Sobre la Autoestima

Muchas veces no somos conscientes de lo que llevamos dentro de nosotros mismos. Hay una frase que me gusta repetir y repetirme: «Vuélvete hacia ti mismo, pues en ti habita la Verdad, y si te encuentras mudable, transciéndete». Es la frase de Agustín de Hipona que lleva rumiándose en mi mente desde hace años. Es una frase que suelo hacer llegar, en algunas ocasiones, a las personas que acompaño. Otras le envío un cuento sobre el valor de un anillo. Dice así:

Agobiado por sus conflictos internos, un joven alumno fue a visitar su anciano profesor. Y entre lágrimas, le confesó: «He venido a verte porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas ni para levantarme por las mañanas. Todo el mundo dice que no sirvo para nada, que soy inútil y mediocre. ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?» El profesor, sin mirarlo a la cara, le respondió: «Lo siento, chaval, pero ahora mismo no puedo atenderte. Primero debo resolver un problema que llevo días posponiendo.» Y haciendo una pausa, añadió: «Si tú me ayudas primero, tal vez luego yo pueda ayudarte a ti.»

El joven, cabizbajo, asintió con la cabeza. «Por supuesto, profesor, dime qué puedo hacer por ti.» Pero más allá de sus palabras, el chaval se sintió nuevamente desvalorizado. El anciano se sacó un anillo que llevaba puesto en el dedo meñique y se lo entregó al joven. «Estoy en deuda con una persona y no tengo suficiente dinero para pagarle», le explicó. «Ahora ves al mercado y vende este anillo. Eso sí, no lo entregues por menos de una moneda de oro». Seguidamente, el chaval cogió el anillo y se fue a la plaza mayor.

Una vez ahí, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Pero al pedir una moneda de oro por él, algunos se reían y otros se alejaban sin mirarlo… Derrotado, el chaval regresó a casa del profesor. Y nada más verlo, compartió con él su frustración: «Lo siento, profesor, pero es imposible conseguir lo que me has pedido. Como mucho me daban dos monedas de plata. Nadie se ha dejado engañar sobre el valor del anillo.» El anciano, atento y sonriente, le contestó: «No te preocupes. Me acabas de dar una idea. Antes de ponerle un nuevo precio, primero necesitamos saber el valor real del anillo. Anda, ves al joyero y pregúntale cuánto cuesta. Y no importa cuánto te ofrezca. No lo vendas. Vuelve de nuevo con el anillo.»

Y eso fue lo que hizo el joven. Tras un par de minutos examinando minuciosamente el anillo, el joyero lo pesó y con un tono de lo más serio, le indicó: «Menuda maravilla que has traído. Dile a tu profesor que esta joya vale como mínimo 50 monedas de oro». Y el chico, incrédulo, se fue corriendo para comunicárselo a su profesor.

El chaval llegó emocionado a casa del anciano y compartió con él lo que el joyero le había dicho. «Estupendo, gracias por la información. Ahora siéntate un momento y escucha con atención», le pidió. Y mirándole directamente a los ojos, añadió: «Tú eres como este anillo, una joya preciosa que solamente puede ser valorada por un especialista. ¿Pensabas que cualquiera podía descubrir su verdadero valor?» Y mientras el profesor volvía a colocarse el anillo en su dedo meñique, concluyó: «Todos somos como esta joya. Valiosos y únicos. Y andamos por los mercados de la vida pretendiendo que personas inexpertas nos digan cual es nuestro auténtico valor

Cuento extraído del libro “26 cuentos para pensar”, de Jorge Bucay.

Sin manual, cámbiame al hijo/a

En la entrada anterior del blog hablamos que no existe manual para manejarnos en la etapa de la adolescencia de nuestros hijos, y recomendaba aquello de “paz” y “ciencia”. Y sobre todo “no volar todos los puentes” con el o la adolescente añadiendo la importancia de “mantener la creencia profunda en los valores y competencias del o de la adolescente”.

