Hace doscientos años, en Ferrol…

El título podría parecer el inicio de un cuento, pero la realidad es la conmemoración del nacimiento, hace doscientos años de Concepción Arenal.

Fué el 31 de enero de 1820 cuando nace la primera hija de del matrimonio formado por María Concepción de Ponte y don Ángel del Arenal, miembros de ilustres familias gallegas y santanderinas, respectivamente.

Nueve años después morirá su padre, firme defensor del liberalismo y según alguno de los biógrafos del que aprenderá a luchar por lo que cree más justo y, por supuesto, a mantener sus convicciones con gran firmeza.

Intentar abarcar lo que fue la vida y obra de Concepción Arenal es una tarea ardua, sobre todo si no se quiere poner en boca de la ilustre jurista (sociológa (iniciadora de la sociología de género en España), educadora, …, humanista) algo que realmente ella no quería expresar. Es bien cierto que unos y otros, de ambos lados del pensamiento, pero sobre todo de las ideologías, le han levantado como bandera, para todo tipo de cosas y de causas.

Hoy doscientos años después mi pequeña contribución de hoy es hacerla hablar por medio de una de su obras: La mujer del porvenir. Recomiendo su lectura, ahora tres citas de la obra.

“Si por la falta de educación de la mujer, ella y el hombre son peores y más desgraciados, peor y más desgraciada será la sociedad. La prostitución aumentará a medida de la miseria y la ignorancia de las mujeres, y en la misma proporción aumentarán las enfermedades vergonzosas que degradan las razas y los delitos que llenan las prisiones, porque es muy raro que una mujer pura sea criminal, y que en las grandes maldades de un hombre no entre por algo alguna mujer mala.

La religión, esta poderosa palanca social que debía fortificar a la mujer, queda muchas veces debilitada por ella; al desfigurarla, la desacredita; carece de conocimientos para razonar sus creencias, contesta a los argumentos de los impíos cerrando los ojos y no puede ser, como debía, el lazo entre la ciencia y la fe. La educación es imposible con la ignorancia y la falta de prestigio de la mujer. El catedrático enseña al abogado, al médico o al ingeniero; pero al hombre le educan la madre, la mujer y la hija, porque la educación dura toda la vida. En la práctica de todas las profesiones, de todas las ciencias, entra por mucho, entra por la mayor parte, el elemento moral, la honradez, la elevación de miras, el noble orgullo, el sentimiento. ¿De qué sirve un operador sin conciencia que calcula las ventajas de la operación por los miles de reales que puede valerle? ¿El abogado que defiende todas las causas malas con tal que le paguen en buena moneda? ¿El militar que se rebela por un grado? ¿El notario que da fe de lo que no ha visto, siempre que vea provecho? ¿El farmacéutico que difama o engaña al médico y sacrifica el enfermo por embolsarse íntegro el precio de una droga cara? ¿El ingeniero que arriesga la vida de los viajeros o de los operarios por recibir la gratificación del contratista? ¿El empleado, el hombre político que toma dinero a cuenta de maldades, ni el juez que vende la justicia? ¿Para qué sirve la ciencia a todos estos hombres sino para hacer más repugnante, para hacer inconcebible su degradación?”

“La mujer puede ejercer toda profesión u oficio que no exija mucha fuerza física y para el que no perjudique la ternura de su corazón. Y aun fuerza física tiene la mujer mucha cuando la ejercita, como puede observarse en las comarcas en que se dedican a los más rudos trabajos de la agricultura y a llevar pesos enormes.”

“Si las observamos de cerca, no hay profesión en cuyo ejercicio no entre por la mayor parte, o por mucho, la moralidad del que la ejerce. ¿Y no podría desempeñarlas la mujer, más sensible, más compasiva, más religiosa, más casta, más moral, en fin?”

Recomiendo la lectura directa de la obra, que puede verse en la Biblioteca Virutal “Miguel de Cervantes”: La mujer del porvenir (visitado el 29/01/2020).

Pero sobre todo muy útil la lectura de “La otra mitad del género humano. La panorámica vista por Concepción Arenal (1820-1893)”, de la gran experta en la obra areliana, la profesora María José Lacalzada de Mateo, de la editorial Atenea, ISBN-10: 8474962625.

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