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¿En qué consiste la psicoterapia de niños y adolescentes? ¿En qué puede ayudar a tus hijos? En este vídeo te lo explicamos.

Si necesitas ayuda puedes contactar con nosotros

Durante un tiempo he estado trabajando junto con una religiosa extremadamente escrupulosa que mantenía una situación de la que, en principio, parecía no poder salir. Y entonces me he acordado de Dyer. El pasado ya pasó, el futuro vendrá, pero el presente está aquí.

“La culpabilidad no es sólo una preocupación por el pasado; es la inmovilización del momento presente en aras de un suceso del pasado. Y el grado de inmovilización puede abarcar desde una pequeña incomodidad hasta una severa depresión. Si simplemente estás aprendiendo lecciones de tu pasado, y prometiéndote evitar la repetición de algún comportamiento específico, eso no se llama culpa. Experimentas culpabilidad sólo cuando este sentimiento te impide actuar ahora porque antes te comportaste de una cierta manera. Aprender de tus equivocaciones es una parte sana y necesaria de tu crecimiento y desarrollo. La culpabilidad es malsana porque gastas inútilmente tu energía en el presente sintiéndote molesto y deprimido a causa de un acontecimiento ya histórico. Y eso es tan inútil como malsano. No hay culpabilidad por grande que sea, que pueda resolver un solo problema.”

Dyer, W.

Propongo que podemos llamar totalitario a un poder cuando: a) ejerce presión sobre la voluntad y las acciones de los sujetos; b) cuando es ineludible, es decir, que los sujetos son afectados por él; c) cuando es omnipresente, en otras palabras, cuando su influencia no se limita a una u otra área de la vida social sino a todos sus aspectos; y d) cuando es difícil o casi imposible criticarlo y luchar contar él.

Rosa, H(2016): Alienación y aceleración. Hacia una teoría crítica de la temporalidad en la modernidad tardía. Katz Editores, Buenos Aires, Argentina

No, no es un nuevo juego, ni tampoco la actualización de un juego conocidísimo. Son acrónimos que han caído en mis manos revisando temas de acción investigación.

Lo qué son las TIC, todos la menejamos en mayor o menor medida: Tecnología de la Información y de la Comunicación. La cosa comienza a ponerse un poco más complicada cuando hablamos de TAC.

El documento no se refería a Tomografía Axial Computerizada, con que se denomina un método de exploración radiológica que permite el estudio de un órgano, especialmente el cerebro, desde distintos planos. El articulo en cuestión estaba hablando de: Tecnologías del Aprendizaje y el Conocimiento. Si, así como suena. Básicamente lo que se trata con esto, siguiendo a la autora del mismo, es que tanto el profesor como el alumno sean orientados hacia unos usos "más formativos" con el objetivo de aprender más y mejor, por lo tanto es "incidir" en los usos de las diversas tecnologías, yendo más allá de manejar con soltura las distintas herramientas informáticas

¿Y qué es el TEP?. Llegados a este punto y movido por la curiosidad encontré una página más explicativa que el documento precedente. Las T.E.P. son: Tecnologías de Empoderamiento y Participación

Copio de la página:

Según Elio Fernández Serrano, profesor y licenciado en educación en Cs. Sociales de la Universidad de Santiago, Chile (Usach), y experto Universitario en E-learning: Diseño para la formación en Internet y Master en eLearning y tecnologías para el aprendizaje por internet de la Universidad de Sevilla, España, las TEP son "aquellas Tecnologías que son aplicadas para fomentar la participación de los "ciudadanos" en temas de índole político o social generando de esta forma una especie de empoderamiento y concientización de su posición en la sociedad que se traduce en expresiones de protesta y/o acción pública. La palabra empoderamiento nos habla de Poder, de cómo la ciudadanía asume su posición dentro del sistema político como fuente y poseedora del Poder en todo el sentido de la palabra."

Así que he aquí un nuevo argumento para manejar las herramientas de las tecnologías de la información y del conocimiento.

Acabo de hacer una entrada en mi muro de Facebook sobre la cuestión del ocio de algunos de los jóvenes de la ciudad de Zaragoza.