Mantener esa creencia es de vital importancia porque nos aleja de la tentación de hacer recaer en el profesional la responsabilidad del cambio del “elemento que se ha desviado de la norma” de la familia. Delegar en el profesional es la tentación de la familia, pero también la manzana envenenada que a veces mordemos como profesional.

Pero los auténticos profesionales del menor o del adolescente que necesita el acompañamiento son los propios padres, los adultos significativos para el menor, lo que hoy se conoce en muchos casos como los tutores de resiliencia.

Hacer entender al adulto que ellos son los verdaderos conocedores de lo que hace o no hace el menor, o al menos que pueden tener claves que otros no vamos a poder utilizar es el primer paso para comenzar un nuevo camino familiar que sirva para que de nuevo se conviertan en la base segura a la que puedan retornar en los momentos en que más lo necesiten.

Es volver a responsabilizar a los adultos en aquello que hemos oído tantas veces: “educar es sembrar y saber esperar”. Ya sabemos que educar es una tarea en la que, a veces, cunde el desánimo. Por ello es preciso, para los profesionales que estamos en el entorno de la familia, recordar que el hecho educativo es complejo.

Tirar la toalla no es una opción por mucho que cunda el desánimo y se instale el desaliento, que es lo que traen las familias a consulta. Retomar, cual gota malaya, la idea que los padres son los mejores conocedores de sus hijos, que la impresión de que los valores que se han inculcado en el hogar, en la familia, en la escuela han desaparecido, es eso una impresión. Que el profesional «no va a cambiar al adolescente», que en el cambio están implicados todos los miembros de la familia, al menos la nuclear.

Y esto repetirlo en la primera, en la segunda, … en la última sesión. Recordando que tenemos que pegarnos a las familias, a su estilo relacional y comunicacional. Pero también el del adolescente que en esos momentos puede ser diferente al de la propia familia. Si no podemos olvidarnos que en la etapa de la adolescencia el menor está experimentando “el ser único” y no tiene porque convertirse, ni pretender que se convierta, en la “imagen y semejanza” de su propia familia, o “del niño perdido/soñado por los adultos” con los que convive. Hay que estar atentos a no admitir la delegación del cambio en las interacciones y comunicaciones de la familia.

Por lo tanto para los padres de los adolescentes, esos profesionales del hijo o de la hija tienen que volver a creer en ellos mismos, en que el momento en el que están viviendo es el de café diario para charlar sobre la educación de los hijos, de negociar sus discrepancias sobre esa educación y otras cosas. Es el momento de zanjar de inmediato los problemas de convivencia, y hablar con ellos sobre el tema. Hablar, quieran o no quieran. Y recordar que son y seguirán siendo familia.

Con un pan, o una guía de instrucciones, bajo el brazo

Hace un par de días una de las alumnas en prácticas de nuestro centro de psicoterapia me preguntó qué entendía yo por el acompañamiento a padres; se refería a la orientación y acompañamiento que hacemos con los padres con hijos adolescentes.

Mi respuesta fue decirle que a veces tengo la sensación de estar trabajando con un muelle, que de vez en cuando todo se vuelve a lo que parecía el primer momento, pero que luego, en frío veo los avances y que no estamos en el punto de partida. ¿Cuál es ese punto de partida? Adaptarse a los adultos que vienen en demanda de ayuda y hacerles entender que estamos en una etapa, compleja, es verdad, pero que es una etapa en la vida del hijo o de la hija.

Incluso a veces para distender el ambiente les digo a los consultantes que la adolescencia se termina el día que te ven llegar cansado a casa y te preguntan: “papá, te veo cansado ¿qué quieres que te prepare?”. Como comprenderéis alguna risa nos hemos echado.

La adolescencia es un tiempo breve, aunque lo vivamos como intenso, muy intenso y largo. Pero lo es, en apenas un abrir y cerrar de ojos hemos pasado de los doce a los diecinueve años de nuestro hijo o de nuestra hija. Es verdad que esos seis, siete u ocho años pueden ser vividos como si te cayesen veinte o treinta tifones o danas.

