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Durante un tiempo he estado trabajando junto con una religiosa extremadamente escrupulosa que mantenía una situación de la que, en principio, parecía no poder salir. Y entonces me he acordado de Dyer. El pasado ya pasó, el futuro vendrá, pero el presente está aquí.

“La culpabilidad no es sólo una preocupación por el pasado; es la inmovilización del momento presente en aras de un suceso del pasado. Y el grado de inmovilización puede abarcar desde una pequeña incomodidad hasta una severa depresión. Si simplemente estás aprendiendo lecciones de tu pasado, y prometiéndote evitar la repetición de algún comportamiento específico, eso no se llama culpa. Experimentas culpabilidad sólo cuando este sentimiento te impide actuar ahora porque antes te comportaste de una cierta manera. Aprender de tus equivocaciones es una parte sana y necesaria de tu crecimiento y desarrollo. La culpabilidad es malsana porque gastas inútilmente tu energía en el presente sintiéndote molesto y deprimido a causa de un acontecimiento ya histórico. Y eso es tan inútil como malsano. No hay culpabilidad por grande que sea, que pueda resolver un solo problema.”

Dyer, W.

Hace un tiempo escribí una entrad en un blog que a día de hoy permanece inactivo , hoy la rescato tal cual después de estar hablando con una compañera de despacho y la situación de uno de sus clientes.

Este episodio fue tratado en los grupos de Supervisión de Casos (1) que llevamos realizando más de diez años. Los nombres y alguna de las situaciones han sido cambiadas. Relato el tema

En uno de los últimos grupos de Supervisión de Casos, se planteó una cuestión que quedó pendiente. Debatíamos de la importancia del grupo de referencia de un joven había sido “expulsado – abandonado” del grupo parroquial al que pertenecía.
Brevemente, la situación era como sigue:
Javier, 21 años, es un brillante estudiante de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Zaragoza. De hecho cursa los estudios de Filosofía que comparte con el último año de Magisterio. Es activista de un grupo parroquial en una parroquia del Centro de Zaragoza.

Ha tenido novia hasta hace unos cuatro meses, pero se han dado “un tiempo”. La novia también es una de las lideres del grupo parroquial.

Últimamente se encuentra raro: se ha vuelto taciturno, con algunos brotes de rabia, a veces incontrolada, cuando menos se lo espera, cuando hasta hace bien poco era un “chico modelo que no daba para nada que hablar, siempre dispuesto para todo”.
Su madre le ha pedido que vaya a una psicóloga, que ella conoce, puesto que ella misma ha sido de gran ayuda para superar un “bache” que había tenido. Han mantenido cuatro sesiones y en todas ellas Javier, llega, se sienta, baja la cabeza y apenas habla, es la psicóloga quien pregunta y él responde, a veces, con monosílabos.

La persona que presenta esta situación es una alumna en prácticas que está con esta psicóloga, le ha permitido presentar la situación porque ella siente que no puede llegar a él, en este momento, “que hay algo que se le escapa”, y quiere ver si en el grupo de Supervisión podemos darle algunas pistas que le ayuden a poder mejorar su intervención.

Después de varios comentarios e ideas muy provechosas, y estando a punto de concluir, un integrante del grupo dijo en voz alta: “el síndrome de Urías”, …

Nos comentó que en una ocasión había leído algo al respecto, pero que no se acordaba mucho de aquello, pero que este caso le había vuelto a recordar aquella lectura. El resto del grupo no habíamos hablado para nada del tema religioso, pero recordando algunas cosas, le dije que podríamos enfocar la situación también teniendo en cuenta este hecho.

¿Quién fue Urías? La historia se recoge en el Antiguo Testamento. El rey David, estaba apasionadamente enamorado de la mujer de Urías, había mantenido relaciones con ella y esta esperaba un hijo suyo.
Urías era un general, muy fiel, del ejercito de David, era hitita (un extranjero en el ejercito, un mercenario, podríamos decir). David le ordenó ir en la primera línea de la batalla y mandó a los oficiales y soldados que en un momento determinado, lo abandonasen en el campo de batalla, y así el enemigo lo matase.

Si alguien ha visto la película 300 comprenderá que eso significaba la muerte segura, porque los soldados, en aquel tiempo, dependían unos de otros de tal manera, que perder a uno de ellos, era perder la protección total.

