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La FEAP ha editado un vídeo muy interesante sobre qué es una psicoterapia

Esta entrada está realizada por mi compañera Ester Claver

¿Quieres saber cómo es tu estado de ansiedad?

Aquí encontrarás un test bastante fiable diseñado por psicoactiva.

http://www.psicoactiva.com/tests/test-ansiedad-profesional.htm

Los trastornos de ansiedad son muy comunes, pero no por ello menos molestos e incapacitantes para quien los padece. Miedo irracional a salir a la calle, a hablar en público, a volar... muchas caras para una misma cosa: tu cerebro te está alertando de algo.

  • Quizá en algún momento de tu vida esa alerta fue necesaria y tu cerebro no sabe que eso ya pasó.
  • O hay una decisión pendiente (o muchas) en tu vida que no afrontas y tu cerebro te avisa de que hay una tarea sin hacer.
  • O te has pasado con el estrés y tu cerebro se revela.

Hay que saber dónde está la raíz. Y también ser consciente de que es un trastorno muy pero que muy paralizante pero que nadie se muere de ello, que los síntomas son normales, que ni te mueres, ni te vuelves loco. La medicación puede ayudar, pero puntualmente. Luego no sirve para nada. Te tranquiliza, pero también te resta capacidades que necesitas.

¿Qué hacer? conductas alternativas que también relajan pero sin efectos secundarios. Y tratamiento psicológico apropiado.

El trastorno de ansiedad termina produciendo alguna fobia. Una de las más comunes es el miedo a los espacios abiertos, a salir a la calle. Cuando la persona se ve en esa situación, primero anticipa que le va a dar un ataque de ansiedad y luego siente una especie de vértigo, pánico... y los demás síntomas fisicos que varían de persona a persona.

Cortar ese ciclo es importante. Parar el pensamiento anticipatorio y afrontar los signos físicos sin darles importancia. No es fácil, se necesita ayuda externa en muchos casos. Pero la lucha no se debe abandonar. Decirle a tu cerebro que mandas tu, que no pasa nada y que poco a poco vas a conseguir tu meta. Paso a paso. 

Una de las claves es aprender a sentir, o más bien a aceptar lo que sentimos, ponerle nombre y aceptarlo. Muchos de los problemas de ansiedad vienen derivados de el "analfabetismo emocional" en el que nos ha sumergido la sociedad actual.

En Zaragoza: Juseppe Martinez 17, 4A
CITA PREVIA: 691 033 965

En Huesca: Plaza Inmaculada 2, 1E of. 3
CITA PREVIA: 629 819 714

Hace unos pocos días recibía una información acerca de los nuevos trastornos que aparecen en el DSM V, gracias a una de las alumnas del Centro Dynamis he tenido acceso a un documento muy interesante, que también he recibido por email en el día de hoy. Puedes leerlo tranquilamente aquí.

Si ya con el DSM IV nos encontrábamos con "falsos positivos", el autor del artículo nos alerta que con el V, vamos a tener una pandemia de trastornos, todos ya "estamos locos", pero ahora con una "F".

Aunque me malicio que detrás de esto están algunas farmacéuticas o algunos avispados con visión de negocio, pero a lo mejor soy un conspiranoico.
Pero como dice el autor del artículo:
"Cada paso en el desarrollo del DSM-V ha sido secreto y desorganizado. La dirección ha establecido una consistente línea de récords en proponer planes irreales e imposibilitados de lograr líneas de tiempo con previsibles cursos erráticos y fechas tope repetidamente incumplidas. Yo, por ejemplo, anuncié el último mayo en el encuentro anual de la APA (y en la prensa) que las pruebas de campo del DSM-V iban a comenzar en el verano [boreal] de 2009. Entonces, ocurrió que ninguno de los pasos preparatorios necesarios habían sido cumplidos y que las pruebas de campo debían ser pospuestas por, al menos, un año. Durante los últimos seis meses, ha habido varias objetivos sucesivos de fechas para publicar los proyectos del DSM-V, cada una de las cuales fue incumplida causando demoras inexplicadas. La pobre planificación y ejecución ya han forzado una demora de un año en la fecha proyectada de publicación del DSM-V (a mayo del 2013)".
"Conspiración", pienso ... pero a lo mejor no...

Este fue uno de los primeros cuentos que utilizamos para hablar del trabajo en equipo y de los elementos que acaban realizando una composición.

En un pequeño pueblo, existía una diminuta carpintería famosa por los muebeles que allí se fabricaban. Cierto día las herramientas decidieron reunirse en asamblea para dirimir sus diferencias. Una vez estuvieron todas reunidas, el martillo, en su calidad de presidente tomó la palabra.

- Queridos compañeros, ya estamos constituidos en asamblea. ¿Cuál es el problema?.