Pero, como le comento a los padres, este es el momento idóneo para ir preparando a los hijos “para echarlos de casa”, “que salgan por la puerta grande”. Dejo para otro momento los comentarios y reacciones de los padres, especialmente de las madres, a estas afirmaciones.

Sí, la adolescencia es la etapa para prepararles para salir de casa, aunque la familia también representa una base segura para que ellos puedan regresar al “calor del hogar”. Salir de casa, emanciparse, es el momento en el que pasas a ser “el padre o la madre de …”. Y esto también constituye un reto para los adultos. Volveremos sobre el tema en otro momento.

Como decía anteriormente, nos encontramos en una etapa en la que hay comportamientos y actitudes de nuestros hijos que no acabamos de comprender, que no acabamos de entender del todo. No, no estoy hablando de hijos adolescentes que presentan problemas de actitud o comportamiento, ni tampoco de hijos que puedan estar en “conflicto social”. Estoy hablando de actitudes y comportamientos habituales de los adolescentes que a los adultos nos chocan, cuando no los acabamos de entender, o de estilos de vida que no “pegan” con el estilo de vida familiar o con el estilo que ellos mismos han llevado hasta ese momento.

Estos días he visto por televisión un anuncio de una determinada marca de alimentación que refleja muy bien esto que estoy diciendo, y puedo aseguraros que me encanta el tratamiento que hace porque refleja en gran medida la perplejidad con la que llegan los adultos cuando solicitan ayuda para entender y actuar en esta fase de la vida de sus hijos.

Vienen pidiendo “el manual para “manejar” al hijo o la hija”. Porque, en muchos momentos, la justificación que se han dado para esos cambios de comportamiento o actitud, “es que es la adolescencia”, ya no les da explicación o no les sirve para lo que están viviendo.

No, no hay manual, o eso es lo que yo les digo, solo hay “paciencia” y/o “paz y ciencia”. Cada adolescente es un mundo en sí mismo, lo mismo que cada padre y cada madre, y cada unidad familiar…

¿Pero, entonces? Hay algo que puede servir para todos, no, no es un manual, es algo que desde que yo trabajo con adolescentes y familias parece que puede ser útil. Dos cuestiones:

La primera no volar todos los puentes, que alguien de la familia mantenga algún canal de comunicación con el adolescente. Mantenga un diálogo con escucha activa.

Y la segunda, tan importante o más que la primera, es mantener la creencia profunda en los valores y competencias del o de la adolescente. Valores y competencias que por otra parte han sido “mamados” y entrenados en el seno de la propia familia. Y que están en el interior de ese o esa adolescente que “no acabo de entender”

Seguiremos hablando de cuestiones que tienen que ver con ese “no manual”.

¡Buen trabajo!

Sócrates y los tres filtros

Una vez colgados los mensaje de hoy, desde el otro lado del charco me llega el siguiente mensaje:

Los tres filtros

«En la antigua Grecia, Sócrates era un maestro reconocido por su sabiduría. Un día, el gran filósofo se encontró con un conocido, que le dijo muy excitado:

  • Sócrates, ¿sabes lo que acabo de oír de uno de tus alumnos?
    • Un momento…- respondió Sócrates – Antes de decirme nada me gustaría que pasaras una pequeña prueba. Se llama la prueba del triple filtro.
  • ¿Triple filtro?
    • Eso es- continuó Sócrates – Antes de contarme lo que sea sobre mi alumno, es una buena idea pensarlo un poco y filtrar lo que vayas a decirme.
    • El primer filtro es el de la Verdad. ¿Estás completamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?
  • No, me acabo de enterar y…
    • Bien- dijo Sócrates – Conque no sabes si es cierto lo que quieres contarme.
    • Veamos el segundo filtro, que es el de la Bondad. ¿Quieres contarme algo bueno de mi alumno?
  • No. Todo lo contrario…
    • Así que…- le interrumpió Sócrates – quieres contarme algo malo sobre él, que no sabes siquiera si es cierto.
    • Aún puedes pasar la prueba, pues queda un tercer filtro: el filtro de la Utilidad. ¿Me va a ser útil esto que me quieres contar de mi alumno?
  • No, no mucho…
    • Por lo tanto..- concluyó Sócrates – si lo que quieres contarme puede no ser cierto, no es bueno, ni es útil, ¿para qué contarlo?»

