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En los talleres de escritura (y lecturas) terapeúticas solíamos hacer un ejercicio que normalmente consistía en buscar una lectura que pudiese ayudar a un o una participante a explicar una situación concreta que a lo mejor le era dificil de narrar en primera persona. Casi todos los alumnos han ido aportando su granito de arena y hoy poseo bastantes narraciones que he ido poniendo, y lo seguiré haciendo, en estas páginas.

Un antiguo alumno me envía la siguiente leyenda, denominada "El barón de Espés", con el siguiente mensaje:

Si sigues con tus recopilaciones aquí te va una leyenda. La mejor explicación de lo que estamos viviendo.

Acepto lo que me envían y como mucho intento averiguar si ha sido editado, y si es así lo cito. Adelante, veamos esta hermosa leyenda y nos preguntaremos: ¿Quién es el Barón de Espés? ¿Y la novicia? ¿Y los monjes? ¿y …? TU YA SABES

Si alguien quiere conocer más de la Ribagorza, puede seguir el enlace.

Comenzamos la leyenda

Ya no juegan al corro en la plaza las niñas de Abella, de Espés o de Alíns. Hace unos cuantos años sí, al salir de la escuela. Mientras los niños, siempre más traviesos, corrían por los campos del contorno buscando nidos de pardales, trepando a los árboles o midiendo sus fuerzas en centenares de juegos, las niñas dejaban en el suelo sus portalibros y sus bolsas de labor y a su alrededor se cogían de la mano para jugar en aquellos corros, llenos de gracia, y desgranaban sus cantinelas, repaso de las leyendas más hermosas que acumuló nuestra historia (“yo soy la viudita del Conde Laurel…”, “Mambrú se fue a la guerra, qué dolor, qué dolor qué pena…”) y sus caritas sonrosadas, debajo de sus cabecitas repeinadas, adoptaban los gestos patéticos que pedía la canción.

Y con frecuencia, poniendo siempre un pellizco de picardía, y evocando otra leyenda antiquísima de nuestra Ribagorza, repetida de generación en generación, entonaban:

Barón de Espés,
Barón de Espés,
a Obarra vas
y a Obarra ves,
pero a Espés
no tornarás més.

Una niña del corro, que había permanecido callada, casi siempre la de trenzas más rubias y ojos más azules, se colocaba en el medio y respondía con voz ahuecada, lo más hombruna que le salía: “A mí, con mi perrita y escopeta, nada me da miedo”:

Yo, la escopeta
y la goseta,
res me fa por.

Ya han pasado muchos años desde la época del Conde Bernardo de Ribagorza, Barón de Espés, y el tiempo se ha encargado de desdibujar sus andanzas y hazañas. Sin embargo la leyenda sigue en pie. Yo la escuché de labios de una abuelica de Castanesa en un atardecer de diciembre, en el hogar, junto a las llama chisporreantes. Me gustó y la guardaba para vosotros:

Pues señor, era cuando los reyes y los príncipe y los duques eran los dueños absolutos de los castillos y los pueblos y sus pobladores, y toda la gente se tenía que plegar a sus caprichos a cambio de un corrusco de pan y un poquito de una muy dudosa protección.

¿Que el señor del castillo se enfadaba con el de otro castillo porque le había insultado diciéndole que él era mejor cazador? Pues sus
aldeanos tenían que dejar su trabajo y sus casas y acudir a luchar contra el que había provocado a su amo y señor.

¿Qué la chimenea del barón se acababan los tizones que forzosamente tenían que arder continuamente? Pues sus súbditos tenían que dejarlo todo para ir a la sierra, al carrascal, a por la leña que él necesitaba.

¿Qué las bodegas del señor se resentían después de una semana dejuerga continua con otros amigos nobles? Pues los campesinos habían de vender posesiones suyas para poder ir a comprar el vino a la tierra baja y rellenar los mermados toneles de la abundante bodega de su amo.

