Con un pan, o una guía de instrucciones, bajo el brazo

Hace un par de días una de las alumnas en prácticas de nuestro centro de psicoterapia me preguntó qué entendía yo por el acompañamiento a padres; se refería a la orientación y acompañamiento que hacemos con los padres con hijos adolescentes.

Mi respuesta fue decirle que a veces tengo la sensación de estar trabajando con un muelle, que de vez en cuando todo se vuelve a lo que parecía el primer momento, pero que luego, en frío veo los avances y que no estamos en el punto de partida. ¿Cuál es ese punto de partida? Adaptarse a los adultos que vienen en demanda de ayuda y hacerles entender que estamos en una etapa, compleja, es verdad, pero que es una etapa en la vida del hijo o de la hija.

Incluso a veces para distender el ambiente les digo a los consultantes que la adolescencia se termina el día que te ven llegar cansado a casa y te preguntan: “papá, te veo cansado ¿qué quieres que te prepare?”. Como comprenderéis alguna risa nos hemos echado.

La adolescencia es un tiempo breve, aunque lo vivamos como intenso, muy intenso y largo. Pero lo es, en apenas un abrir y cerrar de ojos hemos pasado de los doce a los diecinueve años de nuestro hijo o de nuestra hija. Es verdad que esos seis, siete u ocho años pueden ser vividos como si te cayesen veinte o treinta tifones o danas.

Pero, como le comento a los padres, este es el momento idóneo para ir preparando a los hijos “para echarlos de casa”, “que salgan por la puerta grande”. Dejo para otro momento los comentarios y reacciones de los padres, especialmente de las madres, a estas afirmaciones.

Sí, la adolescencia es la etapa para prepararles para salir de casa, aunque la familia también representa una base segura para que ellos puedan regresar al “calor del hogar”. Salir de casa, emanciparse, es el momento en el que pasas a ser “el padre o la madre de …”. Y esto también constituye un reto para los adultos. Volveremos sobre el tema en otro momento.

Como decía anteriormente, nos encontramos en una etapa en la que hay comportamientos y actitudes de nuestros hijos que no acabamos de comprender, que no acabamos de entender del todo. No, no estoy hablando de hijos adolescentes que presentan problemas de actitud o comportamiento, ni tampoco de hijos que puedan estar en “conflicto social”. Estoy hablando de actitudes y comportamientos habituales de los adolescentes que a los adultos nos chocan, cuando no los acabamos de entender, o de estilos de vida que no “pegan” con el estilo de vida familiar o con el estilo que ellos mismos han llevado hasta ese momento.

Estos días he visto por televisión un anuncio de una determinada marca de alimentación que refleja muy bien esto que estoy diciendo, y puedo aseguraros que me encanta el tratamiento que hace porque refleja en gran medida la perplejidad con la que llegan los adultos cuando solicitan ayuda para entender y actuar en esta fase de la vida de sus hijos.

Vienen pidiendo “el manual para “manejar” al hijo o la hija”. Porque, en muchos momentos, la justificación que se han dado para esos cambios de comportamiento o actitud, “es que es la adolescencia”, ya no les da explicación o no les sirve para lo que están viviendo.

No, no hay manual, o eso es lo que yo les digo, solo hay “paciencia” y/o “paz y ciencia”. Cada adolescente es un mundo en sí mismo, lo mismo que cada padre y cada madre, y cada unidad familiar…

¿Pero, entonces? Hay algo que puede servir para todos, no, no es un manual, es algo que desde que yo trabajo con adolescentes y familias parece que puede ser útil. Dos cuestiones:

La primera no volar todos los puentes, que alguien de la familia mantenga algún canal de comunicación con el adolescente. Mantenga un diálogo con escucha activa.

Y la segunda, tan importante o más que la primera, es mantener la creencia profunda en los valores y competencias del o de la adolescente. Valores y competencias que por otra parte han sido “mamados” y entrenados en el seno de la propia familia. Y que están en el interior de ese o esa adolescente que “no acabo de entender”

Seguiremos hablando de cuestiones que tienen que ver con ese “no manual”.

¡Buen trabajo!

Ante la sospecha de consumos

Una cuestión que siempre surge en las charlas con los padres o tutores es plantear cuales son los signos de sospecha de consumos de drogas (alcohol, cannabis, etc.)