Podemos extraer la moraleja, pero hoy en el #DesayunoconmiAmigoMario lo hemos aplicado a ciertos comunicadores que después de lo que han hablado del COVID siguen dando «doctrina» y repartiendo carnets de buenos y malos.

#EstoTambienPasará

Lo liquido, siguiendo a Z. Bauman

Hace unos días caminando por los desiertos pasillos de la facultad sonó un ruido que me hizo recordar cosas de mi niñez. Sé por experiencia que un sonido, un olor, un pensamiento, un sentimiento, etc. puede ser el disparador de algo. En este caso el disparador me llevó a una aldea pequeña a unos doce kilómetros de La Coruña cuando mi abuela materna me intentaba, sin mucho éxito he de reconocerlo, explicar como sonaba un carro de bois vacío y lleno.

Sí, uno de esos carros del país, del que hace un par de años en un camino rural me encontré frente a él en el coche con mis nietos y pude explicarles, que yo, su abuelo, había montado mucho en ellos. Los ojos de mi nieto mayor se abrieron como dos grandes ventanales, y un ¿de verdad abuelo? salió de su garganta como no dando crédito a lo que le estaba diciendo. Recordar a mis abuelos es recordar toda una experiencia de vida que me ha marcado profundamente. De mi otra abuela he recibido la experiencia del trabajo constante y flexible de las labores que realizaban “las mandaderas” en las casas “bien”.

De mis abuelos mantengo siempre la imagen de dos personas que aún en bandos opuestos en la última guerra civil me enseñaron el valor de la palabra empeñada en mantener sus ideas, en construir un mundo mejor, en creer en la idea de progreso, en un futuro, … Y de pronto mis pensamientos se cortaron al ver a una alumna de segundo con mascarilla, sentada en el suelo y apoyada en un banco, escuchando a una profesora, y tomando apuntes en su mac. No pude por menos que comentarle que era mejor que se fuese a la cafetería en la terraza que estaría más cómoda, … me miró, y creo que me sonrió, … “no nos dejan”, fue su respuesta.

«No nos dejan», se me quedó grabado como si me hubiesen metido una puñalada en el ánimo. Más tarde hablando con una de las alumnas a las que este curso dirijo el TFG comentamos algunas cosas del día y día, cuando de repente me dice: “Jo, Luis, me dan pena”… “¿Quiénes?”, “Mi hermana que está en segundo, sus amigos, sus compañeros. No van a vivir la Universidad”.

Y de pronto “el carro de bois” volvió a resonar, no sé si lleno o vacío”.

Los que tenemos cierta edad hemos vivido, hemos mamado de nuestros mayores. La idea del progreso, esa idea que siempre iremos hacia un futuro, y un futuro mejor, que nuestra generación va a ser mejor, va a tener mas, va … hacia una sociedad mejor y más justa; parece que se está truncando. Nuestros principios eran sólidos, permanentes. Si hacíamos una carrera, si estudiábamos. y en el deber ser: estudiantes primaba sobre todo, conseguiríamos movilidad ascendente. Subiríamos en la escala social, tendríamos un trabajo para toda la vida (aunque yo no puedo ser ejemplo de esto, pero aunque profesionalmente de momento me he mantenido como hilo conductor, sí que he cambiado varias veces de profesión). Teníamos mores que nos hacían recorrer un trayecto reconocible.

Pero hete aquí que de pronto esas fronteras han dejado de ser paredes altas y con muros gruesos, y ni siquiera son ya mojones. Simplemente no hay frontera muy reconocible e igual en todos y cada uno de los ámbitos de la vida, y en todo caso la frontera se adecúa a lo que quiere la persona como unidad. Hemos pasado del nosotros, al yo. Volvemos al «panta rei», en la vida todas las cosas fluyen, se desplazan, se desbordan, se filtran y gotean, siempre por un periodo de tiempo limitado y sin ocupar un espacio concreto y definido.

