Cuarto axioma de la comunicación humana

Ya estamos con el cuarto axioma de la comunicación humana: «La comunicación humana implica dos modalidades: la digital y la analógica.»

La comunicación no implica simplemente las palabras habladas (comunicación digital: lo que se dice); también es importante la comunicación no verbal (o comunicación analógica: cómo se dice).

La comunicación analógica hace referencia a todo lo que sea comunicación no-verbal (postura – proxemia–, gestos, expresión facial –kinesia–, la inflexión de la voz, el ritmo – paralingüística–). Califica a la comunicación digital.

Está última es mucho más antigua que la primera. Simplemente piense en un bebé y como a través de sus gestos puede comunicarnos sus necesidades básicas.

Un ejemplo:

Esta semana he atendido a una madre y a una hija de 14 años. Vienen derivados por la orientadora del centro educativo donde la menor está escolarizada. Según esta última la menor siempre ha sido tímida, pero en los últimos meses su comportamiento ha sido de total aislamiento en su clase y con sus dos amigas. Estas dicen que hasta no coge el móvil ni ve los whatsapp durante días..

En la consulta madre e hija se sientan distantes, apenas hay interacción entre ellas. La chica está con la cabeza baja y jugando todo el rato con las mangas del jarsey. Sus manos apenas asoman, en algún momento por ellas.

La madre me cuenta en un tono rapido, vehemente, la vida familiar y como la hija en casa se «le vuelve» y solo cuando ella le reprocha algún tema escolar. Intento indagar en la vida cotidiana de ambas y me cuentan que apenas se ven, ella, por circunstancias está trabajando muchas horas, y solo se encuentran en la hora de la cena y suele hacer un tercer grado de las actividades diarias de la menor, que es una niña con llave colgada al cuello. Cuando llega a casa se calienta la comida y se queda toda la tarde en casa, solo un par de veces baja a la vecina de abajo a repasar con ella. En ese momento eleva el tono de voz ¡es dinero tirado! dice. La menor me mira y se le saltan las lágrimas.

(Maitena)

Recibido por correo:

Tenéis mi puerta abierta para lo que queráis.

En el desayuno sabatino con mi amigo Mario hoy estuvimos hablando de su sobrino nieto.

Javier (nombre ficticio, porque no le gusta mucho prodigarse por las redes sociales) es un chaval de veintiséis años, recién graduado en ingeniería y con un máster. Hace poco entró en una gran empresa, de las llamadas multinacionales, aunque es de fundación española.

Me comenta que su sobrino nieto está como “un pulpo en un garaje”, entre que es su primer trabajo, y sus jefes inmediatos “pasan un poquito de él”, no tienen formación en la empresa, simplemente durante un par de días lo acompañaron para explicarle algo y a “currar”.

Pero el problema que tiene no solo deriva de esto, si no que no acaba de entender al jefe supremo (el CEO). El primer día le soltó la frase que corona este mensaje: tenéis (porque eran tres nuevos) la puerta de mi despacho abierta para lo que queráis…

Cuando se encontró solo para resolver una situación y sus jefes inmediatos no estaban a mano, se acercó a la puerta, y … ¿qué creéis que pasó? Pues eso, no estaba abierta, lo mandó a escaparrar.

Yo ya sé que los grandes jefes no van a andar todo él día pasillo arriba, pasillo abajo… y con la puerta abierta de par en par, solucionando todas las pequeñas cuestiones. Ya sé que a veces tendrán que encerrarse para poder reflexionar sobre algo importante. Pero cuidado con las palabras que las carga el diablo.

Como le dije a mi amigo Mario, independientemente de la situación que viva su sobrino nieto, la responsabilidad de manejar este tipo de situaciones también es de los CEO (menuda palabreja), y de los mensajes incongruentes entre lo verbal y lo no verbal.

Y hay cosas que pueden pasar desapercibidas, pero no debemos olvidar que el lenguaje no verbal es mucho “mas potente” que el verbal, hoy comparto una imagen aparentemente trivial pero que tiene mucho para meditar.

CB6

Buen trabajo, y a la espera del día de Reyes