La técnica del sándwich

Esta técnica está tomada de un libro de Elia Roca titulado Cómo mejorar tus habilidades sociales.

Es una técnica bastante eficaz para solicitar un cambio de conducta:

A la hora de pedir un cambio de conducta, se puede optar por el elogio o por la crítica. En este artículo me centraré exclusivamente en el elogio o refuerzo positivo para tratar que la persona que tienes delante acepte un cambio de conducta sugerido por ti.

La técnica

Los tres pasos de la técnica del sándwich.

La técnica del sándwich consiste en palabras de Elia Roca en:

  • «Utilizar el elogio sincero o la expresión de sentimientos positivos, antes y después de expresar algo que pueda molestar al interlocutor

La técnica del sándwich se fundamenta en el poder que tiene el elogio, y la forma de expresar un sentimiento positivo para hacer que la otra persona no sólo se sienta bien tras la petición, sino que experimente una predisposición favorable al cambio.

Ejemplos:

  • Sabes que te quiero mucho.
  • Sabes lo mucho que significas para mí.
  • Sabes lo importante que eres para mí.
  • Sabes bien lo mucho que te aprecio.
  • Conoces de sobra lo importante que eres para mí.

Petición de cambio de conducta. La petición de cambio de conducta debe constar de tres partes:

1ª Parte de la petición. Se dejan pasar unos segundos tras el elogio y, entonces, se inicia la petición con la conjunción PERO. Tras el PERO, viene la notificación de tu problema o malestar. Es importante que la petición sea breve, sincera y concisa.

2ª Parte de la petición. Tras la notificación del malestar, introduces el adverbio CUANDO y desarrollas el porqué de dicho malestar.

3ª Parte de la petición. Ahora es el momento de pedir el cambio. Para ello puedes empezar con fórmulas como: «Te pediría que…«, «Me gustaría que…«

Ejemplo:

  • PERO hay un problema que debes saber: CUANDO hablas en público sobre nuestras desavenencias, me siento mal. (PAUSA BREVE) Te agradecería que, en adelante, nuestros desencuentros queden entre tú y yo.

Expresión de sentimiento positivo. La petición de cambio de conducta finaliza transmitiendo al interlocutor un agradecimiento introducido por la conjunción AUNQUE.

Ejemplo:

  • AUNQUE te agradeceré que me sigas diciendo lo que piensas de mí, porque me importas y porque me importa tu opinión acerca de mí.

¿Cuál es la ventaja de la técnica del sándwich?

La gran ventaja de usar la técnica del sándwich es que, si se utiliza de manera correcta, se evita que el interlocutor se enfade, se ofenda o se moleste por la petición que se le ha formulado. Además, aumenta la posibilidad de que el cambio de conducta se haga efectivo.

Una reflexión previa

Antes de realizar la técnica, creo que es importante que, para llevar a cabo una petición que favorezca un cambio de conducta, tengas en cuentas estos aspectos:

  • Exprésate de forma clara y perfectamente audible.
  • Asegúrate de que el otro ha entendido tu petición y las razones que tienes para pedirle un cambio de conducta.
  • Procura ser breve y conciso.
  • Busca un momento y un lugar propicios para la petición de cambio.
  • Evita que el otro te malinterprete.
  • Evita las críticas, amenazas o acusaciones.
  • Evita un tono demasiado espontáneo. Lo que quieres transmitir es algo delicado.
  • Haz ver al otro que no es la única persona que comete equivocaciones, es decir, hazle ver que todos nos equivocamos alguna vez.

El conflicto y un cuento de Cunqueiro.

Durante las sesiones de formación en gestión de conflictos llega el momento de definir el término conflicto. Pero antes suelo tratar que los participantes intenten revisar sus creencias (y expectativas) sobre «el conflicto», o lo que creen conocer sobre él.

Suelo advertirles que las expectativas, las creencias, lo que esperamos encontrar en toda investigación influyen en la búsqueda, en el resultado final: en lo encontrado. Y muchas veces son un refuerzo a nuestras creencias o ideas previas.

En la sesión de esta semana andaba yo un poco aturdido y espeso a la hora de encontrar algún ejemplo, y entonces una participante que sabía que yo era gallego me regaló lo siguiente:

Álvaro Cunqueiro, escritor y poeta gallego, fallecido en 1981, cuenta en su libro «Tesoros y otras magias» la siguiente historia, cargada de hondos y hermosos significados.

“Esta es la historia, dice, en la que hombre, que sabía que había un tesoro en un lugar llamado Penabranca y no encontrando el sitio, compró una fanega de monte y en la escritura le puso Penabranca, y le pedía a todos que le llamasen Penabranca al lugar y, pasados algunos años y cuando ya lo de Penabranca estaba en todos y nadie le llamaba de otra forma, fue allí y encontró un tesoro. El tesoro de Penabranca que él sabía que había en Penabranca”.

Si utilizamos el cuento como metáfora para ver y adquirir nuevas perspectivas, abrirnos a nuevas realidades, a nuevas maneras de abordar y manejar el tema del conflicto, y sus formas de resolución, entonces el tesoro está ahí, y podremos lograrlo.

¡Buena caza del tesoro

 

El discurso de la luna

Hace tiempo recopilé el discurso dado por el papa San Juan XXIII, quería haberlo editado para el 11 de Octubre, pero las circunstancias mandan y no he podido hacerlo hasta ahora. No puedo decir de donde lo saqué, probablemente de la Web del Vaticano o de alguna otra web que beba de sus fuentes. O es posible que lo haya hecho del libro de los Agasso: Papa Giovanni XXIII. Edizioni San Paolo s. r. l. Milan. Italia (creo que hay una edicción en castellano).

