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Hace un tiempo escribí una entrad en un blog que a día de hoy permanece inactivo , hoy la rescato tal cual después de estar hablando con una compañera de despacho y la situación de uno de sus clientes.

Este episodio fue tratado en los grupos de Supervisión de Casos (1) que llevamos realizando más de diez años. Los nombres y alguna de las situaciones han sido cambiadas. Relato el tema

En uno de los últimos grupos de Supervisión de Casos, se planteó una cuestión que quedó pendiente. Debatíamos de la importancia del grupo de referencia de un joven había sido “expulsado – abandonado” del grupo parroquial al que pertenecía.
Brevemente, la situación era como sigue:
Javier, 21 años, es un brillante estudiante de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Zaragoza. De hecho cursa los estudios de Filosofía que comparte con el último año de Magisterio. Es activista de un grupo parroquial en una parroquia del Centro de Zaragoza.

Ha tenido novia hasta hace unos cuatro meses, pero se han dado “un tiempo”. La novia también es una de las lideres del grupo parroquial.

Últimamente se encuentra raro: se ha vuelto taciturno, con algunos brotes de rabia, a veces incontrolada, cuando menos se lo espera, cuando hasta hace bien poco era un “chico modelo que no daba para nada que hablar, siempre dispuesto para todo”.
Su madre le ha pedido que vaya a una psicóloga, que ella conoce, puesto que ella misma ha sido de gran ayuda para superar un “bache” que había tenido. Han mantenido cuatro sesiones y en todas ellas Javier, llega, se sienta, baja la cabeza y apenas habla, es la psicóloga quien pregunta y él responde, a veces, con monosílabos.

La persona que presenta esta situación es una alumna en prácticas que está con esta psicóloga, le ha permitido presentar la situación porque ella siente que no puede llegar a él, en este momento, “que hay algo que se le escapa”, y quiere ver si en el grupo de Supervisión podemos darle algunas pistas que le ayuden a poder mejorar su intervención.

Después de varios comentarios e ideas muy provechosas, y estando a punto de concluir, un integrante del grupo dijo en voz alta: “el síndrome de Urías”, …

Nos comentó que en una ocasión había leído algo al respecto, pero que no se acordaba mucho de aquello, pero que este caso le había vuelto a recordar aquella lectura. El resto del grupo no habíamos hablado para nada del tema religioso, pero recordando algunas cosas, le dije que podríamos enfocar la situación también teniendo en cuenta este hecho.

¿Quién fue Urías? La historia se recoge en el Antiguo Testamento. El rey David, estaba apasionadamente enamorado de la mujer de Urías, había mantenido relaciones con ella y esta esperaba un hijo suyo.
Urías era un general, muy fiel, del ejercito de David, era hitita (un extranjero en el ejercito, un mercenario, podríamos decir). David le ordenó ir en la primera línea de la batalla y mandó a los oficiales y soldados que en un momento determinado, lo abandonasen en el campo de batalla, y así el enemigo lo matase.

Si alguien ha visto la película 300 comprenderá que eso significaba la muerte segura, porque los soldados, en aquel tiempo, dependían unos de otros de tal manera, que perder a uno de ellos, era perder la protección total.

No sabemos lo que pasaría por su cabeza, en el momento de quedarse solo frente al enemigo, supongo que una mezcla de sentimientos se habría apoderado de él: confusión, incomprensión traición, temor, …

Así que propusimos que se explorara esta parte de la vida de Javier, su grupo de referencia, de la que no sabíamos nada. Puesto que puede que una crisis personal y/o espiritual le esté sobrevolando, lo mismo que a muchos otros cristianos o pertenecientes a grupos de diversas confesiones, fundamentalmente religiosas, esta situación esté en su vida.

Y ocurre, a menudo, que al buscar apoyo, ayuda, en los grupos (eclesiales, en este caso), no la encuentran. Y no solo eso, sino que se encuentran con incomprensión, marginados, … rechazados, abandonados por aquellos que más esperaban ayuda.
Hemos propuesto que se explore esta parte de la historia de Javier y ver la importancia que tiene en él esta parte de su historia personal. Y, al mismo tiempo, la posibilidad de ayudarle en encontrar caminos para la independencia y autonomía.

(1) Para más información de estos grupos puedes ponerte en contacto con Ester Claver, en Huesca: Plaza Inmaculada 2, 1E of. 3. CITA PREVIA: 629 819 714

Y en Zaragoza con Luis Vilas. CITA PREVIA: 691 033 965

La verdad es que con todo este ajetreo que llevamos se me han ido pasando cosas interesantes que comentar. Un amigo mío, sacerdote, me escribió el otro día sobre las distintas aportaciones que estoy haciendo en la red con esto de "Cataluña".