Para aquellos que me seguís sabéis mi trabajo con familias y con jóvenes, que yo cariñosamente llamo "cabroncetes". Familias y jóvenes con dificultades de todo tipo y que mi trabajo primero es intentar la mayor "normalización" posible de sus situaciones. Todos tenemos trayectorias vitales que en momentos determinados pueden ser descendentes debidas a las múltiples variables que pueden intervenir en nuestra vidas. Por eso es tan importante la red de solidaridad formal e informal a la que puedas pertenecer. Pero últimamente están surgiendo dificultades donde menos las esperas: aquellas personas que tendrían que poner el aceite para que las puertas de la ayuda se abriesen. Parece que les gusta poner un poco de arena en los goznes.

En esos momentos de desanimo tiro de mi vieja compañera de reflexiones: Concepción Arenal y de pronto veo, como si no hubiese cambiado apenas nada. Hoy os dejo la carta quinta de las Cartas a un obrero (podéis leerla aquí)

Que la llaga que conviene curar es el pauperismo, el cual no es cosa nueva ni calamidad creciente
Apreciable Juan: Persuadirte que no debes recurrir a la violencia, porque a nadie perjudica tanto como a ti; desarmar, no solamente tu brazo del hierro homicida, sino tu ánimo del odio y la pasión, que no deja ver con claridad las cosas; comprender que la pobreza, ni se debe temer, porque no es un mal, ni se puede evitar, porque es de ley económica, y dar a la moral la importancia que tiene en la prosperidad de los pueblos, porque es cierto lo que alguno ha dicho, que la virtud es un capital; estos puntos, tratados aunque brevemente en mis anteriores cartas, forman una especie de introducción que juzgo necesaria al asunto que nos ocupa, y en el que podemos hoy entrar de lleno preguntándonos: ¿Qué llaga social debemos curar?
Nuestra respuesta está dada de antemano: el grave mal que hemos de combatir es la miseria física y moral; la miseria, que, cuando es permanente y generalizada en una clase numerosa de un pueblo culto, se llama PAUPERISMO.
Dícese que el pauperismo es un fenómeno de nuestra civilización, que antes había pobres, pero que no había pauperismo. Importa mucho saber si es cierto, porque, a ser verdad, sería la más desconsoladora.
En los pueblos primitivos, que viven de la caza y de la pesca, todos los individuos son miserables; el pauperismo es la condición social: el pobre inglés socorrido por su parroquia, que recibe entre otras cosas té y azúcar, sería allí un potentado, y una gran fortuna la cama de un hospital, que es hoy la mayor desdicha. Si en los pueblos salvajes la miseria es permanente y general, ¿cómo se dice que no se conoce en ellos el pauperismo?
La sociedad da un paso más; se hace pastora, y agricultora después. En vez de inmolar en la guerra a todos los prisioneros, reserva algunos, o muchos; los hace esclavos y los dedica a guardar los rebaños, a cultivar la tierra, etc.; a todas las labores penosas. Se ha dicho y repetido no ha mucho por un hombre de superior talento que la esclavitud es preferible al proletariado. Si fuera posible desear que hubiera un solo esclavo en el mundo, habríamos deseado que arrastrase la cadena quien tal afirma, y no tardaría en retractarse solemnemente. Entre los esclavos, como entre las bestias de carga, no hay pauperismo, hay inmolación, sucumbe el niño por falta de cuidados, la mujer y el hombre enferman y envejecen antes de tiempo por exceso de fatiga, y se abandona de derecho al anciano en una isla para que perezca allí, o de hecho se le deja morir cuando ya no sirve para nada.
Hay progreso. El esclavo se convierte en siervo; disfruta una especie de libertad, que puede compararse con la del pájaro en su jaula: tiene algunos movimientos libres en la tierra de que no puede separarse, y que cultiva para su señor, el cual le impone las condiciones más duras y más humillantes. La sociedad feudal se ha pintado por algunos con los más halagüeños colores. Para asunto de novelas, era bella, y un innegable progreso, comparada con la que la precedía; pero el que desapasionadamente busca la verdad en la historia, ve rapiñas, violencias y miserias, y ve el pueblo siervo, poco menos desdichado que el pueblo esclavo.
Esos señores que en su castillo eran la providencia de sus vasallos, son sueños de poetas: la realidad es que expoliaban y eran opresores, y esto se ve claro en las amonestaciones de los Papas y Concilios, cuya repetición revela la ineficacia; en las leyes, tanto civiles como criminales, diferentes según se aplicaban a los ricos y los pobres, y tan injustas y crueles para éstos; y en la miseria, que no se tomaba en cuenta por el desdén que inspiraban los que la padecían, pero que se revelaba en proporciones horrendas, cuando algún desastre venía a ponerla de manifiesto.
La brevedad con que me he propuesto escribirte, Juan, no me permite citarte aquí textos de leyes, resoluciones de Concilios y de Papas, ni relatos de historiadores; voy, no obstante, a copiarte lo que dice uno describiendo los horrores del hambre en esos siglos en que dicen que no habíapauperismo.