– Tienes que dimitir - exclamaron muchas voces.

- ¿Cuál es la razón? – inquirió el martillo.

– ¡Haces demasiado ruido! – se oyó al fondo de la sala, al tiempo que las demás afirmaban con sus gestos.

– Además – agregó otra herramienta -, te pasas el día golpeando todo.

El martillo se sintió triste y frustrado.

– Está bien, me iré si eso es lo que quereis. ¿Quién se propone como presidente?.

- Yo, se autoproclamó el tornillo.

– De eso nada – gritaron varias herramientas -. Sólo sirves si das muchas vueltas y eso nos retrasa todo.

- Seré yo – exclamó la lija -

– ¡Jamás!-protesto la mayoría -. Eres muy aspera y siempre tienes fricciones con los demás.

- ¡Yo seré el próximo presidente! – anuncio el metro.

– De ninguna manera, te pasas el día midiendo a los demás como si tus medidas fueran las únicas válidas – dijo una pequeña herramienta.

En esa discusión estaban enfrascados cuando entró el carpintero y se puso a trabajar.

Utilizó todas y cada una de las herramientas en el momento oportuno. Después de unas horas de trabajo, los trozos de madera apilados en el suelo fueron convertidos en un precioso mueble listo para entregar al cliente. El carpintero se levanto, observo el mueble y sonrió al ver lo bien que había quedado. Se quitó el delantal de trabajo y salió de la carpintería.

De inmediato la Asamblea volvió a reunirse y el alicate tomo la palabra:

- Queridos compañeros, es evidente que todos tenemos defectos pero acabamos de ver que nuestras cualidades hacen posible que se puedan hacer muebles tan maravillosos como éste.

Las herramientas se miraron unas a otras sin decir nada y el alicate continuo: “son nuestras cualidades y no nuestros defectos las que nos hacen valiosas. El martillo es fuerte y eso nos hace unir muchas piezas. El tornillo también une y da fuerza allí donde no actua el martillo. La lija lima aquello que es áspero y pule la superficie. El metro es preciso y exacto, nos permite no equivocar las medidas que nos han encargado. Y así podría continuar con cada una de vosotras.

Después de aquellas palabras todas las herramientas se dieron cuenta que sólo el trabajo en equipo les hacia realmente útiles y que debían de fijarse en las virtudes de cada una para conseguir el éxito.

Como ya expresé en otra ocasión podemos leer la realidad (contar una visión diferente) desde muchos puntos de vista.

He escogido como ejemplo del cuento Caperucita Roja y verlo desde los “ojos del lobo”.

Hace unos días estuve hablando con el Lobo de Caperucita que cómo sabes sigue encerrado, te transcribo la conversación que guardo como un tesoro en mi grabadora:

Mira Luis, estoy cansado, de veras estoy muy cansado, y quiero que sepas lo que pienso de esa “niña atroz”, me dijo, una tarde, el Lobo, y prosiguió. El bosque era mi hogar. Yo vivía allí y me gustaba mucho. Siempre trataba de mantenerlo ordenado y limpio.

Un día soleado, mientras estaba recogiendo las basuras dejadas por unos turistas sentí pasos. Me escondí detrás de un árbol y vi venir una niña vestida en una forma muy divertida: toda de rojo y su cabeza cubierta, como si no quisieran que la vean. Andaba feliz y comenzó a cortar las flores de nuestro bosque, sin pedir permiso a nadie, quizás ni se le ocurrió que estas flores no le pertenecían. Naturalmente, me puse a investigar. Le pregunte quien era, de donde venia, a donde iba, a lo que ella me contesto, cantando y bailando, que iba a casa de su abuelita con una canasta para el almuerzo.

Me pareció una persona honesta, pero estaba en mi bosque cortando flores. De repente, sin ningún remordimiento, mató a un mosquito que volaba libremente, pues también el bosque era para él.

Así que decidí darle una lección y enseñarle lo serio que es meterse en el bosque sin anunciarse antes y comenzar a maltratar a sus habitantes.

La dejé seguir su camino y corrí a la casa de la abuelita. Cuando llegue me abrió la puerta una simpática viejecita, le expliqué la situación. Y ella estuvo de acuerdo en que su nieta merecía una lección. La abuelita aceptó permanecer fuera de la vista hasta que yo la llamara y se escondió debajo de la cama.

Cuando llegó la niña la invite a entrar al dormitorio donde yo estaba acostado vestido con la ropa de la abuelita. La niña llegó sonrojada , y me dijo algo desagradable acerca de mis grandes orejas. He sido insultado antes, así que traté de ser amable y le dije que mis grandes orejas eran par oírla mejor.