Alla por el jueves 11 de Octubre de 1962, al anochecer, más de cien mil personas se reunieron en la plaza de San Pedro del Vaticano. Se acababa de inaugurar el Concilio Vaticano II, unos días antes Rusia y EE.UU. pudieron crear el mayor holocausto nuclear conocido, a causa de los misiles en Cuba.

Por lo que se cuenta el Papa, estaba muy cansado, y aunque el rio de gente era incesante, en un primer momento no quiso salir al balcón, hasta que su secretario personal le pidió que se asomara al balcón, en ese momento y ante lo que estaba viendo, se asomó y vió la luna en toda su plenitud. Y realizó un discurso «no preparado» , desde el corazón como a él le gustaba hacer. Helo aquí

Queridos hijitos, queridos hijitos, escucho vuestras voces. La mía es una sola voz, pero resume la voz del mundo entero. Aquí, de hecho, está representado todo el mundo.

Se diría que incluso la luna se ha apresurado esta noche, observadla en lo alto, para mirar este espectáculo. Es que hoy clausuramos una gran jornada de paz; sí, de paz: “Gloria a Dios y paz a los hombres de buena voluntad” (cf. Lc 2,14).

Es necesario repetir con frecuencia este deseo. Sobre todo cuando podemos notar que verdaderamente el rayo y la dulzura del Señor nos unen y nos toman, decimos: He aquí un saboreo previo de lo que debiera ser la vida de siempre, la de todos los siglos, y la vida que nos espera para la eternidad.

Si preguntase, si pudiera pedir ahora a cada uno: ¿de dónde venís vosotros? Los hijos de Roma, que están aquí especialmente representados, responderían: “¡Ah! Nosotros somos vuestros hijos más cercanos; vos sois nuestro obispo, el obispo de Roma”.

Y bien, hijos míos de Roma; vosotros sabéis que representáis verdaderamente la Roma caput mundi, así como está llamada a ser por designio de la Providencia: para la difusión de la verdad y de la paz cristiana.

En estas palabras está la respuesta a vuestro homenaje.

Mi persona no cuenta nada; es un hermano que os habla, un hermano que se ha convertido en padre por voluntad de nuestro Señor. Pero todo junto, paternidad y fraternidad, es gracia de Dios. ¡Todo, todo!

Continuemos, por tanto, queriéndonos bien, queriéndonos bien así: y, en el encuentro, prosigamos tomando aquello que nos une, dejando aparte, si lo hay, lo que pudiera ponernos en dificultad.

Fratres sumus! La luz brilla sobre nosotros, que está en nuestros corazones y en nuestras conciencias, es luz de Cristo, que quiere dominar verdaderamente con su gracia, todas las almas.

Esta mañana hemos gozado de una visión que ni siquiera la Basílica de San Pedro, en sus cuatro siglos de historia, había contemplado nunca.

Pertenecemos, pues, a una época en la que somos sensibles a las voces de lo alto; y por tanto deseamos ser fieles y permanecer en la dirección que Cristo bendito nos ha dejado. Ahora os doy la bendición. Junto a mí deseo invitar a la Virgen santa, Inmaculada, de la que celebramos hoy la excelsa prerrogativa.

He escuchado que alguno de vosotros ha recordado Éfeso y las antorchas encendidas alrededor de la basílica de aquella ciudad, con ocasión del tercer Concilio ecuménico, en el 431. Yo he visto, hace algunos años, con mis ojos, las memorias de aquella ciudad, que recuerdan la proclamación del dogma de la divina maternidad de María.

Pues bien, invocándola, elevando todos juntos las miradas hacia Jesús, su hijo, recordando cuanto hay en vosotros y en vuestras familias, de gozo, de paz y también, un poco, de tribulación y de tristeza, acoged con buen ánimo esta bendición del padre. En este momento, el espectáculo que se me ofrece es tal que quedará mucho tiempo en mi ánimo, como permanecerá en el vuestro. Honremos la impresión de una hora tan preciosa. Sean siempre nuestros sentimientos como ahora los expresamos ante el cielo y en presencia de la tierra: fe, esperanza, caridad, amor de Dios, amor de los hermanos; y después, todos juntos, sostenidos por la paz del Señor, ¡adelante en las obras de bien!

Regresando a casa, encontraréis a los niños; hacedles una caricia y decidles: ésta es la caricia del papa. Tal vez encontréis alguna lágrima que enjugar. Tened una palabra de aliento para quien sufre. Sepan los afligidos que el papa está con sus hijos, especialmente en la hora de la tristeza y de la amargura. En fin, recordemos todos, especialmente, el vínculo de la caridad y, cantando, o suspirando, o llorando, pero siempre llenos de confianza en Cristo que nos ayuda y nos escucha, procedamos serenos y confiados por nuestro camino.

A la bendición añado el deseo de una buena noche, recomendándoos que no os detengáis en un arranque sólo de buenos propósitos. Hoy, bien puede decirse, iniciamos un año, que será portador de gracias insignes; el Concilio ha comenzado y no sabemos cuándo terminará. Si no hubiese de concluirse antes de Navidad ya que, tal vez, no consigamos, para aquella fecha, decir todo, tratar los diversos temas, será necesario otro encuentro. Pues bien, el encontrarse cor unum et anima una, debe siempre alegrar nuestras almas, nuestras familias, Roma y el mundo entero. Y, por tanto, bienvenidos estos días: los esperamos con gran alegría.

Puede verse en Youtube (aquí)