«El género humano parecía amenazado de una próxima destrucción; los elementos furiosos, instrumentos de la venganza divina, castigaron la insolencia de los mortales. Los grandes, como los pobres, estaban pálidos de hambre; la rapiña no era ya posible en la penuria universal. Pero entonces se vieron otros horrores. Los hombres devoraban la carne de los hombres: ya no había seguridad para los viajeros; los desdichados que huían del hambre eran devorados por los que los hospedaban; hasta se desenterraban los cadáveres. No tardó en ser como una costumbre recibida alimentarse con carne humana, que se vendía en el mercado.» Glaber, de cuya crónica tomo esto, refiere que él asistió a la ejecución de un hombre que había degollado CUARENTA Y OCHO personas para comérselas.
Esto nos parece hoy imposible, y estamos dispuestos a calificarlo de invención; pero si cuidadosamente estudiamos la penuria y la dureza de los tiempos feudales, un hambre de tres años, que es la que describe Glaber, debería dar lugar a los horrores que refiere, y que prueban el estado miserable de una sociedad que a tales extremos se ve reducida. ¿No habría pauperismo en pueblos donde eran grande la miseria, grande la opresión, desigualmente distribuida la riqueza, y donde la propiedad constituía un privilegio a que en va no aspiraba el que al nacer no había sido favorecido por la fortuna, por más que fuera inteligente y trabajador? El gran número de hospitales, hospicios y demás fundaciones benéficas debidas al espíritu cristiano, prueban la falta que hacían; y la despoblación de los países en que había esclavos y siervos, prueba que allí la miseria era general, y que había pauperismo. Lo que no había era derecho ni aliento para quejarse; lo que no había eran entrañas en la sociedad para conmoverse con los quejidos. Nadie tomaba en cuenta la miseria del esclavo, del siervo; en ella moría; su silencio era uno de los derechos del señor y todo grito se sofocaba en la sangre del que lo había dado.
En medio de la obscuridad en que queda la suerte de los miserables en los pasados siglos, hay algunas ráfanas de luz en la historia, al través de las cuales pueden vislumbrarse sus dolores. Las insurrecciones armadas y repetidas de muchos miles de mendigos; la frecuencia con que las asambleas se ocupaban en la mendicidad; las leyes para extirparla, crueles hasta el punto de imprimir al mendigo vagabundo las penas de palos, exposición, mutilación, y hasta el último suplicio: estos hechos generalizados, ¿no prueban claramente la existencia del pauperismo? Cuando el legislador se arma de tal modo y se ocupa con tal frecuencia de un mal, ¿no es prueba evidente de que está generalizado y es profundo?
Ahora, sean mil veces gracias dadas a Dios y a los hombres buenos, ahora los pobres se quejan, y sus ayes hallan eco en los corazones de las personas bien acomodadas; ahora, los que por su posición social están lejos de la miseria, se acercan a ella por los sentimientos de su corazón, cuentan sus víctimas, lloran sus dolores, investigan sus causas, buscan para ellas remedios, y levantan muy alto la voz, ya dolorida, ya indignada, para pronunciar un terrible memento. Se han escrito miles de libros en estos últimos tiempos gimiendo sobre la miseria, poniéndola de manifiesto, procurando combatirla, y las mismas instituciones creadas para aliviarla tienen que contar sus víctimas. El mal se hace notar más, no porque es mayor, sino porque hay quien le investiga y quien le denuncia. Donde no existen médicos, ni medicinas, ni asistencia de ningún género, no se sabe de los enfermos hasta que son cadáveres. No recuerdo qué autor ha dicho que nadie sospecha el número de sordomudos que había en Francia hasta que se han abierto colegios para recogerlos y educarlos. ¿Se dirá que esta enfermedad es moderna, porque hasta ahora los enfermos sucumbían sin que nadie los contase? Algo semejante sucede con todos los desvalidos.
Lo que hoy se considera como el estado más lastimoso: carecer de camisa, de calzado y de cama, era la situación ordinaria de los pobres en esos siglos en que se dice que no había pauperismo. Ahora mismo, cuando en Madrid, por ejemplo, alguna persona caritativa acoge bajo su protección a una familia necesitada, le causa gran pena saber que no tiene sábanas, y uno de sus primeros cuidados es proporcionárselas. No tiene sábanas en la cama, es como decir: Se halla en el último grado de miseria. Mientras así se juzga en la capital, hay en ciertas provincias muchas, muchísimas aldeas y lugares, cuyos vecinos en su mayor parte no tienen sábanas, donde no se las dan a sus servidores las familias regularmente acomodadas, y donde, para encarecer las ventajas de servir en una casa, se dice que da sábanas a los criados. Si se hace una estadística, aparecerá entre los miserables que forman en las filas del pauperismo, el que en la capital recibe de la caridad sábanas, y no el que duerme sin ellas en la aldea.
Este hecho, y otros muchos análogos que pudiera citarte, te hará comprender que la miseria puede existir y existe sin que nadie la compadezca ni hable de ella, ni la note, y que el abatimiento y la resignación del que la sufre, combinados con la indiferencia del que podía consolarla, dan por resultado el silencio de la historia. Alguna vez los miserables, aconsejados por la desesperación, se levantan, luchan y sucumben; hay guerra, pero no hay cuestión social, porque ni derecho se concede a los rebeldes, ni compasión inspiran los vencidos, ni se ve allí más que un caso de fuerza que con la fuerza se vence. Para que las miserias de la multitud sean una cuestión, es preciso que las compadezcan y las sientan los que no son miserables, los que han cultivado su inteligencia, y la llevan como una santa ofrenda al templo del dolor, y se arman con ella para combatir por la justicia. Creo que te lo ha dicho ya, y es posible que te lo vuelva a decir, porque poco importa la monotonía de la repetición, y mucho que no olvides que de las filas de los señores han salido los defensores de los pobres, los que en estudiar los medios de aliviarlos han gastado su vida, o la han sacrificado en el patíbulo y en el campo de batalla.
