Nos venden la moto … pero solo el chasis

Estoy, como lo estamos todos, martilleado una y otra vez con la especie que los jóvenes son los «culpables de la situación actual de la pandemia». Es bien cierto que hay muchos contagiados y en franjas de edad menores que en las otras olas, pero hay algunas cosas que voy a reflexionar a lo largo de estos días. Hoy solo voy a apuntarlas

Para todos los que trabajamos en el mundo de la salud desde el campo de la sociología conocemos el poderoso efecto de la cultura tanto en la salud como en la medicina. La cultura afecta la forma como las personas interactúan con los miembros de los diversos sistemas de salud (incluso con los chamanes, curanderos, …); pero también, la cultura, afecta a cómo se relacionan, cuando están enfermos, con sus familias, compañeros de trabajo, entorno, etc. Incluso sobre su concepto de salud.

¿Hay algunos problemas de salud que son característicos de una sociedad concreta? ¿de una cultura concreta? ¿Quién dice qué (quién define) es enfermedad? ¿Varía el cuidado de la enfermedad de una nación a otra? ¿de una ciudad a otra? ¿de un pueblo a otro? ¿de una clase social a otra?.

Partimos de dos grandes hechos: que las comunidades en las que las personas viven tienen un impacto en su salud y que la cultura, también, contribuye en las diferencias en el cuidado médico e incluso en cómo se define la salud. De hecho utilizamos el término síndrome cultural se refiere a una enfermedad o dolencia que no se puede entender sin tener en cuenta el contexto social específico del que proviene.

Planteémonos estas ideas en la situación actual de pandemia que vivimos y podremos extraer tres conclusiones rápidas.

  1. Vivimos en una sociedad occidental en la que la medicina ha trasladado una idea poderosa a nuestras mentes: para cualquier enfermedad va a haber una cura. El gran paradigma médico lo ha invadido todo. Pero esto tiene una contrapartida la medicalización de la sociedad es obvia, pero para nosotros esta obviedad provoca, guste o no, el control social por parte de la medicina como institución social.
  2. Hay desigualdades en el cuidado de la salud. No solo tenemos la medicalización porque nos podemos plantear quién se está beneficiando de esta pandemia, quien la está sufriendo más, quién está dominando a expensas de los otros (¿por qué unas vacunas y no otras? ¿Quién y con qué criterios se están distribuyendo? ¿Qué profesionales están más sobrecargados?…). Las respuestas a estas preguntas nos pueden dar para varios comentarios.
  3. Desde otra perspectiva podemos analizar la enfermedad y podemos afirmar que conlleva rupturas en nuestras interacciones sociales, tanto en el trabajo como en el hogar. Por lo que estar enfermo obliga, por tanto, a estar controlado, y así, en principio, no son demasiadas personas a la vez las que son eximidas de sus responsabilidades sociales. Salvo cuando ocurre algo que nos sobrepasa.

Dichas estas tres conclusiones rápidas utilizando perspectivas sociológicas diferentes podemos analizar lo que está ocurriendo.

Se nos ha trasladado la idea que las vacunas “lo pueden todo”, “que las mascarillas si, no, si”, pero ahora hay que enseñar la sonrisa, o irnos de cañas, … que nuestros dirigentes saben lo que hacen y por lo tanto nos deben controlar, tanto para la salidas como para los encierros. Que no tenemos responsabilidades sociales, o individuales… Pero cuando nos sobrepasa la situación nosotros somos los culpables de la misma, porque no somos responsables individualmente. Porque el comportamiento que se les pide a las personas que se consideran enfermas tiene que ser el que “los guardianes” de las mismas nos digan lo que tenemos que hacer.

Pero en esto también hay algo kafkiano, se supone que son los médicos los que funcionan como “guardianes” del rol de enfermo. Ellos verifican la condición del paciente como “enfermo” o designan al paciente como “recuperado”. Pero ahora, en estos mismos momentos, en España, no son ellos los que lo determinan: son nuestros dirigentes, nuestros políticos, especialmente nuestro presidente del gobierno.

Esto es lo que hay por detrás de lo que nos quieren vender: “los adolescentes borrachos, incontrolados, incívicos, con sus botellones están conduciendo a nuestra sociedad a la destrucción”. Son capaces de ser “matar a sus abuelos” por no cumplir “con su responsabilidad”.

Es verdad que hay que tener “sentidiño” y que tienen que extremarse las precauciones, pero no son los únicos responsables de lo que está pasando. Somos un pueblo con una cultura que podría resumirse en la letra de la canción: Libertad sin ira. Pero que también inventamos la guerra de guerrillas. Simplemente un recuerdo

#Sentidiño #SiemprehayunaAlternativa

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