Ahora bien me agradaba la niña y traté de prestarle atención, pero ella hizo otra observación insultante acerca de mis ojos saltones. Ya comprenderás que empecé a sentirme enojado.

La niña tenía bonita apariencia pero empezaba a serme antipática. Sin embargo pensé que debía poner la otra mejilla y le dije que mis ojos me ayudaban para verla mejor. Pero su siguiente insulto sí me encolerizó . Siempre he tenido problemas con mis grandes y feos dientes y esa niña hizo un comentario realmente grosero.

Se que debí haberme controlado, mi terapeuta siempre me dice que tengo que controlar mis impulsos, pero salté de la cama y le gruñí, enseñándole toda mi dentadura y diciéndole que eran así de grande para comerla mejor.

Ahora, piensa en lo siguiente: ningún lobo puede comerse a una niña. Todo el mundo lo sabe. Pero esa niña empezó a correr por toda la habitación gritando y yo corría atrás de ella tratando de calmarla.

Como tenía puesta la ropa de la abuelita y me molestaba para correr, me la quité pero fue mucho peor. La niña gritó aun más. De repente la puerta se abrió y apareció un leñador con un hacha enorme y afilada. Yo lo mire y comprendí que corría peligro así que salté por la ventana y escapé .

Me gustaría decirte que este es el final del cuento, pero desgraciadamente no es así. La abuelita jamás contó mi parte de la historia y no pasó mucho tiempo sin que se corriera la voz que yo era un lobo malo y peligroso. Todo el mundo comenzó a evitarme. Incluso intentaron cazarme y, al final, lo consiguieron.

No se que le pasaría a esa niña antipática y vestida en forma tan rara, pero si les puedo decir que yo nunca pude contar mi versión.
Ahora ya todos lo saben.

Tal como señalamos en la página de cuentoterapia vamos a ir trasladando lo que hicimos en el otro blog. La primera entrada era la dedicada a una leyenda del Prineo Aragonés: EL BARÓN DE ESPÉS...

En los talleres de escritura (lecturas) terapeúticas solíamos hacer un ejercicio que consistía en buscar una lectura que pudiese ayudar a explicar una situación concreta que a lo mejor era dificil de explicar.

Un antiguo alumno m envía la siguiente leyenda, denominada El barón de Espés, con el siguiente mensaje:

Si sigues con tus recopilaciones aquí te va una leyenda. La mejor explicación de lo que estamos viviendo, pero:

¿Quién es el Barón de Espés? ¿Y la novicia? ¿Y los monjes? ¿y …? TU YA SABES

Si alguien quiere conocer más de la Ribagorza, puede seguir el enlace.

Comenzamos la leyenda

Ya no juegan al corro en la plaza las niñas de Abella, de Espés o de Alíns. Hace unos cuantos años sí, al salir de la escuela. Mientras los niños, siempre más traviesos, corrían por los campos del contorno buscando nidos de pardales, trepando a los árboles o midiendo sus fuerzas en centenares de juegos, las niñas dejaban en el suelo sus portalibros y sus bolsas de labor y a su alrededor se cogían de la mano para jugar en aquellos corros, llenos de gracia, y desgranaban sus cantinelas, repaso de las leyendas más hermosas que acumuló nuestra historia (“yo soy la viudita del Conde Laurel…”, “Mambrú se fue a la guerra, qué dolor, qué dolor qué pena…”) y sus caritas sonrosadas, debajo de sus cabecitas repeinadas, adoptaban los gestos patéticos que pedía la canción.

Y con frecuencia, poniendo siempre un pellizco de picardía, y evocando otra leyenda antiquísima de nuestra Ribagorza, repetida de generación en generación, entonaban:

Barón de Espés,
Barón de Espés,
a Obarra vas
y a Obarra ves,
pero a Espés
no tornarás més.

Una niña del corro, que había permanecido callada, casi siempre la de trenzas más rubias y ojos más azules, se colocaba en el medio y respondía con voz ahuecada, lo más hombruna que le salía: “A mí, con mi perrita y escopeta, nada me da miedo”:

Yo, la escopeta
y la goseta,
res me fa por.

Ya han pasado muchos años desde la época del Conde Bernardo de Ribagorza, Barón de Espés, y el tiempo se ha encargado de desdibujar sus andanzas y hazañas. Sin embargo la leyenda sigue en pie. Yo la escuché de labios de una abuelica de Castanesa en un atardecer de diciembre, en el hogar, junto a las llama chisporreantes. Me gustó y la guardaba para vosotros:

Pues señor, era cuando los reyes y los príncipe y los duques eran los dueños absolutos de los castillos y los pueblos y sus pobladores, y toda la gente se tenía que plegar a sus caprichos a cambio de un corrusco de pan y un poquito de una muy dudosa protección.