No sabemos lo que pasaría por su cabeza, en el momento de quedarse solo frente al enemigo, supongo que una mezcla de sentimientos se habría apoderado de él: confusión, incomprensión traición, temor, …

Así que propusimos que se explorara esta parte de la vida de Javier, su grupo de referencia, de la que no sabíamos nada. Puesto que puede que una crisis personal y/o espiritual le esté sobrevolando, lo mismo que a muchos otros cristianos o pertenecientes a grupos de diversas confesiones, fundamentalmente religiosas, esta situación esté en su vida.

Y ocurre, a menudo, que al buscar apoyo, ayuda, en los grupos (eclesiales, en este caso), no la encuentran. Y no solo eso, sino que se encuentran con incomprensión, marginados, … rechazados, abandonados por aquellos que más esperaban ayuda.
Hemos propuesto que se explore esta parte de la historia de Javier y ver la importancia que tiene en él esta parte de su historia personal. Y, al mismo tiempo, la posibilidad de ayudarle en encontrar caminos para la independencia y autonomía.

(1) Para más información de estos grupos puedes ponerte en contacto con Ester Claver, en Huesca: Plaza Inmaculada 2, 1E of. 3. CITA PREVIA: 629 819 714

Y en Zaragoza con Luis Vilas. CITA PREVIA: 691 033 965

La verdad es que con todo este ajetreo que llevamos se me han ido pasando cosas interesantes que comentar. Un amigo mío, sacerdote, me escribió el otro día sobre las distintas aportaciones que estoy haciendo en la red con esto de "Cataluña".

Copio algunos post de unos y de otros, retuiteo algunas cosas que pueden provocar, escribo alguna cosa: #MendezDevuelvelosBienesYA, y mando al espacio documentos que de una u otra manera deseo que generen al menos un poco de reflexión.

Este amigo echaba en falta que no hubiese comentado nada de la Declaración de los Obispos del 27 de septiembre, sobre este tema. Pues bien, recojo el guante y comienzo primero poniendo la Declaración de la Comisión Permanente (del Episcopado) ante la situación de Cataluña (enlace a la página de la CEE)

  1. Ante la grave situación que se vive en Cataluña, con gran preocupación en el resto de España, los obispos queremos en primer lugar hacer nuestros los deseos y sentimientos manifestados recientemente de forma conjunta por los obispos con sede en el territorio de Cataluña, auténticos representantes de sus diócesis.
  2. En especial invitamos a la oración por quienes en este momento difícil “tienen la responsabilidad en el gobierno de las diferentes administraciones públicas, de la gestión del bien común y de la convivencia social”, a fin de que todos seamos guiados “por la sensatez, y el deseo de ser justos y fraternos”, y con responsabilidad “avanzar en el camino del diálogo y del entendimiento, del respeto a los derechos y a las instituciones y de la no confrontación, ayudando a que nuestra sociedad sea un espacio de fraternidad, de libertad y de paz” (Comunicado. Obs. Cataluña. 20-9-2017).
  3. En estos momentos graves la verdadera solución del conflicto pasa por el recurso al diálogo desde la verdad y la búsqueda del bien común de todos, como señala la Doctrina Social de la Iglesia. El papa Francisco nos indica que “es hora de saber cómo diseñar, en una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una sociedad justa, con memoria y sin exclusiones” (Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, n. 239).
  4. Para hacer posible este diálogo honesto y generoso, que salvaguarde los bienes comunes de siglos y los derechos propios de los diferentes pueblos que conforman el Estado, es necesario que, tanto las autoridades de las administraciones públicas como los partidos políticos y otras organizaciones, así como los ciudadanos, eviten decisiones y actuaciones irreversibles y de graves consecuencias, que los sitúe al margen de la práctica democrática amparada por las legítimas leyes que garantizan nuestra convivencia pacífica y origine fracturas familiares, sociales y eclesiales.
  5. Como ya hemos señalado los obispos, en otra ocasión también difícil para nuestra convivencia democrática y pacífica, “es de todo punto necesario recuperar la conciencia ciudadana y la confianza en las instituciones, todo ello en el respeto de los cauces y principios que el pueblo ha sancionado en la Constitución” ( XXXIV Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española. 28-2-1981).
  6. Por último, reiterando nuestra llamada a la esperanza y la plegaria a Dios, a la serenidad y entendimiento, ofrecemos nuestra colaboración sincera al dialogo en favor de una pacífica y libre convivencia entre todos.

Madrid, 27 de septiembre de 2017

La primera expresión que se me viene a la mente es. ¡la gallina!.