Esto por esto que el filósofo y sociólogo Zygmunt Bauman adopta el concepto de “liquidez” como una alegoría de la naturaleza, que representa además una nueva fase de la historia humana. Todo lo que nos está pasando, y al mismo tiempo, lo que nos puede seguir pasando. ¿Y por qué la liquidez? Por que las “cosas líquidas” no se atan de ninguna forma al espacio ni al tiempo, son libres de fluir por donde quieran, pero siempre de manera momentánea.

El momento, la inmediatez es el signo de nuestro tiempo. Lo liquido es lo que nos va a impregnar todos y cada uno de nuestros instantes, todos y cada uno de nuestros roles. Tomemos por ejemplo el campo laboral: tenemos que ser flexibles y estar capacitados para cumplir diferentes funciones y movilizarse para enfrentarse a nuevos desafíos. Que os voy a decir a vosotros que vivís el mundo universitario, o el mundo escolar.

Un empleo ya no va a ser suficiente para crear una carrera profesional, es necesario experimentar distintas labores en diferentes puestos y compañías para poder aprender más y destacarse por sobre los demás. Hemos dado un paso más en la competitividad, estamos entrando en la era del individualismo, también determinante en el campo profesional. ¿Los equipos de trabajo? No tengo muy claro que se puedan mantener en los “tiempos líquidos”, porque la identidad personal será el santo y seña.

Hoy un compañero del mundo de las empresas del tercer sector que acababa de leer algo de Bauman para una ponencia me escribe y me preguntaba sobre esta frase que transcribo”: “Los cambios constantes y las exigencias cada vez más limitantes del mercado laboral atemorizan a los trabajadores, que no pueden seguir el ritmo vertiginoso de la Modernidad Líquida, quienes muchas veces quedan rezagados y no sirven como sujetos funcionales al sistema laboral actual”.

Mi contestación fue “siempre nos quedará la UTOPÍA”. Porque Bauman también dice: “La vida líquida es una sucesión de nuevos comienzos con breves e indoloros finales”. Y si ello es cierto el péndulo de la historia sigue su proceso.

No se si volverán, pero el sonido del carro del país era un sonido que vertebraba todo el territorio, incluso el de las siete provincias gallegas, pero esto, esto ya es otra historia.

La relatividad del momento

Hoy me ha llegado de allende los mares un email con un «mensaje positivo» y quiero compartirlo con todos vosotros. La persona que me lo envía lo hace con cierta ironía, por mi situación personal. Me he reido y le enviado un mensaje alusivo, también con cierta «sorna». Transcribo:

Hay quien sufre porque está lejos de algo: de una meta, de una persona, de una ciudad . .. La lista es muy larga. En todos esos casos hay una constante: se puede reemplazar el concepto de lejanía. ¿De verdad?, si, claro que se puede, se puede hacer con el concepto opuesto de cercanía. De hecho, sólo estamos lejos con respecto a algo, y siempre que estamos lejos de algo, también estamos cerca de otra cosa.

Es poder ver las cosas desde otro prisma, o como «decís los sistémicos», se puede redefinir, o hacer una connotación positiva o la realidad se construye, etc… Pon lo que tu desees amigo Luis.

¿Quieres un ejemplo? Estas cerca de tu jubilación…. pero ya tienes mucha experiencia acumulada

  • Estas lejos del trabajo… pero estás cerca del lugar de descanso.
  • Estas lejos de la personas… pero estás cerca de ti mismo.
  • Estoy lejos de mi ciudad natal… pero cerca de la ciudad de tu chica, de tu chico, de … cualquier otra ciudad.

Reconstruir la realidad con el otro, es un juego interesante, compañero…

Siempre la regla será LEJOS DE X y CERCA DE Y.