Desde hace muchos años señalo que los signos de alarma pueden ser:

  • Cambio brusco en el cuidado y aseo personal.
  • Trastornos del sueño con insomnio y/o pesadillas y temblores.
  • Pérdida de peso o apetito excesivo.
  • Disminución del rendimiento escolar o abandono de los estudios.
  • Aislamiento físico, tendencia a aislarse en su habitación.
  • Disminución de la comunicación verbal y afectiva.
  • Empobrecimiento del vocabulario.
  • Abandono de aficiones e intereses.
  • Cambios bruscos de humor.
  • Pérdida de responsabilidad.

Pero nada sustituye una buena mesa camilla para poder hablar de cualquier tema.

5 o 10 minutos para poder hablar de cómo ha ido el día pueden obrar milagros, incluso en esa etapa de la adolescencia en la cual el grupo de pares (iguales) parece tener mucha más fuerza que el grupo familiar. Aunque hay que saber respetar los silencios adolescentes, con un simple acompañamiento de estar presente.

(1) Los signos de alarma pueden encontrarse en casi todas las páginas que comparten ideas sobre la prevención en adicciones. Las principales son las del PND y las de la FAD

La técnica del sándwich

Esta técnica está tomada de un libro de Elia Roca titulado Cómo mejorar tus habilidades sociales.

Es una técnica bastante eficaz para solicitar un cambio de conducta:

A la hora de pedir un cambio de conducta, se puede optar por el elogio o por la crítica. En este artículo me centraré exclusivamente en el elogio o refuerzo positivo para tratar que la persona que tienes delante acepte un cambio de conducta sugerido por ti.

La técnica

Los tres pasos de la técnica del sándwich.

La técnica del sándwich consiste en palabras de Elia Roca en:

  • «Utilizar el elogio sincero o la expresión de sentimientos positivos, antes y después de expresar algo que pueda molestar al interlocutor

La técnica del sándwich se fundamenta en el poder que tiene el elogio, y la forma de expresar un sentimiento positivo para hacer que la otra persona no sólo se sienta bien tras la petición, sino que experimente una predisposición favorable al cambio.

Ejemplos:

  • Sabes que te quiero mucho.
  • Sabes lo mucho que significas para mí.
  • Sabes lo importante que eres para mí.
  • Sabes bien lo mucho que te aprecio.
  • Conoces de sobra lo importante que eres para mí.

Petición de cambio de conducta. La petición de cambio de conducta debe constar de tres partes:

1ª Parte de la petición. Se dejan pasar unos segundos tras el elogio y, entonces, se inicia la petición con la conjunción PERO. Tras el PERO, viene la notificación de tu problema o malestar. Es importante que la petición sea breve, sincera y concisa.

2ª Parte de la petición. Tras la notificación del malestar, introduces el adverbio CUANDO y desarrollas el porqué de dicho malestar.

3ª Parte de la petición. Ahora es el momento de pedir el cambio. Para ello puedes empezar con fórmulas como: «Te pediría que…«, «Me gustaría que…«

Ejemplo:

  • PERO hay un problema que debes saber: CUANDO hablas en público sobre nuestras desavenencias, me siento mal. (PAUSA BREVE) Te agradecería que, en adelante, nuestros desencuentros queden entre tú y yo.

Expresión de sentimiento positivo. La petición de cambio de conducta finaliza transmitiendo al interlocutor un agradecimiento introducido por la conjunción AUNQUE.

Ejemplo:

  • AUNQUE te agradeceré que me sigas diciendo lo que piensas de mí, porque me importas y porque me importa tu opinión acerca de mí.

¿Cuál es la ventaja de la técnica del sándwich?

La gran ventaja de usar la técnica del sándwich es que, si se utiliza de manera correcta, se evita que el interlocutor se enfade, se ofenda o se moleste por la petición que se le ha formulado. Además, aumenta la posibilidad de que el cambio de conducta se haga efectivo.

Una reflexión previa

Antes de realizar la técnica, creo que es importante que, para llevar a cabo una petición que favorezca un cambio de conducta, tengas en cuentas estos aspectos:

  • Exprésate de forma clara y perfectamente audible.
  • Asegúrate de que el otro ha entendido tu petición y las razones que tienes para pedirle un cambio de conducta.
  • Procura ser breve y conciso.
  • Busca un momento y un lugar propicios para la petición de cambio.
  • Evita que el otro te malinterprete.
  • Evita las críticas, amenazas o acusaciones.
  • Evita un tono demasiado espontáneo. Lo que quieres transmitir es algo delicado.
  • Haz ver al otro que no es la única persona que comete equivocaciones, es decir, hazle ver que todos nos equivocamos alguna vez.