"...a fin de que todos seamos guiados “por la sensatez, y el deseo de ser justos y fraternos”, y con responsabilidad “avanzar en el camino del diálogo y del entendimiento, del respeto a los derechos y a las instituciones y de la no confrontación, ayudando a que nuestra sociedad sea un espacio de fraternidad, de libertad y de paz”

Veamos, un grupo de curas y sus feligreses montan en la celaebración de la eucaristía dominical el recuento de unas cajas con papeles diciendo que son urnas y los votos de unas "elecciones". Un obispo hace como que vota y se va de juerga a unas mesas donde aparece una cosa que unos han llamado "urna" (más bien un cubo para meter libros, ropa, papeles, lápices, etc.). Sensatez parece poca.

Deseo de ser justos y fraternos, y resulta que han echado de las iglesias a la gente que no comulga con el dios de la independencia (vease alguna iglesia con la bandera separatista, que no de Cataluña).

¿Respeto a los derechos y a las instituciones? Monseñores que proclamaron (ahora no se sabe si o no) una República en contra de la legalidad vigente y contra la libertad de más de la mitad de los catalanes, y la fraternidad ¿es acoger sólo a los de un lado?

En estos momentos graves la verdadera solución del conflicto pasa por el recurso al diálogo desde la verdad y la búsqueda del bien común de todos

Muy bien señores obispos aquí me dan uds. la respuesta que les solicitaba. ¿Pero le han pedido a los obispos de cataluña incluido a Juan Jose Omella (aragonés) que se planteen, al menos, la fraternidad y el acogimiento a todas las personas de Cataluña?. Y en cuanto al diálogo será si hay voluntad para dialogar y escoger al mediador (y si este acepta). El papa Francisco dijo algo a este respecto ¿verdad?

Y lo mejor viene el punto cuatro. ¿Reconocen a España como tal? ¿entienden lo que significa ser ciudadano de un país en concreto?. Se habla del derecho de los pueblos (¿a cuál? ¿al que conculca los derechos de los individuos, en cuanto ciudadano y no subdito?. Claro que esto me recuerda a una historia que leí hace tiempo sobre Pio cierto cardenal austriaco que tras la "democrática" anexión de Austria por parte la Alemania nazi, escribió una carta junto con los obispos agradeciendole a Hitler el mejoramiento "de las clases menos favorecidas" y ordenando replicar las campanas de todas las iglesias de Austria. ¿A qué esto también suena que se hizo en Solsona, por orden de su "extravagante" obispo (1)?.

En fin, han intentado poner una vela a Dios y otra al diablo, y parece que lo han conseguido.

Me duele sobremanera porque a alguno de los obispos que hoy componen la Conferencia Episcopal los he tratado a lo largo de mi vida y conozco que alguno en concreto se ha echado las manos a la cabeza. Creo, con todo respeto, que es hora de reflexionar, de volverse hacia uno mismo y buscar el bien comun, en tanto y cuando sea un compartir y no un dividir.

PD

Me quedan más cosas en el tintero y volveré sobre ello.

 

(1) Con vistas al 1 de Octubre de 2017, Novell, obispo de Solsona, animó a los párrocos a repicar las campanas para “despertar a todo el mundo y anunciarles que ha llegado el día de la libertad“.

 

Hace tiempo recopilé el discurso dado por el papa San Juan XXIII, quería haberlo editado para el 11 de Octubre, pero las circunstancias mandan y no he podido hacerlo hasta ahora. No puedo decir de donde lo saqué, probablemente de la Web del Vaticano o de alguna otra web que beba de sus fuentes. O es posible que lo haya hecho del libro de los Agasso: Papa Giovanni XXIII. Edizioni San Paolo s. r. l. Milan. Italia (creo que hay una edicción en castellano).

Alla por el jueves 11 de Octubre de 1962, al anochecer, más de cien mil personas se reunieron en la plaza de San Pedro del Vaticano. Se acababa de inaugurar el Concilio Vaticano II, unos días antes Rusia y EE.UU. pudieron crear el mayor holocausto nuclear conocido, a causa de los misiles en Cuba.

Por lo que se cuenta el Papa, estaba muy cansado, y aunque el rio de gente era incesante, en un primer momento no quiso salir al balcón, hasta que su secretario personal le pidió que se asomara al balcón, en ese momento y ante lo que estaba viendo, se asomó y vió la luna en toda su plenitud. Y realizó un discurso "no preparado" , desde el corazón como a él le gustaba hacer. Helo aquí

Queridos hijitos, queridos hijitos, escucho vuestras voces. La mía es una sola voz, pero resume la voz del mundo entero. Aquí, de hecho, está representado todo el mundo.