¿Que el señor del castillo se enfadaba con el de otro castillo porque le había insultado diciéndole que él era mejor cazador? Pues sus
aldeanos tenían que dejar su trabajo y sus casas y acudir a luchar contra el que había provocado a su amo y señor.

¿Qué la chimenea del barón se acababan los tizones que forzosamente tenían que arder continuamente? Pues sus súbditos tenían que dejarlo todo para ir a la sierra, al carrascal, a por la leña que él necesitaba.

¿Qué las bodegas del señor se resentían después de una semana dejuerga continua con otros amigos nobles? Pues los campesinos habían de vender posesiones suyas para poder ir a comprar el vino a la tierra baja y rellenar los mermados toneles de la abundante bodega de su amo.

¿Qué la baronesa necesitaba más criadas para mantener su casa como el oro de limpia, porque no era cosa de que ella cogiera ni una sola vez una bayeta? Pues sencillamente señalaba a las mozas que le dictaba su capricho automáticamente pasaban a su servicio, y por supuesto sin recibir nada a cambio.

Así eran los tiempos. Así las costumbres: unos dueños de todo, hasta de la vida de sus súbditos. Y estos, verdaderos esclavos, debían estar siempre al servicio del noble, a todo lo que mandase y ordenase so pena de caer en desgracia del conde, o duque, o marqués que dominaba la comarca. Y caer en desgracia del amo significaba el verse privado de su casa, de las cuatro cosillas que poseía, a veces hasta de su familia. Con frecuencia hasta la muerte.

Uno de estos hombres tiranos y vanidosos era el Barón de Espés. Disponía de sus vasallos a su antojo y creía que con sus generosas
limosnas al Monasterio de Obarra podía comprar su cielo y acallar los rumores disconformes de todo el contorno.

Su orgullo prepotente y su malsana pasión le condujo hasta a poner los ojos en una novicia jovencita de Obarra que hada poco tiempo había entrado en la beatería de junto al Monasterio.

Debía ser preciosa como un rayo de sol y había decidido consagrarse a Dios. Don Bernardo, en cuanto la conoció, empezó a frecuentar cada vez más el monasterio al que hacía regalos y más regalos esperando a cambio conseguir que la novicia se saliera del convento para entregarse a él.

Sus pretensiones significaban, está claro, un desprecio a todo lo sagrado. Pero también suponían no conocer muy bien ni a los frailes del Monasterio ni a sus paisanos. Muy pronto, el descontento de unos y otros hizo causa común.

Se reunieron para estudiar la situación y decidieron todos juntos hacer un escarmiento eficaz en la cabeza ele su señor. Espiaron todos sets movimientos y aficiones, especialmente la caza que le alejaba muchas veces de su castillo para meterse por entre los bosques del contorno.

Y una tarde en que había partido de cacería con la única compañía de sus armas y de su perrita favorita, fue el día señalado para ajustarle las cuentas.

Dicen que una bruja del pueblo, que como todas estaba confabulada con el diablo para hacer el mal corrió (o voló en la escoba) para avisarle del peligro que corría para que huyera o se escondiese. Lo encontró en la borda de Farrás de Espés cuando estaba asando una liebre recién cazada. Allí se disponía a merendar tranquilamente, ajeno a todo lo que
se le veía encima.
Y la bruja se puso a cantarle una canción:

Señor de Espés
a Obarra vas
y a Obarra ves
pero a Espés
no tornarás més.

Don Bernardo escuchó el aviso sonriendo despectivamente. ¿Quién podría ser capaz de atentar contra él? Acarició su arma y contestó cantando tranquilamente según una versión antiquísima:

Con la goseta (=perrita) que porto y la espingarda que llevo
no le tendré miedo ni al mismo diablo.

La bruja se marchó enfadada porque no le había hecho caso. El barón terminó de merendar y se volvió hacia su castillo.

Para llegar a él, era necesario atravesar el barranco de Salat … Desde las alturas las gentes de los pueblos de sus dominios empezaron a acosarle a pedradas. La única escapatoria posible era un puentecico muy estrecho sobre el barranco y hacia él se precipitó.

Pero allí lo estaban esperando los frailes del Monasterio que venían con sus perros mastines.

La lucha fue terriblemente desigual. Los mastines, azuzados, se abalanzaron sobre el señor de Espés y de nada le sirvieron ni la goseta ni la escopeta. Allí mismo lo despedazaron.

Cuando se hizo presente la Justicia, nadie sabía nada de nada. Solamente sugerían que tal vez lo habían matado las brujas del Turbón por haber incumplido algún pacto con ellas.

Tomado de: Andolz, R. (2004). Leyendas del Pirineo. Para niños y Adultos. Huesca: Editorial Pirineo.

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