A medida que ha ido habiendo manos benditas que se presten a curarlas, se han ido revelando las llagas sociales; y como esos niños que se han lastimado y no lloran hasta que ven a su madre, el pueblo no ha empezado a quejarse hasta que la sociedad ha tenido entrañas para compadecerle. Hay un derecho del que nadie te habla, que no está consignado en ningún código, el derecho a la compasión; derecho que, sin proclamarle, invoca el que padece, y que sin reconocerlo sanciona el que consuela; derecho bendito y santo, sin el cual es probable que nunca se hubiera reconocido la justicia de los débiles.
Al sostener que el pauperismo es un fenómeno de nuestra civilización, se citan números, y es, por desgracia, grande el de los que sufren en la miseria; pero aunque en absoluto excediera al de otros tiempos, que no lo creo, siempre sería menor, proporción guardada con el de habitantes, aumentado éste en términos de que unía ciudad cuenta hoy más que había antiguamente en todo un reino. Y no sólo se aumentan con la población los miserables, sino que se agrupan generalmente en las grandes poblaciones, donde su desdicha puede ser más notada.
La mortalidad decrece en términos de que hay pueblos como Londres, donde en poco tiempo ha disminuido una mitad: ¿y se quiere sostener que la miseria aumenta? Es como afirmar que cuatro y cuatro son seis.
Un título de gloria para la civilización se convierte en un capítulo de cargo. Las filas de la miseria están en su mayor parte formadas por ancianos, enfermos, achacosos, niños abandonados; por los débiles, por los que no pueden trabajar, o cuyo trabajo es insuficiente. En los pueblos salvajes o bárbaros nada de esto existe; los débiles sucumben infaliblemente: no hay para ellos miseria, hay exterminio.
Resulta, pues, para mí muy claro, y quisiera que para ti lo fuese también:
1.º Que el pauperismo no es un fenómeno de la civilización, sino una desdicha de la humanidad.
2.º Que la civilización le disminuye en vez de aumentarle, circunscribiéndole más o menos, pero circunscribiéndole siempre a una parte de la sociedad, cuando en el estado salvaje se enseñorea de todo, y en el estado de barbarie muy poco me nos.
3.º Que en la historia no aparece a primera vista con toda claridad y con la extensión que realmente ha tenido, porque sus víctimas sufrían y morían en el silencio, abatidas o resignadas, y vistas con indiferencia por los que debían auxiliarlas; además no se llamaba miseria lo que hoy se califica de tal.
4.º Que habiéndose humanizado el hombre, sintiendo más los que sufren y los que pueden consolar, el miserable se queja bastante alto para que se le oiga; el compasivo repite el ¡ay! doliente, que halla miles de ecos; este dolor, ignorado ayer, se publica hoy, se estudia, se compadece, y hasta se explota, convirtiéndole los fanáticos y los ambiciosos en arma de partido contra los Gobiernos que quieren derribar. Desde que el pueblo ha empezado a llamarse soberano, como todos los soberanos, tiene sus aduladores.
5.º Que habiendo tenido la población un extraordinario incremento, los pobres se han multiplicado también, y agrupándose en los grandes centros, se hacen más visibles.
¿Concluiremos de todo esto que las cosas están muy bien como están; que no hay motivo sino para congratularnos, y que nada resta que hacer? -No, no, mil veces no. El pauperismo, la miseria física y moral, existe en grandes, en horribles proporciones. Que todo el que tiene entrañas la sienta; que todo el que tiene inteligencia piense en los medios de atenuarla; que todo el que tenga lágrimas la llore. Te digo con verdad, Juan, que las mías corren al escribir estas líneas, y obscurecen la luz de mis ojos, pero no la de mi entendimiento, hasta el punto de confundir las cosas, de modo que vea el pauperismo creciente, a medida que crece la prosperidad de las naciones. Esto podrá ser cierto, si acaso, en un momento de la historia, en un país dado y por circunstancias especiales, pero de ningún modo es un hecho general, ni menos una ley económica.
Aflijámonos, sí, aflijámonos profundamente, porque las desdichas de la humanidad son grandes, pero no nos desesperemos creyendo que son cada vez mayores, porque entonces, ¿quién tendrá ánimo para trabajar en combatirlas? Bajo la mano de Dios, o inspirado por Él, mejora el hombre su suerte sobre la tierra; pero las pasiones y los errores oponen de continuo obstáculos a su marcha, y por eso es el progreso tan lento.
Bajo la mano de Dios, te digo, y tú replicarás tal vez: ¡siempre Dios! Siempre, amigo mío. No es mucho que una mujer le invoque, le implore y le sienta, cuando una de las inteligencias más poderosas, y uno de los espíritus más rebeldes, Proudhon, decía: «Estudiando en el silencio de mi corazón, y lejos de toda consideración humana y el misterio de las revoluciones sociales, Dios, el gran desconocido, ha venido a ser para mí una hipótesis, quiero decir, un instrumento necesario de dialéctica