Copio algunos post de unos y de otros, retuiteo algunas cosas que pueden provocar, escribo alguna cosa: #MendezDevuelvelosBienesYA, y mando al espacio documentos que de una u otra manera deseo que generen al menos un poco de reflexión.

Este amigo echaba en falta que no hubiese comentado nada de la Declaración de los Obispos del 27 de septiembre, sobre este tema. Pues bien, recojo el guante y comienzo primero poniendo la Declaración de la Comisión Permanente (del Episcopado) ante la situación de Cataluña (enlace a la página de la CEE)

  1. Ante la grave situación que se vive en Cataluña, con gran preocupación en el resto de España, los obispos queremos en primer lugar hacer nuestros los deseos y sentimientos manifestados recientemente de forma conjunta por los obispos con sede en el territorio de Cataluña, auténticos representantes de sus diócesis.
  2. En especial invitamos a la oración por quienes en este momento difícil “tienen la responsabilidad en el gobierno de las diferentes administraciones públicas, de la gestión del bien común y de la convivencia social”, a fin de que todos seamos guiados “por la sensatez, y el deseo de ser justos y fraternos”, y con responsabilidad “avanzar en el camino del diálogo y del entendimiento, del respeto a los derechos y a las instituciones y de la no confrontación, ayudando a que nuestra sociedad sea un espacio de fraternidad, de libertad y de paz” (Comunicado. Obs. Cataluña. 20-9-2017).
  3. En estos momentos graves la verdadera solución del conflicto pasa por el recurso al diálogo desde la verdad y la búsqueda del bien común de todos, como señala la Doctrina Social de la Iglesia. El papa Francisco nos indica que “es hora de saber cómo diseñar, en una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una sociedad justa, con memoria y sin exclusiones” (Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, n. 239).
  4. Para hacer posible este diálogo honesto y generoso, que salvaguarde los bienes comunes de siglos y los derechos propios de los diferentes pueblos que conforman el Estado, es necesario que, tanto las autoridades de las administraciones públicas como los partidos políticos y otras organizaciones, así como los ciudadanos, eviten decisiones y actuaciones irreversibles y de graves consecuencias, que los sitúe al margen de la práctica democrática amparada por las legítimas leyes que garantizan nuestra convivencia pacífica y origine fracturas familiares, sociales y eclesiales.
  5. Como ya hemos señalado los obispos, en otra ocasión también difícil para nuestra convivencia democrática y pacífica, “es de todo punto necesario recuperar la conciencia ciudadana y la confianza en las instituciones, todo ello en el respeto de los cauces y principios que el pueblo ha sancionado en la Constitución” ( XXXIV Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española. 28-2-1981).
  6. Por último, reiterando nuestra llamada a la esperanza y la plegaria a Dios, a la serenidad y entendimiento, ofrecemos nuestra colaboración sincera al dialogo en favor de una pacífica y libre convivencia entre todos.

Madrid, 27 de septiembre de 2017

La primera expresión que se me viene a la mente es. ¡la gallina!.

"...a fin de que todos seamos guiados “por la sensatez, y el deseo de ser justos y fraternos”, y con responsabilidad “avanzar en el camino del diálogo y del entendimiento, del respeto a los derechos y a las instituciones y de la no confrontación, ayudando a que nuestra sociedad sea un espacio de fraternidad, de libertad y de paz”

Veamos, un grupo de curas y sus feligreses montan en la celaebración de la eucaristía dominical el recuento de unas cajas con papeles diciendo que son urnas y los votos de unas "elecciones". Un obispo hace como que vota y se va de juerga a unas mesas donde aparece una cosa que unos han llamado "urna" (más bien un cubo para meter libros, ropa, papeles, lápices, etc.). Sensatez parece poca.

Deseo de ser justos y fraternos, y resulta que han echado de las iglesias a la gente que no comulga con el dios de la independencia (vease alguna iglesia con la bandera separatista, que no de Cataluña).

¿Respeto a los derechos y a las instituciones? Monseñores que proclamaron (ahora no se sabe si o no) una República en contra de la legalidad vigente y contra la libertad de más de la mitad de los catalanes, y la fraternidad ¿es acoger sólo a los de un lado?

