. No dejar en el aire cuestiones que pueden ser interpretadas, según las partes implicadas, de manera totalmente diferente.
El ejemplo de esta mañana era por una expresión reiterada de la madre hacia el adolescente cada vez que salía: ¡Ven pronto!.

Independientemente de la hora, o el estado, en qué volviese este adolescente, si pasaba de la una de la mañana, el lío estaba servido. De ahí las las preguntas para clarificar la situación y mejorar la comunicación y la relación madre – “adolescente puñetero”. Al final la cuestión se saldó con un acuerdo, no se si definitivo, de que la vuelta a casa se realizaría no más allá de la una y media de la mañana, siempre que la situación actual que atravesamos lo permitiese.

Esta semana, y por ello iba a ser mi comentario semanal, me he encontrado con una situación similar a la que hemos tenido esta mañana con este adolescente que en el fondo, es encantador.

Pero lo que no es encantadora ni en el título ni el cuerpo de la noticia es que nuestro ministro «José Luis Escrivá (nos informe que): «La reforma de pensiones no afectará a las personas que están a punto de jubilarse»»

Señor ministro, con todo el respeto del mundo, me puede explicar que significa esto, ¿Qué quiere decir con “la reforma de las pensiones no afectará”? ¿Qué límite temporal es: “a punto de jubilarse”?

Yo ya entiendo que el lenguaje “politiqués” tiene sus connotaciones pero por favor un poco de seriedad a la hora de transmitir los mensajes.

Porque si yo lo entiendo bien va a haber reforma de pensiones si o si. ¿Van a parlamentar sobre este asunto o tendremos un decretado “porque yo lo valgo”? Y si parlamentan ¿con quién lo van a hacer?

Sólo con los que le apoyan o va a buscar “auténticos peritos en esas causas” o ¿va a tener que echar mano de aquellos que son aconsejados por el que deberían aconsejar?

Sé perfectamente que el que más le aconseja maneja muy bien los conceptos de Pier Paolo Portinaro que define al realismo político como “el concepto que apela a las relaciones de poder consideradas independientemente de los deseos y las preferencias de los actores o de las teorías, más o menos explícitamente normativas, de los espectadores”. Y por ello siempre tira, o va tirar, por la calle de “en medio” realizando la labor que mejor cree para sus propias aspiraciones o las del que aconseja.

Por esto entiendo que el sr. ministro nos haga la afirmación tan rotunda.

Pero queda una segunda afirmación que puede convertirse en algo desasosegante ¿qué significa a punto de jubilarse?. ¿Un año? ¿un mes? ¿una semana? ¿un día? ¿un minuto? … Podríamos decir que nos encontramos bajo el paraguas de la “teoría del doble vínculo” (los dilemas que surgen en el receptor cuando una persona emite dos mensajes contradictorios). Esto que está haciendo el ministro Escriva ¿es llevarnos por el camino de la locura? No lo sé, pero si que percibo una ambigüedad calculada para que podamos decidir por nosotros lo que creamos de lo que él dice, en función de nuestros propios deseos. Él se reserva el argumento final, lo que desee, y en cualquier momento.

Y me malicio que en el fondo es un intento más de reconfigurar la sociedad, construir una nuevo orden, o dejarnos que nos acerquemos al fenómeno político de forma moralizadora que «consiste en volver a construir idealmente la sociedad, con la intención, confesada o no, de justificar una cierta política o un régimen social determinado; …”

¿A quién hemos de preguntar por lo que significan esas frases? ¿Qué es lo que quiere decir?¿Le preguntamos a la señora vicepresidenta primera? ¿A la ministra de igualdad? ¿Al señor presidente del gobierno?. ¿Quién nos ayudará en la metacomunicación?, en explicarnos que es lo que comunican y porqué lo hacen de tal modo.

Esto es imposible en estos momentos, en tanto y cuanto los medios de comunicación han sido subvencionados y no son ya un cuarto poder, son siervos, propagandistas de una causa. Y sólo a través del plasma parecen capaces de transmitir consignas. Consignas que pronto son “destruidas” porque los seres humanos tenemos capacidad de memoria, de momento, y las hemerotecas están llenas de “palabras” contrarias a las que predican hoy en día.

Por lo menos, de momento, nos libramos de la esquizofrenia.

La noticia fue extraída de: https://www.eleconomista.es/economia/noticias/11250946/06/21/Jose-Luis-Escriva-La-reforma-de-pensiones-no-afectara-a-las-personas-que-estan-a-punto-de-jubilarse.html

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