 

 

 

 

Releyendo las páginas sobre la cuestión social escritas por Concepción Arenal, he reparado en la introducción realizada por Tomás Pérez Gónzalez, editor de la obra allá por el 1880:

Lo poco que he escrito y lo no mucho que he realizado para elevar el nivel de las clases obreras por medio del ahorro, del trabajo y de la asociación, y para inclinar el ánimo de las clases acomodadas a cooperar generosamente, como conveniencia y como deber, a esa obra de paz, de progreso y de armonía en el mundo social, todo, repito, si algo vale, es debido en primer término a los saludables consejos de usted y a sus elocuentes escritos.

Dudo que haya nadie que leyéndoles y meditando sobre sus profundos conceptos, deje de sentirse inclinado a imitar el ejemplo de usted y a practicar algo de lo mucho bueno que aconseja en favor de la humanidad.

Me pregunto que dirían hoy estos dos, cuando vemos a trabajadores pobres, que están acudiendo a las instituciones de beneficencia, cuando la dualización de la sociedad se hace cada vez más extrema, cuando la mayoría de las "asociaciones" de trabajadores se han convertido en brazos extensibles de los gobiernos de turno, cuando el ahorro no está bien visto, y el consumos se ha convertido en el nuevo dios con sus altares en los diversos centros comerciales (y a ser posible en las afueras de las ciudades, y estas ya no son espacios donde los ciudadanos puedan construir nuevas formas de entendimiento), cuando el trabajo se hace cada vez más precario, y troceado por pedazos de tiempo, ... No sigo porque la paz sale de mi lado, el progreso se ha ido quedado constreñido a artefactos técnicos que cada vez más nos aíslan, y la armonía queda solo para la música.