En estos momentos graves la verdadera solución del conflicto pasa por el recurso al diálogo desde la verdad y la búsqueda del bien común de todos

Muy bien señores obispos aquí me dan uds. la respuesta que les solicitaba. ¿Pero le han pedido a los obispos de cataluña incluido a Juan Jose Omella (aragonés) que se planteen, al menos, la fraternidad y el acogimiento a todas las personas de Cataluña?. Y en cuanto al diálogo será si hay voluntad para dialogar y escoger al mediador (y si este acepta). El papa Francisco dijo algo a este respecto ¿verdad?

Y lo mejor viene el punto cuatro. ¿Reconocen a España como tal? ¿entienden lo que significa ser ciudadano de un país en concreto?. Se habla del derecho de los pueblos (¿a cuál? ¿al que conculca los derechos de los individuos, en cuanto ciudadano y no subdito?. Claro que esto me recuerda a una historia que leí hace tiempo sobre Pio cierto cardenal austriaco que tras la "democrática" anexión de Austria por parte la Alemania nazi, escribió una carta junto con los obispos agradeciendole a Hitler el mejoramiento "de las clases menos favorecidas" y ordenando replicar las campanas de todas las iglesias de Austria. ¿A qué esto también suena que se hizo en Solsona, por orden de su "extravagante" obispo (1)?.

En fin, han intentado poner una vela a Dios y otra al diablo, y parece que lo han conseguido.

Me duele sobremanera porque a alguno de los obispos que hoy componen la Conferencia Episcopal los he tratado a lo largo de mi vida y conozco que alguno en concreto se ha echado las manos a la cabeza. Creo, con todo respeto, que es hora de reflexionar, de volverse hacia uno mismo y buscar el bien comun, en tanto y cuando sea un compartir y no un dividir.

PD

Me quedan más cosas en el tintero y volveré sobre ello.

 

(1) Con vistas al 1 de Octubre de 2017, Novell, obispo de Solsona, animó a los párrocos a repicar las campanas para “despertar a todo el mundo y anunciarles que ha llegado el día de la libertad“.

 

Hace tiempo recopilé el discurso dado por el papa San Juan XXIII, quería haberlo editado para el 11 de Octubre, pero las circunstancias mandan y no he podido hacerlo hasta ahora. No puedo decir de donde lo saqué, probablemente de la Web del Vaticano o de alguna otra web que beba de sus fuentes. O es posible que lo haya hecho del libro de los Agasso: Papa Giovanni XXIII. Edizioni San Paolo s. r. l. Milan. Italia (creo que hay una edicción en castellano).

Alla por el jueves 11 de Octubre de 1962, al anochecer, más de cien mil personas se reunieron en la plaza de San Pedro del Vaticano. Se acababa de inaugurar el Concilio Vaticano II, unos días antes Rusia y EE.UU. pudieron crear el mayor holocausto nuclear conocido, a causa de los misiles en Cuba.

Por lo que se cuenta el Papa, estaba muy cansado, y aunque el rio de gente era incesante, en un primer momento no quiso salir al balcón, hasta que su secretario personal le pidió que se asomara al balcón, en ese momento y ante lo que estaba viendo, se asomó y vió la luna en toda su plenitud. Y realizó un discurso "no preparado" , desde el corazón como a él le gustaba hacer. Helo aquí

Queridos hijitos, queridos hijitos, escucho vuestras voces. La mía es una sola voz, pero resume la voz del mundo entero. Aquí, de hecho, está representado todo el mundo.

Se diría que incluso la luna se ha apresurado esta noche, observadla en lo alto, para mirar este espectáculo. Es que hoy clausuramos una gran jornada de paz; sí, de paz: “Gloria a Dios y paz a los hombres de buena voluntad” (cf. Lc 2,14).

Es necesario repetir con frecuencia este deseo. Sobre todo cuando podemos notar que verdaderamente el rayo y la dulzura del Señor nos unen y nos toman, decimos: He aquí un saboreo previo de lo que debiera ser la vida de siempre, la de todos los siglos, y la vida que nos espera para la eternidad.

Si preguntase, si pudiera pedir ahora a cada uno: ¿de dónde venís vosotros? Los hijos de Roma, que están aquí especialmente representados, responderían: “¡Ah! Nosotros somos vuestros hijos más cercanos; vos sois nuestro obispo, el obispo de Roma”.

Y bien, hijos míos de Roma; vosotros sabéis que representáis verdaderamente la Roma caput mundi, así como está llamada a ser por designio de la Providencia: para la difusión de la verdad y de la paz cristiana.

En estas palabras está la respuesta a vuestro homenaje.

Mi persona no cuenta nada; es un hermano que os habla, un hermano que se ha convertido en padre por voluntad de nuestro Señor. Pero todo junto, paternidad y fraternidad, es gracia de Dios. ¡Todo, todo!