Solo he podido decir que estoy de acuerdo y que esta se la guardo para cuando esté CERCA de mi…

#noticiasociologiaclinica

#intervencionsistemica

#terapiafamiliarsistemica

#espaciodepensamientosistemico

Buen trabajo

Nuestros males…

Se dice que los males de España vienen de lejos. Cómo decía hace unos días releyendo a María José Lacalzada, me encuentro con un cita que viene a cuento del debate sobre los derechos para la mujer trabajadora, Emile Morsier propone en su obra algunas cuestiones para el debate que a finales del siglo pasado se está delucidando.

En este contexto, la profesora Lacalzada comenta muy sagazmente:

Emile Morsier defendía la capacidad de autodeterminación de las personas, el papel del Estado era facilitar los medios para ampliar el nivel de consciencia, pero no suplirla.

El recuperar una moral individual no condicionada por el dogma estaba vinculado a la recesión que llevaba experimentando la Iglesia católica ante la Revolución liberal; pero tampoco el Estado debía ser guardián de las normas. Estas dos coordenadas vistas desde una perspectiva española significaban una doble revolución:

El sentido reformado de la religiosidad y el ejercicio de la ciudadanía. Ambos espacios tenían escasa viabilidad en el sistema. El primero por atentar contra los cimientos contrareformistas, el segundo por democratizador. Sin embargo, en otros países europeos, como Francia, reforzaban vías que ya tenían abierto el cauce: la religiosidad protestante y la política republicana. (pág. 189)

Aunque ella no lo plantea, es bien cierto que estas ideas no podían cuajar en la España de finales del siglo XIX y los hilos de este debate nos siguen agitando porque no se acaba de entender claramente el principio de subsidiariedad, que fue formalmente consagrado por el Tratado de Maastricht, que lo inscribió en el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea.

Por cierto tal como se contempla en las fichas temáticas sobre la Unión Europea queda definido como:

El principio de subsidiariedad tiene como función general garantizar un cierto grado de independencia a una autoridad inferior respecto de una instancia superior, en particular un poder local respecto de un poder central. Se refiere, por consiguiente, al reparto de las competencias entre los diferentes niveles de poder, principio que constituye la base institucional de los Estados federales.

¿interesante, no? Pues a lo mejor debemos plantearnos que debemos empezar a dejar de pensar en «Papá Estado» y plantear nuestras propias responsabilidades para producir cambios significativos en nuestras sociedades particulares. ¿O estoy pidiendo mucho?

Lacalzada, M. J. (1994). La otra mitad del género humano: la panorámica vista por Concepción Arenal (1820-1893) (Vol. 8). Universidad de Málaga

Actualidad a la luz de Concepción Arenal

Suelo utilizar parte del verano para releer a los clásicos y a cuestiones que tienen que ve con mi hobby favorito: Concepción Arenal. En este caso estoy releyendo un libro de la gran experta en el pensamiento y obra de la ilustre gallega como es María José Lacalzada, “la otra mitad del género humano” (1).

Y de pronto te encuentras con un par de citas que te explican, o te dan un poco de luz a alguna de las cuestiones que hoy están aconteciendo y que parecen que no han cambiado desde mitad o finales del siglo XIX. Si Concepción Arenal levantase la cabeza podría seguir afirmando de España:

“La falta de opinión pública y de acción pública en España, da facilidades a los abusos, opone obstáculos a todo de benéficas innovaciones, de modo que las reformas intentadas se parecen muchas veces a edificios construidos bajo un plan bueno, pero con materiales malos. El que no considere más que nuestros Códigos, supondrá que somos un pueblo que marcha rápidamente por el camino del progreso, porque aun cuando la legislación diste mucho de ser perfecta, tampoco lo son las de los pueblos más cultos, y por la comparación de sus leyes con las nuestras no se puede venir en conocimiento de nuestra inferioridad real. Depende ésta de la falta (relativa) de tres actividades:
Actividad intelectual
Actividad económica
Actividad moral en todo lo que al bien público se refiere.
Pensamos y sabemos poco; trabajamos poco y mal, y miramos las obras que son en beneficio de todos como si no nos interesaran a ninguno…”