¿Qué la baronesa necesitaba más criadas para mantener su casa como el oro de limpia, porque no era cosa de que ella cogiera ni una sola vez una bayeta? Pues sencillamente señalaba a las mozas que le dictaba su capricho automáticamente pasaban a su servicio, y por supuesto sin recibir nada a cambio.

Así eran los tiempos. Así las costumbres: unos dueños de todo, hasta de la vida de sus súbditos. Y estos, verdaderos esclavos, debían estar siempre al servicio del noble, a todo lo que mandase y ordenase so pena de caer en desgracia del conde, o duque, o marqués que dominaba la comarca. Y caer en desgracia del amo significaba el verse privado de su casa, de las cuatro cosillas que poseía, a veces hasta de su familia. Con frecuencia hasta la muerte.

Uno de estos hombres tiranos y vanidosos era el Barón de Espés. Disponía de sus vasallos a su antojo y creía que con sus generosas
limosnas al Monasterio de Obarra podía comprar su cielo y acallar los rumores disconformes de todo el contorno.

Su orgullo prepotente y su malsana pasión le condujo hasta a poner los ojos en una novicia jovencita de Obarra que hada poco tiempo había entrado en la beatería de junto al Monasterio.

Debía ser preciosa como un rayo de sol y había decidido consagrarse a Dios. Don Bernardo, en cuanto la conoció, empezó a frecuentar cada vez más el monasterio al que hacía regalos y más regalos esperando a cambio conseguir que la novicia se saliera del convento para entregarse a él.

Sus pretensiones significaban, está claro, un desprecio a todo lo sagrado. Pero también suponían no conocer muy bien ni a los frailes del Monasterio ni a sus paisanos. Muy pronto, el descontento de unos y otros hizo causa común.

Se reunieron para estudiar la situación y decidieron todos juntos hacer un escarmiento eficaz en la cabeza ele su señor. Espiaron todos sets movimientos y aficiones, especialmente la caza que le alejaba muchas veces de su castillo para meterse por entre los bosques del contorno.

Y una tarde en que había partido de cacería con la única compañía de sus armas y de su perrita favorita, fue el día señalado para ajustarle las cuentas.

Dicen que una bruja del pueblo, que como todas estaba confabulada con el diablo para hacer el mal corrió (o voló en la escoba) para avisarle del peligro que corría para que huyera o se escondiese. Lo encontró en la borda de Farrás de Espés cuando estaba asando una liebre recién cazada. Allí se disponía a merendar tranquilamente, ajeno a todo lo que se le veía encima.
Y la bruja se puso a cantarle una canción:

Señor de Espés
a Obarra vas
y a Obarra ves
pero a Espés
no tornarás més.

Don Bernardo escuchó el aviso sonriendo despectivamente. ¿Quién podría ser capaz de atentar contra él? Acarició su arma y contestó cantando tranquilamente según una versión antiquísima:

Con la goseta (=perrita) que porto y la espingarda que llevo
no le tendré miedo ni al mismo diablo.

La bruja se marchó enfadada porque no le había hecho caso. El barón terminó de merendar y se volvió hacia su castillo.

Para llegar a él, era necesario atravesar el barranco de Salat … Desde las alturas las gentes de los pueblos de sus dominios empezaron a acosarle a pedradas. La única escapatoria posible era un puentecico muy estrecho sobre el barranco y hacia él se precipitó.

Pero allí lo estaban esperando los frailes del Monasterio que venían con sus perros mastines.

La lucha fue terriblemente desigual. Los mastines, azuzados, se abalanzaron sobre el señor de Espés y de nada le sirvieron ni la goseta ni la escopeta. Allí mismo lo despedazaron.

Cuando se hizo presente la Justicia, nadie sabía nada de nada. Solamente sugerían que tal vez lo habían matado las brujas del Turbón por haber incumplido algún pacto con ellas.

 

Con muy pequeñas variantes creo que fue tomado de: Andolz, R. (2004). Leyendas del Pirineo. Para niños y Adultos. Huesca: Editorial Pirineo.