Continuemos, por tanto, queriéndonos bien, queriéndonos bien así: y, en el encuentro, prosigamos tomando aquello que nos une, dejando aparte, si lo hay, lo que pudiera ponernos en dificultad.

Fratres sumus! La luz brilla sobre nosotros, que está en nuestros corazones y en nuestras conciencias, es luz de Cristo, que quiere dominar verdaderamente con su gracia, todas las almas.

Esta mañana hemos gozado de una visión que ni siquiera la Basílica de San Pedro, en sus cuatro siglos de historia, había contemplado nunca.

Pertenecemos, pues, a una época en la que somos sensibles a las voces de lo alto; y por tanto deseamos ser fieles y permanecer en la dirección que Cristo bendito nos ha dejado. Ahora os doy la bendición. Junto a mí deseo invitar a la Virgen santa, Inmaculada, de la que celebramos hoy la excelsa prerrogativa.

He escuchado que alguno de vosotros ha recordado Éfeso y las antorchas encendidas alrededor de la basílica de aquella ciudad, con ocasión del tercer Concilio ecuménico, en el 431. Yo he visto, hace algunos años, con mis ojos, las memorias de aquella ciudad, que recuerdan la proclamación del dogma de la divina maternidad de María.

Pues bien, invocándola, elevando todos juntos las miradas hacia Jesús, su hijo, recordando cuanto hay en vosotros y en vuestras familias, de gozo, de paz y también, un poco, de tribulación y de tristeza, acoged con buen ánimo esta bendición del padre. En este momento, el espectáculo que se me ofrece es tal que quedará mucho tiempo en mi ánimo, como permanecerá en el vuestro. Honremos la impresión de una hora tan preciosa. Sean siempre nuestros sentimientos como ahora los expresamos ante el cielo y en presencia de la tierra: fe, esperanza, caridad, amor de Dios, amor de los hermanos; y después, todos juntos, sostenidos por la paz del Señor, ¡adelante en las obras de bien!

Regresando a casa, encontraréis a los niños; hacedles una caricia y decidles: ésta es la caricia del papa. Tal vez encontréis alguna lágrima que enjugar. Tened una palabra de aliento para quien sufre. Sepan los afligidos que el papa está con sus hijos, especialmente en la hora de la tristeza y de la amargura. En fin, recordemos todos, especialmente, el vínculo de la caridad y, cantando, o suspirando, o llorando, pero siempre llenos de confianza en Cristo que nos ayuda y nos escucha, procedamos serenos y confiados por nuestro camino.

A la bendición añado el deseo de una buena noche, recomendándoos que no os detengáis en un arranque sólo de buenos propósitos. Hoy, bien puede decirse, iniciamos un año, que será portador de gracias insignes; el Concilio ha comenzado y no sabemos cuándo terminará. Si no hubiese de concluirse antes de Navidad ya que, tal vez, no consigamos, para aquella fecha, decir todo, tratar los diversos temas, será necesario otro encuentro. Pues bien, el encontrarse cor unum et anima una, debe siempre alegrar nuestras almas, nuestras familias, Roma y el mundo entero. Y, por tanto, bienvenidos estos días: los esperamos con gran alegría.

Puede verse en Youtube (aquí)

En los talleres de escritura (y lecturas) terapeúticas solíamos hacer un ejercicio que normalmente consistía en buscar una lectura que pudiese ayudar a un o una participante a explicar una situación concreta que a lo mejor le era dificil de narrar en primera persona. Casi todos los alumnos han ido aportando su granito de arena y hoy poseo bastantes narraciones que he ido poniendo, y lo seguiré haciendo, en estas páginas.

Un antiguo alumno me envía la siguiente leyenda, denominada "El barón de Espés", con el siguiente mensaje:

Si sigues con tus recopilaciones aquí te va una leyenda. La mejor explicación de lo que estamos viviendo.

Acepto lo que me envían y como mucho intento averiguar si ha sido editado, y si es así lo cito. Adelante, veamos esta hermosa leyenda y nos preguntaremos: ¿Quién es el Barón de Espés? ¿Y la novicia? ¿Y los monjes? ¿y …? TU YA SABES

Si alguien quiere conocer más de la Ribagorza, puede seguir el enlace.