Aún con sentimientos de utilizar la fuerza para cambiar todo esto, me acojo al pensamiento areliano y proclamo que:

La fuerza que se sostiene, es porque está sostenida por la opinión, porque es como su representante armado. Si contra ella quiere luchar, cae; si la fuerza apoya injusticias, es porque en la opinión hay errores: rectificarlos es desarmarla.

Por lo tanto seguimos reflexionando, madurando las ideas que transmite Concepción Arenal para poder intentar iluminar parte de la nueva, o vieja, cuestión social.

Gestionar un conflicto puede ayudarnos en otras circunstancias a manejar nuestras habilidades.
Pero lo primero que tenemos que aprender es que debemos asumir nuestras responsabilidades en cada una de nuestras acciones.
Aquí tenemos un material para reflexionar sobre nuestra responsabilidad

He recibido por correo un mensaje que transcribo y que me hace recordar aquello de:

quien olvida la Historia está obligado a repetirla.

Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos... No creo ni en los revolucionarios de nuevo cuño ni en los antediluvianos… La España que aspira a un cambio radical y violento de la política se está quedando, a mi entender, tan anémica como la otra. Han de pasar años, tal vez lustros, antes de que este Régimen, atacado de tuberculosis étnica, sea sustituido por otro que traiga nueva sangre y nuevos focos de lumbre mental.

Benito Pérez Galdós, 1912 La fe nacional y otros escritos sobre España

¿Que hacer si ….?

En este tercer apartado vamos a acercarnos a algunas pistas de actuación cuando nuestros hijos se encuentran en alguno de los lados del triangulo del bullying.  Vamos ir desgranando algunas pistas para poder actuar con PAZ y CIENCIA…

  • No hay diferencias entre colegios públicos, concertados o privados, según el Informe elaborado por la Universidad de Alcalá. En el mismo informe se afirma que uno de cada cuatro alumnos sufre el acoso o la violencia de sus compañeros, sin que se detecten diferencias entre colegios públicos, concertados o privados.
    • El estudio Violencia y Acoso Escolar en España, basado en una encuesta a 25.000 escolares, ha sido dirigido por Araceli Oñate, directora del Instituto de Innovación Educativa, e Iñaki Piñuel, profesor en la Universidad de Alcalá y director del Mobbing Research (Investigación del Acoso). Ambos coinciden en que en los colegios “sigue imperando la ley del silencio”. Porque muchas veces el bullying pasa inadvertido y no se denuncia.  Incluso bajo el amparo de planes o comisiones de convivencia.
  • Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que no existe un manual de actuación que sirva para todo tiempo, lugar o personas. Por lo tanto tendremos que maniobrar con nuestro leal saber y entender. Esta es la primera pista.
  • Segunda idea: Los padres de cualquier niño que esté en una de las posiciones del triangulo del bullying son “los últimos en enterarse”.
    A posteriori, cuando reflexionan sobre la “situación problema”, descubren (o toman conciencia) las “miguitas” que sus hijos le habían dejado a lo largo del camino. Esas “miguitas” son de muchos aspectos y de múltiples formas.

    • Son los padres de niños acosadores los más reticentes a asumir la situación, ya que eso supone reconocer que no conocen a sus hijos.
    • El tiempo pasado con los hijos, y si es de calidad, es el mejor tiempo empleado…
  • También es verdad que para los educadores, la preadolescencia, y las nuevas adolescencias, en un mundo cambiante, nos desconcierta, …
    • Cambios en la familia (pluralidad de fórmulas convivencia y nuevas relaciones de poder).
    • Cambios en las instituciones (dispositivos de autoridad).
    • Las iniciaciones son más tempranas (en la mayoría de los ámbitos de la vida).
    • Mayor autonomía de la familia y los adultos.
    • Prolongación de la vida y modificación en las características del recorrido existencial.
    • Búsqueda de sentido de vida, fragmentación e identidad multicentrada.
    • Reconocimiento y presencia de la dimensión de género en los debates, y planes y programas.
    • El tiempo de los derechos (niñez, juventud, mujer, orientación sexual, adultos mayores, etc.).
    • El cambio es permanente (“sociedad prefigurativa” M. Mead

Todo ello y algunas cosas más, provoca cuando menos perplejidad y en algunos casos, el abandono de tareas educativas.
Para todos los casos que veremos a continuación dos cosas:

  • Tu hijo es tu hijo y por tanto debes quererlo, apoyarlo y hacerle responsable de sus conductas.
  • Tender puentes de comunicación, dejar puertas abiertas, … Jugar a ser uno o el otro, el que se acerque y se separe del hijo o de la hija (y para las familias “monomarentales”, apoyarse en otros adultos significativos, …).
    • Se puede hablar con el hijo o la hija y si este no quiere hablar dejar pasar el tiempo y buscar otros momentos. Protegiendo espacios y momentos en los que no se "interrogue" al hijo.
  • Fiarse de la intuición y no tener miedo a hablar con el hijo o la hija,
    … y pregunta, pregunta, …

¿Cómo deben actuar los padres ante un hijo acosador?