Comenzamos una serie de cambios en los dos sitios Web que mantengo.

En el http://luisvilas.org se quedarán todas las entradas que tengan que ver con la Gestión Colaborativa del Conflicto y aquellas cuestiones que lo rodean. Y en estas páginas mantendremos las cuestiones que tienen que ver con:

  • Concepción Arenal.
  • Psicoterapia, especialmente de enfoque sistémico.
  • Cuentoterapia.
  • Y pronto una pequeña sorpresa: Una serie de entradas sobre la vida de una persona extraordinaria ...

http://www.aragondigital.es/noticia.asp?notid=152338&secid=6

Este es uno de los cuentos que he visto redactado de muchas maneras, pero que me he quedado con esta forma, que es la que más me gusta

Un aguador transportaba en un palo que apoyaba sobre su cuello dos cántaros, cada uno colgaba de un extremo del palo.  

Todos los días le llevaba agua a su patrón, y siempre recorría el mismo camino. Resulta que uno de los recipientes tenía una pequeña grieta y perdía por ella la mitad de su agua, mientras el otro estaba perfecto y siempre llegaba rebosante del líquido. 

Esto pasó durante más de tres años, y aunque el patrón no se quejaba de que le llevaran menos agua en una de las ánforas,  y tampoco el aguador se lamentaba por el malestar físico que le causaba la descompensación, el cántaro roto habló al aguador:

 

  • Lamento no poder hacer bien mi trabajo, aguador. Estoy avergonzado.
  • ¿Por qué te avergüenzas? -respondió el humano.
  • Porque mientras mi hermano lleva siempre todo el agua a la meta, yo sólo puedo llevar la mitad. Eso hace que tú sufras físicamente y, a la larga, quizá el patrón quiera pagarte menos. Por mi culpa no obtenemos todo el beneficio del esfuerzo…

El hombre le respondió, comprensivo.

  • Mira, mañana, cuando salgamos de nuevo hacia la casa del patrón quiero que te fijes en las cunetas de ambos caminos, verás como te sientes mejor.

A la mañana siguiente, el cántaro observó que en la cuneta de su lado del camino había unas hermosas flores.  Sin embargo, aunque esto le hizo más feliz durante un tiempo, cuando  llegó al destino con la mitad de la carga se sintió triste de nuevo:

  • Son bonitas las flores, pero sigo avergonzado. 

El hombre le respondió:

  • No has comprendido. Solamente hay flores en tu lado del camino, no en el contrario por donde pasa el cántaro lleno. Yo siempre supe que perdías agua, lógicamente, y pude arreglarte, pero preferí sacar provecho de ello. Cuando te rompiste planté semillas en el camino y día a día, tú las has ido regando.  Durante todos estos años he disfrutado del paisaje y ha sido gracias a ti. Además he ido recogiendo las flores cada día y ahora decoran mi casa. Sin ti, todo eso no habría sido posible, mi trabajo sería más árido y mi casa más mustia.

La moraleja la puedes poner tu.

He ido recogiendo por aquí y por allí los beneficios que se reconocen de la cuentoterapia. Ahí va la lista, sin pretender que sea definitiva:

  • Introducen a los pequeños en el mundo de la literatura.
  • Estimulan y guían la imaginación.
  • Pueden desmitificar (reírse de los miedos, “cocos”, por ejemplo).
  • Ayudan a los adultos a establecer una comunicación con su niño interior y a desbloquear, y resolver problemas anclados en la infancia.
  • Fomentan el diálogo con los padres, así como la cultura y la inteligencia emocional.
  • Potencian la creatividad.
  • Ayudan a enfrentarse a las adversidades de la existencia.
  • Inculcan valores necesarios al imprimir las huellas del comportamiento de la conciencia.
  • Ayudan a los niños a adquirir autonomía y madurez a medida que van creciendo.
  • Enseñan hábitos saludables.
  • Si son realmente terapéuticos curan sentimientos negativos o penas interiores (separación de los padres, nacimiento de un nuevo hermanito).
  • Consuelan ante lo irremediable (muerte de seres queridos, ya sean familiares, animales o amigos).