Comenzamos la leyenda

Ya no juegan al corro en la plaza las niñas de Abella, de Espés o de Alíns. Hace unos cuantos años sí, al salir de la escuela. Mientras los niños, siempre más traviesos, corrían por los campos del contorno buscando nidos de pardales, trepando a los árboles o midiendo sus fuerzas en centenares de juegos, las niñas dejaban en el suelo sus portalibros y sus bolsas de labor y a su alrededor se cogían de la mano para jugar en aquellos corros, llenos de gracia, y desgranaban sus cantinelas, repaso de las leyendas más hermosas que acumuló nuestra historia (“yo soy la viudita del Conde Laurel…”, “Mambrú se fue a la guerra, qué dolor, qué dolor qué pena…”) y sus caritas sonrosadas, debajo de sus cabecitas repeinadas, adoptaban los gestos patéticos que pedía la canción.

Y con frecuencia, poniendo siempre un pellizco de picardía, y evocando otra leyenda antiquísima de nuestra Ribagorza, repetida de generación en generación, entonaban:

Barón de Espés,
Barón de Espés,
a Obarra vas
y a Obarra ves,
pero a Espés
no tornarás més.

Una niña del corro, que había permanecido callada, casi siempre la de trenzas más rubias y ojos más azules, se colocaba en el medio y respondía con voz ahuecada, lo más hombruna que le salía: “A mí, con mi perrita y escopeta, nada me da miedo”:

Yo, la escopeta
y la goseta,
res me fa por.

Ya han pasado muchos años desde la época del Conde Bernardo de Ribagorza, Barón de Espés, y el tiempo se ha encargado de desdibujar sus andanzas y hazañas. Sin embargo la leyenda sigue en pie. Yo la escuché de labios de una abuelica de Castanesa en un atardecer de diciembre, en el hogar, junto a las llama chisporreantes. Me gustó y la guardaba para vosotros:

Pues señor, era cuando los reyes y los príncipe y los duques eran los dueños absolutos de los castillos y los pueblos y sus pobladores, y toda la gente se tenía que plegar a sus caprichos a cambio de un corrusco de pan y un poquito de una muy dudosa protección.

¿Que el señor del castillo se enfadaba con el de otro castillo porque le había insultado diciéndole que él era mejor cazador? Pues sus
aldeanos tenían que dejar su trabajo y sus casas y acudir a luchar contra el que había provocado a su amo y señor.

¿Qué la chimenea del barón se acababan los tizones que forzosamente tenían que arder continuamente? Pues sus súbditos tenían que dejarlo todo para ir a la sierra, al carrascal, a por la leña que él necesitaba.

¿Qué las bodegas del señor se resentían después de una semana dejuerga continua con otros amigos nobles? Pues los campesinos habían de vender posesiones suyas para poder ir a comprar el vino a la tierra baja y rellenar los mermados toneles de la abundante bodega de su amo.

¿Qué la baronesa necesitaba más criadas para mantener su casa como el oro de limpia, porque no era cosa de que ella cogiera ni una sola vez una bayeta? Pues sencillamente señalaba a las mozas que le dictaba su capricho automáticamente pasaban a su servicio, y por supuesto sin recibir nada a cambio.

Así eran los tiempos. Así las costumbres: unos dueños de todo, hasta de la vida de sus súbditos. Y estos, verdaderos esclavos, debían estar siempre al servicio del noble, a todo lo que mandase y ordenase so pena de caer en desgracia del conde, o duque, o marqués que dominaba la comarca. Y caer en desgracia del amo significaba el verse privado de su casa, de las cuatro cosillas que poseía, a veces hasta de su familia. Con frecuencia hasta la muerte.

Uno de estos hombres tiranos y vanidosos era el Barón de Espés. Disponía de sus vasallos a su antojo y creía que con sus generosas
limosnas al Monasterio de Obarra podía comprar su cielo y acallar los rumores disconformes de todo el contorno.

Su orgullo prepotente y su malsana pasión le condujo hasta a poner los ojos en una novicia jovencita de Obarra que hada poco tiempo había entrado en la beatería de junto al Monasterio.

Debía ser preciosa como un rayo de sol y había decidido consagrarse a Dios. Don Bernardo, en cuanto la conoció, empezó a frecuentar cada vez más el monasterio al que hacía regalos y más regalos esperando a cambio conseguir que la novicia se saliera del convento para entregarse a él.

Sus pretensiones significaban, está claro, un desprecio a todo lo sagrado. Pero también suponían no conocer muy bien ni a los frailes del Monasterio ni a sus paisanos. Muy pronto, el descontento de unos y otros hizo causa común.

Se reunieron para estudiar la situación y decidieron todos juntos hacer un escarmiento eficaz en la cabeza ele su señor. Espiaron todos sets movimientos y aficiones, especialmente la caza que le alejaba muchas veces de su castillo para meterse por entre los bosques del contorno.

