Las Rías Gallegas

Me contaron la leyenda que cuando Dios estaba creando el mundo, ya agotado por la laboriosa tarea, se apoyó en su mano para descansar.
Sin darse cuenta había dejado impresos sus dedos en una tierra del extremo occidental de una península; por efecto de aquella divina huella las aguas comenzaron a entrar, provocando un prodigioso encuentro entre la tierra y el mar que la había fecundado. Y se dice que entonces tomó cariño a aquel lugar que empezó a colmar de riquezas: le concedió fertilidad, abundancia de agua, un paisaje bellísimo y un mar repleto de todas las especies…
Y así nacieron las Rías…
Tengo un amigo que narra la segunda parte de la leyenda y dice así:
Al parecer, ya en los primeros tiempos de la Creación había asesores (como tertulianos de ahora), consejeros y otras clases de envidiosos que empezaron a protestar por el trato privilegiado que el Creador estaba dando a aquella tierra.
Un poco abrumado por las críticas hubo de ceder ante las presiones y, para tranquilizar a tanto opositor a su tarea creadora, les dijo:
Está bien, no se preocupen más, les dijo: ahí voy a poner a los gallegos
Y así lo hizo. Nunca sabremos si se excedió en los dones o en el castigo.

¡Habrá que preguntárselo!

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