Ver notas


Y sobre la sociedad civil en general y las asociaciones en particular decía:

“Si del estudio de las leyes pasamos al de aquellas instituciones que viven, no en virtud de mandato legal, sino por la buena voluntad de los que forman parte de ellas; si consideramos la inmensa suma de bien que se realiza en otros países por miles y millones de personas que espontáneamente contribuyen a él con su trabajo, con su dinero, con grandes sacrificios a veces; si notamos que no es posible que el gobierno, ningún gobierno, ni el Estado en ninguna de sus esferas, ni la legislación
más completa y sabia vivifiquen a un pueblo cuando los legislados son masa pasiva, ciudadanos mecánicos, que no hacen otros movimientos que el que les imprime el resorte legal; si comparamos lo que en esta línea hay en otros países y en el nuestro, aparece la verdad evidente y dolorosa, y la explicación clara de nuestra inferioridad”

Ver notas

Muchas veces estamos mirando fuera, esperando no sé que rayo cegador nos transforme la mirada y como nuevos “san pablos-” podamos ser aposto les de un nuevo amanecer, de un hombre nuevo, de una ciudadanía nueva, cuando nuestros males vienen de viejo y los remedios nos los han propuesto, pero no los queremos tomar como los niños huyen de los jarabes que les podrían ayudar a mejorar la salud.

No es buscar fuera de nosotros, sino aceptar lo que Agustín de Hipona decía: “Noli foras ire, in te ipsum redi, in interiore homine habitat veritas; et si tuam naturam mutabilem inveneris trascende et te ipsum.” (De vera religione C. 39, 72.) Recordemos cuando estudiábamos filosofía que este concepto es de lo más audaz que cabe imaginar. “Porque naturaleza de una cosa es, precisamente, lo que la constituye de modo permanente. Para Aristóteles es naturaleza el principio del movimiento, lo constante, idéntico en lo que aparece cambiando, aquello que hace que una cosa cambie permaneciendo sin cambiar. Y en el pensamiento moderno, naturaleza es ley invariable en las variaciones; expresión de lo que ocurre siempre de modo igual y necesario”.

La búsqueda de algo permanente, tal vez lo perfectible en el ideario areliano, es lo que realmente nos debería movilizar, y al mismo tiempo considerar el valor moral de lo que estamos realizando, asumir nuestras responsabilidades en nuestros comportamientos.

Para esto no es necesario que venga nadie de fuera a decirlo, simplemente es volver a nuestros clásicos, a reivindicar sus opiniones y sacarlas del ostracismo, cuando no de quién las quiere canonizar para su causa, con el consiguiente desmantelamiento de sus opiniones y obras por otros agentes implicados en arrebatarlos para las propias necesidades. Es reconocer, como lo hace la profesora Lacalzada, que Concepción Arenal mantiene la idea que toda persona, independientemente de sus circunstancias, puede ampliar sus capacidades de elección y perfectibilidad, transformarse moralmente, en un sentido kantiano.

(1) Lacalzada, M. J. (1994). La otra mitad del género humano: la panorámica vista por Concepción Arenal (1820-1893) (Vol. 8). Universidad de Málaga
(2) Arenal, C. (1974). La emancipación de la mujer en España, Madrid. Biblioteca Júcar. Edición y Prólogo de Mauro Armiño

Sentidiño

Aquellos que me conocen saben que soy de nacimiento gallego y de derecho foral aragonés, ¡tantos años a la orilla del Ebro!. Hago esta primera declaración por el título del artículo semanal.

Hoy voy a dejar de lado la serie que he venido realizando sobre como se puede manipular sutilmente con el lenguaje. Voy a dar rienda suelta a alguno de “mis temas”.

Este, de hoy, tiene que ver con algunas noticias que están apareciendo sobre contagios del COVID-19 entre jóvenes de distintos puntos de nuestra geografía. Y viene al pelo con una situación protagonizada por mí ayer por la tarde.