Y una tarde en que había partido de cacería con la única compañía de sus armas y de su perrita favorita, fue el día señalado para ajustarle las cuentas.

Dicen que una bruja del pueblo, que como todas estaba confabulada con el diablo para hacer el mal corrió (o voló en la escoba) para avisarle del peligro que corría para que huyera o se escondiese. Lo encontró en la borda de Farrás de Espés cuando estaba asando una liebre recién cazada. Allí se disponía a merendar tranquilamente, ajeno a todo lo que se le veía encima.
Y la bruja se puso a cantarle una canción:

Señor de Espés
a Obarra vas
y a Obarra ves
pero a Espés
no tornarás més.

Don Bernardo escuchó el aviso sonriendo despectivamente. ¿Quién podría ser capaz de atentar contra él? Acarició su arma y contestó cantando tranquilamente según una versión antiquísima:

Con la goseta (=perrita) que porto y la espingarda que llevo
no le tendré miedo ni al mismo diablo.

La bruja se marchó enfadada porque no le había hecho caso. El barón terminó de merendar y se volvió hacia su castillo.

Para llegar a él, era necesario atravesar el barranco de Salat … Desde las alturas las gentes de los pueblos de sus dominios empezaron a acosarle a pedradas. La única escapatoria posible era un puentecico muy estrecho sobre el barranco y hacia él se precipitó.

Pero allí lo estaban esperando los frailes del Monasterio que venían con sus perros mastines.

La lucha fue terriblemente desigual. Los mastines, azuzados, se abalanzaron sobre el señor de Espés y de nada le sirvieron ni la goseta ni la escopeta. Allí mismo lo despedazaron.

Cuando se hizo presente la Justicia, nadie sabía nada de nada. Solamente sugerían que tal vez lo habían matado las brujas del Turbón por haber incumplido algún pacto con ellas.

 

Con muy pequeñas variantes creo que fue tomado de: Andolz, R. (2004). Leyendas del Pirineo. Para niños y Adultos. Huesca: Editorial Pirineo.

Releyendo las páginas sobre la cuestión social escritas por Concepción Arenal, he reparado en la introducción realizada por Tomás Pérez Gónzalez, editor de la obra allá por el 1880:

Lo poco que he escrito y lo no mucho que he realizado para elevar el nivel de las clases obreras por medio del ahorro, del trabajo y de la asociación, y para inclinar el ánimo de las clases acomodadas a cooperar generosamente, como conveniencia y como deber, a esa obra de paz, de progreso y de armonía en el mundo social, todo, repito, si algo vale, es debido en primer término a los saludables consejos de usted y a sus elocuentes escritos.

Dudo que haya nadie que leyéndoles y meditando sobre sus profundos conceptos, deje de sentirse inclinado a imitar el ejemplo de usted y a practicar algo de lo mucho bueno que aconseja en favor de la humanidad.

Me pregunto que dirían hoy estos dos, cuando vemos a trabajadores pobres, que están acudiendo a las instituciones de beneficencia, cuando la dualización de la sociedad se hace cada vez más extrema, cuando la mayoría de las "asociaciones" de trabajadores se han convertido en brazos extensibles de los gobiernos de turno, cuando el ahorro no está bien visto, y el consumos se ha convertido en el nuevo dios con sus altares en los diversos centros comerciales (y a ser posible en las afueras de las ciudades, y estas ya no son espacios donde los ciudadanos puedan construir nuevas formas de entendimiento), cuando el trabajo se hace cada vez más precario, y troceado por pedazos de tiempo, ... No sigo porque la paz sale de mi lado, el progreso se ha ido quedado constreñido a artefactos técnicos que cada vez más nos aíslan, y la armonía queda solo para la música.

Aún con sentimientos de utilizar la fuerza para cambiar todo esto, me acojo al pensamiento areliano y proclamo que:

La fuerza que se sostiene, es porque está sostenida por la opinión, porque es como su representante armado. Si contra ella quiere luchar, cae; si la fuerza apoya injusticias, es porque en la opinión hay errores: rectificarlos es desarmarla.

Por lo tanto seguimos reflexionando, madurando las ideas que transmite Concepción Arenal para poder intentar iluminar parte de la nueva, o vieja, cuestión social.

En algunas ocasiones me he encontrado con personas que se acercan a ser "el ombligo del mundo", todo lo que dices o haces parece que está echo o pensado para él o para ella.

Es el "efecto del centro del universo", en pocas palabras la creencia consistente en que los demás ponen más atención en nosotros mismos (apariencia y/o comportamiento) de lo que verdad (en realidad) sucede. Tendemos a vernos encima del escenario, siendo los únicos protagonistas de un monólogo, a veces insufrible. Sobrestimando, lógicamente, la atención que los demás nos dirigen.