Lo primero que debemos entender es que:

  • Generalmente se trata de chicos muy impulsivos y extravertidos, con facilidad para hacer amigos y formar grupos de afinidad donde, como encuentran mejor manera de destacarse, fomentan la violencia, arma que dominan y emplean para divertimento de su grupo de pertenencia, que le alienta y aplaude por sus actos.
Las razones por las que estos niños son abusadores pueden ser muy diversas, aunque las más usuales son la venganza de padecimientos de violencia que ellos sufrieron o sufren en otros grupos de pertenencia o incluso dentro de sus hogares; la envidia cuando vuelvan su violencia contra el niño listo, el rico, o el más guapo del grupo; aquél que tenga esas características que el reconoce como ventajas y que no tiene ni puede conseguir.
  • En todos los casos son chicos con dificultades para reconocer y expresar los sentimientos propios y ajenos, que se sienten oprimidos, estresados o tienen alguna dificultad que no pueden resolver y no saben cómo llamar la atención de sus progenitores o cuidadores.
Muy a menudo se puede ver a los acosadores merodeando en grupos de niños de menor edad o de inferior porte, donde elige a su víctima y, en ocasiones, a sus cómplices; dado que, al ser más chicos o más débiles, le admirarán más y más rápido que sus pares, entre quienes les costaría mucho más esfuerzo diferenciarse.

¿Qué hacer?

  • Tienes y debes acercarte a tu hijo, habla con él.
  • Relaciónate más con los amigos de tu hijo y observa qué actividades realizan.
  • Una vez que hallas creado un clima de comunicación y confianza con tu hijo, pregúntale el porque de su conducta.

Si comprobaste que tu hijo es un acosador, no ignores la situación porque seguramente se agravará, calmadamente busca la forma de ayudarlo. Si no puedes habla con un profesional (del que te fíes, busca, compara y si encuentras algo, quédate con él o con ella, y sigue lo que te sugiera)

  • Jamás debes usar la violencia para reparar el problema. Violencia genera violencia, ¿donde esta la solución? . Tampoco culpes a los demás por la mala conducta de tu hijo.
  • Nunca dejes de demostrarle amor a tu hijo, pero también debes hacerle saber que no permitirás esas conductas agresivas e intimidatorios, deja muy claro además las mediadas que se tomarán a causa de su comportamiento y en caso de que continúe de esa manera.
    • Apóyate en otros adultos…
    • Lo que le digas tendrá que mantenerse y cumplirse.
  • Según la situación podemos encontrarnos ante un delito… Responsabilizalo de sus comportamientos.

¿Cómo deben actuar los padres ante un hijo acosado?

Recordemos que nos podemos encontrar con las siguientes características:

  • Por lo general se trata de niños tímidos o temerosos de personalidad introvertida que, usualmente son más pequeños, más débiles o torpes que la mayoría de los compañeros.
  • Puede tratarse de niños que pertenecen a alguna minoría dentro de la mayoría del aula, por ejemplo, de género, étnica, social o de preferencias; niños orientales, negros, o con gustos “raros”, por ejemplo un niño que en lugar de jugar fútbol patine o haga danzas o juegue al ajedrez, o sea un “cerebrito informático”.
  • En otros casos, los niños acosados son aquellos que se destacan académicamente y que han sido etiquetados como “nerds” o “tragalibros” y cuyos méritos intelectuales despiertan envidia en el acosador que también quiere destacarse y ser premiado, pero no logra resolver la forma de comunicar y pedir apoyo escolar para alcanzar las metas que lo harían sentirse orgulloso y admirado.Los niños acosados tienen un perfil de “querer esquivar los problemas” y cuando no se puede, soportarlos sin oponerse para que termine rápido, pues tienen gran necesidad de ser aceptados y acceden rápidamente a las demandas del acosador para evitar problemas o “prolongar su sufrimiento”.
  • Estos niños no saben lidiar con las dificultades y suelen creer que la mejor manera de superarlas
    es soportarlas pasivamente
    ,
    hasta que se acaben; cosa que el bribón jamás permitiría que ocurra.