Saádi de Shiraz relata esta historia acerca de sí mismo:
Cuando yo era niño, era un muchacho piadoso, ferviente en la oración y en las devociones. Una noche estaba velando con mi padre, mientras sostenía el Corán en mis rodillas. Todos los que se hallaban en el recinto comenzaron a adormilarse y no tardaron en quedarse profundamente dormidos. De modo que le dije a mi padre:

  •   Ni uno sólo de esos dormilones es capaz de abrir sus ojos o alzar su cabeza para decir sus oraciones. Diría uno que están todos muertos.

Y mi padre me replicó:

  •   Mi querido hijo, preferiría que también tú estuvieras dormido como ellos, en lugar de murmurar.

Hace poco una persona me planteó el siguiente problema:
¿Cuantos psicólogos son necesarios para cambiar una bombilla fundida?
Después de observarle un rato, y sobre todo porque estábamos hablando de su situación personal, respondí:
Uno, lógicamente.
Me miró, y sonrió... Y al cabo de un silencio me dijo: "¡si la bombilla quiere cambiar!" ...

He recibido por correo un mensaje que transcribo y que me hace recordar aquello de:

quien olvida la Historia está obligado a repetirla.

Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos... No creo ni en los revolucionarios de nuevo cuño ni en los antediluvianos… La España que aspira a un cambio radical y violento de la política se está quedando, a mi entender, tan anémica como la otra. Han de pasar años, tal vez lustros, antes de que este Régimen, atacado de tuberculosis étnica, sea sustituido por otro que traiga nueva sangre y nuevos focos de lumbre mental.

Benito Pérez Galdós, 1912 La fe nacional y otros escritos sobre España

He escrito en Facebook algunas frases. Hoy las pongo agrupadas aquí. Espero que ayuden en alguna reflexión.

No pretendas que las cosas ocurran como tu quieres. Desea, más bien, que se produzcan tal como se producen, y serás feliz.

La verdad triunfa por sí misma, la mentira necesita siempre complicidad.

¿Quieres dejar de pertenecer al número de los esclavos? Rompe tus cadenas y desecha de ti todo temor y todo despecho.

Acusar a los demás de los infortunios propios es un signo de falta de educación. Acusarse a uno mismo, demuestra que la educación ha comenzado.

Elige la mejor manera de vivir; la costumbre te la hará agradable.

El hombre sabio no debe abstenerse de participar en el gobierno del Estado, pues es un delito renunciar a ser útil a los necesitados y un cobardía ceder el paso a los indignos.

La envidia es el adversario de los más afortunados.

Un barco no debería navegar con una sola ancla, ni la vida con una sola esperanza.

Así como hay un arte de bien hablar, existe un arte de bien escuchar.

La felicidad no consiste en adquirir y gozar, sino en no desear nada, pues consiste en ser libre.

4- Preguntas sobre puntos de vista y perspectivas
La mayoría de los argumentos se dan desde una posición o punto de vista particular. Ataque entonces la posición para mostrar a los estudiantes que existen otros puntos de vista igualmente válidos.

  • ¿De qué otra manera se podría mirar o enfocar esto.... parece razonable?
  • ¿De qué otras maneras alternativas se puede mirar esto?
  • ¿Podría explicar por qué es esto necesario o beneficioso y a quién beneficia?
  • ¿Cuál es la diferencia entre... y ...?
  • ¿Cuáles son las fortalezas y debilidades de...?
  • ¿Cuál es la similitud entre ... y ...?
  • ¿Qué se podría decir sobre esto ...?
  • ¿Qué pasa si usted compara ... y ...?
  • ¿Qué contra argumentos se podrían usar para ...?
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