Si unimos a este efecto con la "ilusión de transparencia", la sensación que nuestras emociones ocultas se revelan, y que son vistas con facilidad por los demás, tenemos un cóctel muy difícil de manejar. Nuestro yo y nuestros mundos sociales pueden, y lo hacen, entrar en colisión. Los resultados están servidos puesto que la motivación por uno mismo motiva el comportamiento social.

El famoso chiste de la persona que quiere solicitar un martillo a su vecino y cuando este le abre la puerta sonriente, le espeta: ¡Quédate con tu maldito martillo!, sin haberle pedido el "dichoso martillo".

http://www.aragondigital.es/noticia.asp?notid=152338&secid=6

Hace unos pocos días recibía una información acerca de los nuevos trastornos que aparecen en el DSM V, gracias a una de las alumnas del Centro Dynamis he tenido acceso a un documento muy interesante, que también he recibido por email en el día de hoy. Puedes leerlo tranquilamente aquí.

Si ya con el DSM IV nos encontrábamos con "falsos positivos", el autor del artículo nos alerta que con el V, vamos a tener una pandemia de trastornos, todos ya "estamos locos", pero ahora con una "F".

Aunque me malicio que detrás de esto están algunas farmacéuticas o algunos avispados con visión de negocio, pero a lo mejor soy un conspiranoico.
Pero como dice el autor del artículo:
"Cada paso en el desarrollo del DSM-V ha sido secreto y desorganizado. La dirección ha establecido una consistente línea de récords en proponer planes irreales e imposibilitados de lograr líneas de tiempo con previsibles cursos erráticos y fechas tope repetidamente incumplidas. Yo, por ejemplo, anuncié el último mayo en el encuentro anual de la APA (y en la prensa) que las pruebas de campo del DSM-V iban a comenzar en el verano [boreal] de 2009. Entonces, ocurrió que ninguno de los pasos preparatorios necesarios habían sido cumplidos y que las pruebas de campo debían ser pospuestas por, al menos, un año. Durante los últimos seis meses, ha habido varias objetivos sucesivos de fechas para publicar los proyectos del DSM-V, cada una de las cuales fue incumplida causando demoras inexplicadas. La pobre planificación y ejecución ya han forzado una demora de un año en la fecha proyectada de publicación del DSM-V (a mayo del 2013)".
"Conspiración", pienso ... pero a lo mejor no...

La miseria mental es moral e intelectual.

Miseria es, en todo, falta de lo necesario, y hay un necesario moral e intelectual, como físico. Cuando esta carencia se gradúa, cuando el hombre no tiene razón o conciencia, se dice que es un monstruo de maldad o que está loco; pero entre semejante situación extrema y la de la persona honrada y razonable hay tantos grados como median entre el que tiene en abundancia lo necesario y el que se muere de hambre. La locura es la muerte de la razón; la maldad sin remordimiento, la muerte de la conciencia; la falta de alimento prolongada, la muerte del cuerpo. La carencia en su grado máximo es rara, como lo son los dementes, los grandes criminales y los que se mueren de hambre; mas para que exista miseria, sea mental o material, no es necesario que mate.

Lo necesario moral es el cumplimiento del deber en su plenitud.

Lo necesario intelectual es el conocimiento del deber y del derecho, y de los medios de cumplir el primero y exigir el cumplimiento del segundo.

La situación del miserable, moralmente hablando, es tan grave, que no ya él, sino el filósofo moralista que le observa, duda muchas veces si ha faltado a sus deberes: porque en situaciones que los hacen tan difíciles que sólo pueden llenarse con esfuerzo heroico, ¿cómo exigir su cumplimiento? Y cuando no puede exigirse en absoluto; cuando no hay una regla fija, invariable; cuando el censor más severo tiene que hacer distingos y concesiones, ¿hasta dónde llegarán éstas? ¿Qué criterio habrá para determinarlas? Y si el que exige el deber vacila al señalar límites, ¿Cuáles marcará el que ha de cumplirlo? No se necesita reflexionar mucho sobre estas preguntas para comprender que, envuelven un grave problema para la conciencia y pueden significar un abismo para la virtud.

No hay duda que ciertos deberes positivos del miserable dependen de los grados de su miseria, Si no tiene pan, no puede mantener a sus hijos, ni cubrir su desnudez si carece de vestido, ni enseñarles si no sabe nada, ni darles ejemplo de palabras y acciones honestas, él, que ha aprendido a hablar entre blasfemias y obscenidades y crecido en la impudencia inevitable, que se contrae, como las escrófulas, en esas habitaciones donde viven y duermen hacinados niños y ancianos, hombres y mujeres.