Tengo mi despacho profesional en una de las zonas de Zaragoza donde aparcar se convierte en una excursión de caza, de caza del sitio para poder ponerlo en una zona azul o en una de color naranja, que así tenemos dividido nuestro suelo en esta bendita ciudad. Pues cuando no tienes aparcamiento en la tienes que acabar en alguno de los parkings, caros por lo general, que pueblan el centro urbano.

Uno de ellos está cerca de uno de las plazas donde “acampan y patrullan” nuestros adolescentes. En el día de ayer para llegar a donde tenía aparcado el coche tuve que cruzar dicha plaza. La aglomeración de jóvenes y adolescentes, todos sin mascarillas, y algunos sentados encima de otros, era como si la normalidad se hubiese instaurado ya. Parecía que no había pasado nada.

Después de un par de empujes, por las dinámicas de relación y juegos que estaban llevando, llegó un momento no podía pasar porque habían formado una especie de muralla entre dos bancos bastante separados.

Pienso que con amabilidad les pedí por favor paso, yo iba con mi mascarilla, y escuché el comentario de “este viejo va con mascarilla” y risitas. Efectivamente ya tengo mi edad y peino canas.

Pero como no puedo sacudirme el rol de educador se me ocurrió volverme hacia el lugar de donde había partido la voz y decir:

  • “Deberíais tener un poco sentidiño”.
  • Respuesta de una adolescente de no más de dieciséis años: “Yo siento mucho”
  • “No, lo que os digo es que tengáis un poco de sentido (llevándome un dedo a la frente), ¿entiendes?”
  • «Me estas llamando loca, porque allí esta mi madre y es abogada.»
  • La miro, me sonrío y le digo «pues nos veremos en los tribunales.»

Entonces una amiga, o lo que fuera, le dice: «oye que el señor tiene razón que nos pueden poner una multa por no llevar mascarilla.»

  • “No jodas, tia”, respuesta de mi interlocutora.

Se vuelve para mi y le digo: “pues eso, sentidiño”

Me habían abierto camino y yo seguí para buscar mi coche. Antes de coger el ascensor de bajada miré hacia donde estaban y algunos, pocos, se habían puesto la mascarilla.

No, el COVID-19 no está vencido y el futuro no es muy halagüeño. Pues eso, sentidiño. Esto no está terminado, aunque haya cantos de sirena de cierta normalidad

#VenceremosNos

Dar a entender

«Sometido a test de laboratorio» «Indicado por expertos», …

Son palabras que nos inspiran confianza, pero dichas en un contexto determinado puede que no indiquen absolutamente nada o por lo menos algo de lo que nosotros «creemos imaginar».

El lenguaje de la propaganda está lleno de estos pequeños trucos que juegan con nuestras aspiraciones hay quien «caritativamente» nos está vendiendo la moto porque son palabras que nos inspiran confianza. Y nosotros aceptamos lo que nos dicen sin examinar nada de lo que realmente nos están contado.

Es posible que haya algún experto detrás de lo que nos están vendiendo, pero a lo mejor no es un experto del campo del producto, por ejemplo puedo ser doctor en educación y si salgo expresándome de la «sociología del mus» y me ponen solo que soy doctor, no están mintiendo, soy doctor, pero de sociología del mus entiendo lo que puede entender el «lucero del alba».

Pasa también con las encuestas que nos dicen lo que quieren que digan sin darnos la ficha técnica.

Y en cuanto a productos de alimentación, belleza, etc. no solo estamos comprando el producto en sí, sino también la ilusion que no es nocivo, sino incluso necesario para nuestra «vida».

Por eso es importante hacernos preguntas a la hora de comprar cualquier mercancía… porque los expertos son, como dice un buen amigo, «tipejos que vienen de fuera».

Para los padres, cuando nuestros hijos nos piden salir a algún sitio y nos dicen que somos malos padres porque los padres de fulanito o menganito los dejan salir… Ya sabéis lo que significa «dar a entender».

Buen Trabajo

1 2 3 5