Se diría que incluso la luna se ha apresurado esta noche, observadla en lo alto, para mirar este espectáculo. Es que hoy clausuramos una gran jornada de paz; sí, de paz: “Gloria a Dios y paz a los hombres de buena voluntad” (cf. Lc 2,14).

Es necesario repetir con frecuencia este deseo. Sobre todo cuando podemos notar que verdaderamente el rayo y la dulzura del Señor nos unen y nos toman, decimos: He aquí un saboreo previo de lo que debiera ser la vida de siempre, la de todos los siglos, y la vida que nos espera para la eternidad.

Si preguntase, si pudiera pedir ahora a cada uno: ¿de dónde venís vosotros? Los hijos de Roma, que están aquí especialmente representados, responderían: “¡Ah! Nosotros somos vuestros hijos más cercanos; vos sois nuestro obispo, el obispo de Roma”.

Y bien, hijos míos de Roma; vosotros sabéis que representáis verdaderamente la Roma caput mundi, así como está llamada a ser por designio de la Providencia: para la difusión de la verdad y de la paz cristiana.

En estas palabras está la respuesta a vuestro homenaje.

Mi persona no cuenta nada; es un hermano que os habla, un hermano que se ha convertido en padre por voluntad de nuestro Señor. Pero todo junto, paternidad y fraternidad, es gracia de Dios. ¡Todo, todo!

Continuemos, por tanto, queriéndonos bien, queriéndonos bien así: y, en el encuentro, prosigamos tomando aquello que nos une, dejando aparte, si lo hay, lo que pudiera ponernos en dificultad.

Fratres sumus! La luz brilla sobre nosotros, que está en nuestros corazones y en nuestras conciencias, es luz de Cristo, que quiere dominar verdaderamente con su gracia, todas las almas.

Esta mañana hemos gozado de una visión que ni siquiera la Basílica de San Pedro, en sus cuatro siglos de historia, había contemplado nunca.

Pertenecemos, pues, a una época en la que somos sensibles a las voces de lo alto; y por tanto deseamos ser fieles y permanecer en la dirección que Cristo bendito nos ha dejado. Ahora os doy la bendición. Junto a mí deseo invitar a la Virgen santa, Inmaculada, de la que celebramos hoy la excelsa prerrogativa.

He escuchado que alguno de vosotros ha recordado Éfeso y las antorchas encendidas alrededor de la basílica de aquella ciudad, con ocasión del tercer Concilio ecuménico, en el 431. Yo he visto, hace algunos años, con mis ojos, las memorias de aquella ciudad, que recuerdan la proclamación del dogma de la divina maternidad de María.

Pues bien, invocándola, elevando todos juntos las miradas hacia Jesús, su hijo, recordando cuanto hay en vosotros y en vuestras familias, de gozo, de paz y también, un poco, de tribulación y de tristeza, acoged con buen ánimo esta bendición del padre. En este momento, el espectáculo que se me ofrece es tal que quedará mucho tiempo en mi ánimo, como permanecerá en el vuestro. Honremos la impresión de una hora tan preciosa. Sean siempre nuestros sentimientos como ahora los expresamos ante el cielo y en presencia de la tierra: fe, esperanza, caridad, amor de Dios, amor de los hermanos; y después, todos juntos, sostenidos por la paz del Señor, ¡adelante en las obras de bien!

Regresando a casa, encontraréis a los niños; hacedles una caricia y decidles: ésta es la caricia del papa. Tal vez encontréis alguna lágrima que enjugar. Tened una palabra de aliento para quien sufre. Sepan los afligidos que el papa está con sus hijos, especialmente en la hora de la tristeza y de la amargura. En fin, recordemos todos, especialmente, el vínculo de la caridad y, cantando, o suspirando, o llorando, pero siempre llenos de confianza en Cristo que nos ayuda y nos escucha, procedamos serenos y confiados por nuestro camino.

A la bendición añado el deseo de una buena noche, recomendándoos que no os detengáis en un arranque sólo de buenos propósitos. Hoy, bien puede decirse, iniciamos un año, que será portador de gracias insignes; el Concilio ha comenzado y no sabemos cuándo terminará. Si no hubiese de concluirse antes de Navidad ya que, tal vez, no consigamos, para aquella fecha, decir todo, tratar los diversos temas, será necesario otro encuentro. Pues bien, el encontrarse cor unum et anima una, debe siempre alegrar nuestras almas, nuestras familias, Roma y el mundo entero. Y, por tanto, bienvenidos estos días: los esperamos con gran alegría.

Puede verse en Youtube (aquí)

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