Los deberes de todo padre, de alimentar a sus hijos, enseñarles y darles buen ejemplo, no lo son sino en cierta medida para el miserable, y hasta pueden dejarlo de ser absolutamente; para él, apenas existen más que deberes negativos: no robar, no matar, no hacer daño, abstenerse, y aun éstos sabe Dios la dificultad con que los cumplirá en ocasiones, el heroísmo que necesitará tal vez para cumplirlos, la disminución de responsabilidad y de culpa que tendrá si no los cumple: he aquí cientos, miles de criaturas mutiladas, moralmente hablando.
Se deplora, y con motivo, que haya masas que no tengan la plenitud de los derechos; pero hay otra cosa mucho más deplorable, y es, que haya hombres por millares que, sin ser malos ni estar locos, no tengan la plenitud de sus deberes. Esto es tan doloroso, tan grave, que los que no lo ven, o lo miran sin temor ni dolor, están muy lejos de mirar las cosas en razón y en conciencia.

Tomado del Capítulo XVII, "De la miseria moral". El pauperismo.

Poco después publicamos el cuento de Caperucita desd los ojos del LOBO.

El cuento también puede ser utilizado con usos no necesariamente terapéuticos, aunque ayuden a. Volveré en otro momento con el mismo cuento y con otro uso,
Visto y considerando los acontecimientos ocurridos y por todos conocidos, fallamos:

  1. Que Caperucita no desconocía que podía encontrarse con el Lobo.
  2. Que tampoco era ajena al hambre del Lobo, ni a los peligros del bosque.
  3. Que si le hubiera ofrecido la cesta de la merienda para que el Lobo calmara su hambre, no habrían ocurrido los sucesos referidos.
  4. Que el Lobo no ataca a Caperucita de inmediato y hay evidencias claras de que primero conversa con ella.
  5. Que es Caperucita quien voluntariamente le da pistas al Lobo y le señala el camino de la casa de la abuelita, lo cual claramente la convierte en cómplice.
  6. Que la anciana no es imputable ya que confunde a su nieta con el Lobo.
  7. Que cuando Caperucita llega y el Lobo está en la cama con la ropa de la abuela, Caperucita no se alarma.
  8. Que el hecho de que Caperucita confunda al Lobo con la abuelita demuestra lo poco que iba a visitarla, hecho que se tipificaría como abandono de persona anciana por parte de la joven Caperucita.
  9. Que el Lobo, con respuestas simples y directas, quiere desesperadamente alertar a Caperucita sobre su posible conducta final.
  10. Que cuando el Lobo, que ya no sabe qué más puede hacer para alertarla y se come a Caperucita, es porque ya no le quedaba otra solución.
  11. Que es altamente posible que antes Caperucita hiciera el amor con el Lobo e incluso lo disfrutara.
  12. Que cobra cada pvez más fuerza la versión de que Caperucita, cuando oye la pregunta del Lobo: «¿Adónde vas?» Realmente respondió: «A bañarme desnuda en el río…».
  13. Que se desprende del punto anterior que es Caperucita la que provoca los más bajos instintos brutales y depredadores, en la pobre fiera.
  14. Que el Lobo ataca, si, pero tal hecho corresponde a su propia naturaleza y a su instinto natural y animal, exacerbados por la conducta de la susodicha Caperucita.
  15. Que merece un párrafo aparte la madre de Caperucita, en quien se aprecia signo de culpabilidad por no acompañar a su hija, conociendo los peligros del bosque.

Por todo lo antes dicho, se absuelve al Señor Lobo y se dispone además:

  • Apercibir a la familia de Caperucita, imponiendo a la abuela que
    se presente en el hospital que se designe, para su observación
    gerontológica.
  • A la madre, apercibirla para que cumpla correctamente con sus
    deberes de madre.
  • A Caperucita,
    • Trabajo comunitario en el zoológico para que pueda conocer
      plenamente la naturaleza y el instinto animal.
    • Indemnizará al Sr. Lobo a razón de 100 € diarios y ha de
      prepararle todas las tardes la merienda durante un año.
    • A pagar las costas del proceso.

Aclarar así mismo en el presente fallo que este proceso no afecta el buen nombre y honor del señor Lobo.

Publíquese, archívese, y téngase por firme el presente fallo.

Firmado y rubricado:

ALBERTO RUIZ-GALLARDÓN.

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