    • Ocasionalmente, los niños acosados pertenecen a grupos culturales o familiares donde la violencia es rechazada, por lo que no se permite responder al maltrato sufrido y bregar porque se termine pronto.
    • Siguiendo la paradoja de la tolerancia de Karl Popper, donde “ser tolerante con un intolerante puede volverlo más intolerante aún”, se llega a que, cualquier actitud que el acosado adopte estará mal y será meritoria de mayor castigo.
    • Tanto si reacciona violentamente, aplicando el “ojo por ojo”, como que trate de “negociar” ofreciendo, por ejemplo, hacerle sus tareas, o que quiera ser racional con el acosador cuyo fundamento de violencia no puede estar más lejos de lo racional, nada detendrá al hostigador ni lo hará cambiar de parecer respecto de su intimidación.
    • En este contexto el que crea un “terreno culturalmente fértil” que no solo admite y permite el accionar de un bribón sino que lo promueve; de hecho si un acosador se va del colegio por cualquier razón, y las condiciones culturales no cambian, surgirá dentro del mismo grupo, otro acosador que, probablemente, sea alguno de los secuaces del primero o bien una de sus víctimas que quiere cobrarse venganza torturando a quienes estuvieron como espectadores de los castigos a que fue sometido.

¿Qué hacer?

  • Fíate de tu intuición.
  • Investiga minuciosamente lo que está ocurriendo, habla, si puedes, con sus compañeros más cercanos, maestros, amigos y familiares.
  • Habla con tu hijo yhazle sentir que puede confiar en ti , así él se sentirá cómodo al hablar contigo acerca de todo lo bueno y lo malo que esté viviendo.
  • Si no se abre contigo o con tu pareja, el abuelo o la abuela, si han ejercido de tales, son “las mejores orejas”.
  • Hablad del tema. Escucha a tu hijo, deja que se desahogue.
  • Si efectivamente comprobaste que lo están acosando, mantén la calma y no demuestres preocupación, el niño tiene que ven en tu rostro determinación y positivismo.
  • Comprométete a ayudar a tu hijo, y muy importante, hazle saber que él no es el culpable de esta situación.
  • No trates de resolver el problema diciéndole a tu hijo que se defienda y tome venganza, esto empeoraría más la situación, es mejor que discutáis como pueden responder asertivamente a los acosadores y practica respuestas con tu hijo.

¿Qué transmitirle?

  • No demuestres miedo, no llores ni te enojes: Eso es lo que el agresor pretende, así que no le des esa satisfacción. Más tarde podrás hablar o escribir sobre tus reacciones y lo que sentiste en ese momento.
  • Si comienza a molestarte no te quedes ahí, sigue caminando y no lo mires, ni lo escuches.
  • Si te insulta o ridiculiza, por ejemplo con frases como: "Eres un gallina", "un miedoso", responde al agresor con tranquilidad y firmeza, di por ejemplo: "No, eso es sólo lo que tú piensas"
  • Aléjate o corre si crees que puede haber peligro.
  • Vete a un sitio donde haya un adulto.
    • Si no quieres hablar a solas del tema con un adulto, pídele a un amigo o hermano que te acompañe.
    • Deja claro al adulto con quien hables del tema que la situación te afecta profundamente.
  • Habla con tus compañeros o amigos lo que te esta pasando.
  • Si sientes que no puedes decir nada a nadie, trata de escribir una carta explicando lo que te pasa. Dásela a un adulto en quien confíes y guarda una copia para ti.
    • La escritura es terapéutica. La “cuentoterapia”.
  • Recuerda que tú no tienes la culpa de lo que te esta pasando.
  • Debes saber que NO estas solo(a), tienes amigos y adultos que te quieren y te cuidan, acércate a ellos seguramente te ayudarán.
  • Piensa que el niño que te agrede tiene problemas, tal vez en casa, por eso actúa de esa manera; no por eso vas a permitir que trate así.
  • Trata a los demás como quieres que te traten a ti y ayuda al que lo necesite, así cuando tú necesites ayuda, te ayudarán.

Si necesitas una ampliación a lo que he escrito aquí puedes escribirme a luis@psicologiadynamis.es, en el mensaje puedes poner dudas sobre acoso

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